
martes, 17 de junio de 2008
COCHE BOMBA EN LA VILLAREAL

Publicado por Martín Roldán Ruiz en 8:07 0 comentarios
Etiquetas: generacion cochebomba, literatura peruana, nueva narrativa peruana, rock subte
viernes, 6 de junio de 2008
¡LA MATARE!
De ellos, varios videos en concierto que he tenido la oportunidad de ver, me di cuenta que justo esa canción, no la tocaban. Pensé que por falta de espacio en el video, porque quizá era la más comercial de todas sus canciones o que simplemente había problemas de derechos de autor. La cosa era diferente.
Según Loquillo, ya no la tocan porque agrupaciones feministas, le pidieron por favor, dejar de hacerlo. No fue una censura o autocensura, fue una decisión responsable de la banda porque en esa canción, basada en un tango, estaba en juego lo que se llama la violencia de género:
Esa canción pertenece al álbum Mi problema con las mujeres, en donde hay varios temas buenos e incluso mejores, como la que cierra el disco y que se titula Los mejores años de nuestras vidas. No es casualidad, entonces, que la única canción conocida por estas tierras machistas sea, La mataré. Pero, para sincerarnos ¿Quién de nosotros no se ha sentido alguna vez identificado con la historia de esa canción? Y no solo por el aspecto sentimental sino también en el amical, laboral, etc.
En el colegio donde laboro, hay una trabajadora que se caracteriza por ser muy mala lengua contra las personas, sobre todo con un compañero que se caracteriza por su humildad. "Cholo feo, mostro de mierda", eran los insultos más tibios de parte de ella, hacia él, que recuerdo. Muchos le aconsejábamos que la mandara a la mierda. “No, es mujer, cómo me voy a meter con ella así”. No faltó uno que lo consideraba un huevo frito. La cosa es que un día ya no la soportó más porque conchudamente, la mujer en mención, le fue a ofrecer una pollada. Se negó y por eso recibió los habituales insultos, con el agregado: ¿Qué te creerás? Olvidándose de su cordura le dijo: “Fuera de acá muerta de hambre”.
Eso bastó para que la mujer se sintiera ofendida hasta las lágrimas y se quejara ante la Directora del maltrato, en su condición de mujer sola y abandonada, que había sufrido por parte del compañero de labores. La directora una tía medio conservadora, dio a entender en la reunión con todo el personal, estar a favor de su par femenino, a pesar de que el supuesto agresor verbal, dio sus motivos, y fue corroborado por todos los demás, que venía siendo insultado durante meses y hasta años. “No, no, no no -dijo la directora- el hombre siempre debe ser hombre y no es de varones insultar a una mujer”. Asunto zanjado, los pobres huevones, mejor dicho los varones teníamos que soportar alegremente los maltratos de nuestras colegas. El compañero se arrepintió de haber insultado así a la compañera…"No la hubiera insultado, porque si va a ser así, para la próxima le meto un golpe”. ¿Hay igualdad de género para esta situación?
O como esa vez cuando mi hermana me contó que le cedió el asiento a un hombre con un bebe en brazos. El microbús estaba lleno de mujeres, ni un solo hombre, y el pobre tenía que cargar, además, una bolsa que se veía pesada. Podía con la bolsa y el bebe, pero la incomodidad lo hacían inestable ante las curvas y aceleradas del bus. Si hubiera sido al revés, fácil que una hubiera dicho: ¿Acá no hay caballeros? Pero no. Mi hermana se puso de pie y dijo: “Se ve que cuando nos conviene apelamos a la igualdad de género”. Mutis, silencio, vacío, fue la respuesta, aparte del agradecimiento de nuestro colega varón. Cuando le pregunté que si lo había hecho en solidaridad con él, me respondió que no, que lo hizo pensando más en la bebé, que era mujer.
Recuerdo que hace algún tiempo, un amigo muy cercano me contó una historia que le había ocurrido. Después de años de no verse, una antigua amiga de barrio, de la cual andaba perdidamente enamorado, le declaró su amor, de la noche a la mañana. Fue justo cuando él ya la había olvidado y estaba a su vez enamorado de una chica con quien estaba haciendo planes a futuro. Pensó desde un principio que estaba loca, porque ella ya tenía una relación de muchos años con un pata que la trataba bien y le había dado con creces la estabilidad económica que toda mujer, seamos sinceros, ve en un hombre a la hora de entablar una relación. Mi amigo, una persona humilde, sin suerte en muchos aspectos, no era un aprovechado y tenía mucha dignidad y orgullo. Por eso, cuando su amiga le dijo que estaba enamorada, él le advirtió que no podía darle ese ritmo de vida al cual estaba acostumbrada, pero si realmente entablaban una relación de pareja, solamente tenía su palabra y su promesa para salir adelante junto a ella. Hay que creerle, porque a pesar de estar con otra persona, se le vino todo ese amor que había sentido alguna vez por su antigua amiga de barrio. "Piénsalo bien", le dijo. Y ella le aseguró que no le estaba pidiendo nada, sólo estar junto a él, su amor de toda la vida.
Pero, cuando ya todo estaba listo, para que el amor deseado por ambos amigos se concrete, ella le da la espalda y se niega a culminar lo que le había estado ilusionando durante meses. El motivo de esa actitud inmadura, fueron unos miedos que, según ella, se impusieron al amor que decía sentir como nunca.
¿El resultado? El pata, que fue su pareja, se dedicó al trago, al despilfarro y al puterío. Y la otra continuó como si no hubiera pasado nada, escapando a su responsabilidad, creyendo encontrar en el disfrute o en otras personas, las razones para justificarse, sin aceptar la culpa de haber jugado con la vida de dos hombres.
Mi amigo estuvo bajoneado durante mucho tiempo. Pero, poco a poco, fue superando la decepción. Había perdido a una y la otra lo dejó sin más explicación que un miedo infantil. Se sintió como una basura. Lo único que lo ayudó a superar todo fue la canción de Loquillo y Los Trogloditas que motivó este post. Abrigando una esperanza de vengarse, esperaba su oportunidad. Incluso, el pata que había sido pareja de la amiga, se contactó con él: "Esa mujer, primero me cagó a mi y ahora te cagó a ti, ¿por qué no la cagamos ahora a ella? Pero, después de mucho reflexionar, pensó en no amargarse más la vida. Antes que matarla a punta de navaja besándola una vez más, como dice la canción, optó por desaparecerla de su vida, como si nunca hubiera existido, como si nunca hubieran tenido nada, ni los buenos momentos. Porque sabía muy bien, como todo hombre que se precie de serlo, que un golpe o una agresión física a una mujer, no es de varones; además, que no duelen tanto como la indiferencia o el olvido ¿Esto también es violencia de género?
Publicado por Martín Roldán Ruiz en 15:55 7 comentarios
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domingo, 1 de junio de 2008
¡¡¡NO VAYAN!!!
Publicado por Martín Roldán Ruiz en 15:35 0 comentarios
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miércoles, 28 de mayo de 2008
Y NO PODRAN MATARLO...
Alejandro Romualdo ha muerto, y buscando una foto para hacerle un homenaje en este blog, encontré este texto en el diario chileno La oPiñón. Lo posteo porque es una muestra de su universalidad e inmortalidad. (Martín Roldán Ruiz)
Alejandro Romualdo: Un gran poeta del Perú
En las noches estrelladas del desierto peruano hay una similitud enorme con el desierto nuestro, el de Atacama: pareciera que el universo entero quisiera precipitarse sobre la tierra. Pero no: las estrellas y los astros numerosos están allí. Iluminados, quietos, unos; lanzando destellos de luz, otros; y moviéndose de un lugar a otro, algunos; luego están los pocos que parecen caer. Es una fiesta la noche desértica de Perú. Es un jolgorio la noche desértica de Chile.
si, por ejemplo, me quitaran el saludo
de los pájaros, o los buenos días
del sol sobre la tierra,
me quedaría
aún
una palabra. Aún me quedaría una palabra
donde apoyar la voz
Si me quitaran las palabras
o la lengua
hablaría con el corazón
en la mano,
o con las manos en el corazón.
Si me quitaran una pierna
bailaría en un pie.
Si me quitaran un ojo
lloraría en un ojo.
Si me quitaran un brazo
me quedaría el otro,
para saludar a mis hermanos,
para sembrar los surcos de la tierra,
para escribir todas las playas
del mundo, con tu nombre,
amor mío”.
Alguien, aquí, en Chile, escribió algo muy, pero muy parecido, a este gran poema. ¿Hecho casual o copia? Es un autor surgido entre fines de los años setenta o comienzos de los ochenta.
Ante la enorme belleza de “Si me quitaran totalmente todo”, uno siente que la poesía de este gran poeta del Perú es válida en la tierra de los incas, en la tierra de los mapuches, en la de los aztecas, en la de los mayas, en las de los guaraníes y en la de todos aquellos que aman la palabra poética e incluso en aquellos que no muy cerca están de ella.
Escrito por José Martínez Fernández
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Etiquetas: Alejandro Romualdo
miércoles, 21 de mayo de 2008
POR UN AMOR TAN ANARQUISTA
Ayer miraba con nostalgia ese libro, y después de leer la dedicatoria, una caligrafía rara, escrita con esa mano de dedos largos y uñas ausentes, pensé en que sin ser igual a la tragedia de Soledad Rosas y Edoardo Massari (La Sole y Baleno, acusados de terrorismo en Italia, no soportaron el peso de la injusticia y se suicidaron) lo que vivimos, ella y yo, fue un amor basado en el principio fundamental de la anarquía, el respeto por la libertad del otro.
La conocí en una fiesta a la que no quería ir. Mucho de ella me atrajo: Esa piel, que no era ni blanca ni cobriza, sino color canela, como el color de su cabello largo, casi zambo, casi lacio. O esa largura flaca como canción de Calamaro, como de Jarabe de palo. No sé. Pero, de lo que sí estoy seguro, lo que me enamoró desde un primer momento, fue esa forma de ser tan tierna, sincera, sencilla, tan no sé, que iba acompañada de una mirada de niña con sueño. Esta es, esta es, me decía, mientras hablábamos sobre Velvet Underground. A ella le gustaba con Nico, a mí no.
La vi por primera vez un 20 de julio, y se fue exactamente un 20 de julio de un año después. El mundo había dado una vuelta entera, y mi vida también. Cansado de no querer a nadie más que a mí, de ir de lado en lado, sin desear un recuerdo para el futuro, encontré en ella, lo bonito de dar todo por alguien, sin esperar nada a cambio. En medio de la violencia que rodeaba mis días, supo ser la calma, la ternura que le faltaba a las tardes y a las noches. Como esa vez, en que The Doors, marcó el ritmo de nuestros besos y caricias. A veces pienso qué hubiera pasado si no iba esa noche. La insistencia y el consejo de un amigo, me animaron (Anda a esa fiesta, quizá algo bueno encuentres).Y no me equivocó en afirmar que ha sido lo más de putamadre que me ha pasado.
Nos encontrábamos en un malecón, que sin saberlo llegó a ser nuestro; malecón que fue, además, testigo de muchos besos atrevidos. La esperaba, también, en una esquina de tantas y a pesar del ruido y la gente, podía distinguirla, cuando bajaba de la combi, con esa sonrisa de dibujito animado, de pequeña Lulu hecha mujer. Un beso y Lima pasaba de ser un purgatorio a ser un paraíso de asfalto.
Algo tenía en su ser, que mis actos siempre fueron más pensando en ella, que en mí persona. Cuando caminábamos, cuando nos besábamos, cuando hablábamos, cuando nos amábamos. Nunca hubo imposiciones, siempre llegábamos a un consenso tácito, natural, espontáneo. Nunca hubo acuerdo, en ese sentido. Lo sentíamos de esa forma y, simplemente, lo poníamos en práctica. ¡Y vaya que disfrutamos cada momento juntos!
Por algunos reproches pasados, ajenos a los dos, ella me preguntaba si le jodía alguna actitud suya, una concretamente. Yo, recién me daba cuenta que ni lo había pensado, porque, simplemente, no tenía por qué joderme, la aceptaba con todo. Y no solamente era yo, el de los detalles. Ella también se portó muy bien. A veces me quedaba mirando, con esa mirada especial de cuando hay cariño y me decía: “Es tan bonito todo esto, que no puedo creer que sea cierto”.
Éramos recíprocos, sin sentirnos comprometidos u obligados, la sonrisa de uno era la sonrisa del otro. Y lo qué es más, la libertad de uno era la libertad del otro. Cuando necesitábamos nuestros espacios, cada uno seguía su camino, sabiendo que el no estar cerca, el no estar presentes, no rompía ese lazo de respeto mutuo y fidelidad, que no era una obligación, sino una afirmación de ese compromiso que habíamos elegido libremente.
Por eso, cuando las circunstancias la alejaron de mí, cuando vio la necesidad de buscar su destino en otros lugares, junto a otra gente, haciendo lo que le gustaba hacer en la vida, o pasando la vida entera como estudiante en el día de la primavera, fui el primero en decirle que partiera. “No sé si estoy haciendo bien”, me dijo. “Haces bien”, le respondí. Si iba a ser feliz, yo deseaba que lo fuera, así no sea a mi lado.
Ahora pienso en ella, porque desde que se fue, todo fue distinto, y hay momentos en que la libertad llega a hartar y la soledad se cuela como garúa fría por entre la ropa. Las decepciones y el vacío hacen que uno añore el paraíso perdido. Por eso los recuerdos afloran, cuando me encuentro con la esquina de las esperas, con el malecón de los besos atrevidos, con los escondites secretos, que solamente ambos conocemos. Con la playa del norte que visitamos en invierno, donde bailamos nuestro único baile, Please Please Please Let Me Get What I Want, de The Smiths . Una canción que reflejaba mi momento con ella. Siento aún su ternura, su sensibilidad para con los niños, para con los animales (Sobretodo con los perros a quienes llamaba amiguitos) y para con el Perú, que la llevaron a trabajar gratis, haciendo labor social, en Puno. Me río cuando recuerdo su humor tan especial, y aún siento admiración por su gran talento para la fotografía, su gran pasión.
Pensaran que escribo de la chica perfecta… No era perfecta. Tenía sus arranques, sus bajones y sus múltiples manías… pero yo la quería así… ¿La quería? No, aún la quiero, aún está presente ese latido acelerado, ese deseo por tocarla, por besarla, por verla otra vez, por decirle las cosas que le decía. Sé que está lejos, sé que otras sonrisas la hacen reír, que otras calles la ven caminar, que otras miradas la hacen sonrojar, que otras voces la hacen hablar, que otras pieles la hacen acariciar.
No sé, pero creo que muy pocas veces se lo dije, pero aún la amo. Es que no necesitaba decírcelo, porque para muchos es fácil decirlo, la cosa es demostrarlo; y yo, creo, se lo demostré cada día que compartimos. Estaba dispuesto a todo eso y más. Mientras duró, y ahora también que aún espero, como dice la canción: De volver a empezar, mejor que antes, quiero darte cada uno de mis instantes.
Quizá, como la casualidad que nos unió, algún día la casualidad nos vuelva a encontrar. Por lo pronto la recuerdo, como hoy día, el mismo día de hace un año cuando me regaló este libro y escribió en una de sus páginas: Por un amor tan anarquista.
Publicado por Martín Roldán Ruiz en 13:38 5 comentarios
viernes, 9 de mayo de 2008
LAS CALLES SON NUESTRAS
Cuando uno regresa a los años subtes, vuelven con ellos, los espacios por donde gastamos las suelas de los chankabuques. Veredas, fachadas, pistas y calles largas.
Sórdidas, grises, manchadas por el vomito de algún borracho o repletas de la basura que no recogían los municipales, en eterna huelga por aumentos y beneficios.Lima, la ciudad enferma como la bautizó Rafael Inocente, era el reflejo de un país enfermo de tuberculosis, de corrupción y guerra interna. Donde todos éramos culpables, con la sensación de que las calles que transitábamos, se movían al ritmo de la canción de Eskorbuto: ¡Nadie es inocente todos terroristas!
Ambulantes regados por todos lados, en un interminable mercado. Buses-chatarra, que se movían gracias al milagro de algún genio de la mecánica. Batidas y levas que te hacían sentir que en cualquier momento, estarías de verde combatiendo contra las huestes de Gonzalo. Todo eso y más sazonaban nuestros días.
Recuerdo al Chobi, gestor de este video, decir: Las calles son nuestras, en uno de esos eternos lateos por el centro. Esos lateos sin rumbo, que eran un remedo de lo que sentíamos dentro de nuestros corazones adolescentes, corazones que hervían de vitalidad a pesar del presente incierto de esos años. Acompañados solamente por un trago, la calle era lugar de nuestros inviernos, que nunca pasaran al olvido.
Como esa noche de 1986 cuando por primera vez pisé las escaleras de la Universidad Villareal, en la avenida La Colmena. A la salida del colegio, acompañé a mi amigo el chino Yzuski, al puesto de La nave de los prófugos, a comprar unas maquetas o fanzines. Ese día se nos acercó un muchacho de casi dos metros para entregarnos volantes del festival Rockacho. Ese poste con casaca negra, era nada menos que César N, cantante de Éxodo. Tiempo después nos haríamos buenos amigos y yo me haría un asiduo concurrente de esas escaleras, para comprar discos de segunda o maquetas de grupos subtes y punks, o simplemente para gastar las horas muertas.
Todos esos puntos que muestra el video son parte ya de un espacio de nuestras vidas, donde encontramos una sonrisa amiga, una angustia pasajera, un miedo falaz. Como el Hueko de Santa Beatriz, lugar de emociones innumerables y de anécdotas increíbles. Allí brindamos con trago anti-todo, bailamos pogo (curiosamente salgo en medio del pogo, con veinte años menos) sudamos desesperanzas y padecimos batidas que terminaron muchas veces en comisaría. Como el chino Yzuski, quien llegó hasta la DIRCOTE por un malentendido.
Los conciertos en el jirón Moquegua, donde por primera vez tocaron juntos grupos subtes y metaleros. A las finales los estilos musicales eran distintos, pero la esencia era la misma. O los conciertos en Malambito, donde debutó mi banda Dictadura de Conciencia. La plaza Francia, donde muchos amaneceres de alcohol fueron testigos de conversaciones mudas y risas sordas, que hoy por hoy buscaran un lugar entre las bancas y los jardines que aún quedan de esos años.
Y, más allá, la desaparecida peña Huascarán, la de los conciertos como el Lima se Muere, de 1989, donde el pogo hacía temer a los clientes del restaurante del primer piso, que el techo se vendría abajo. Esos pogos inolvidables junto a mi hermano el Memo Escoria, Miguelón, Aníbal Malhecho, Paco Zarate, Fredy Nada, Chikidrácula, el doctor Fosforo, el chato Víctor nombres que aún se dejan ver seguido.
Y si los lugares nos remiten a situaciones, nos remiten también a los amigos que ya no vemos o que se perdieron entre esas sucias calles, para bien o para mal. Barrios Altos, la Plaza Italia, lugares comunes que recorrí con mi causita el Chancho viejo, o con el Panza Loca. Barrio de los Bandera Negra, del negro Brunce, del Loquillo, de Huevo, de Cucho, de Chobi, del chino Laberinto, del Tombo Loco. De tantos otros que andarán por allí, por alguna calle sombría, de seguro cantando algún tema de Eutanasia.
Por ultimo,
junto a las calles protagonistas de este video, está el espíritu incansable que las recorrió y que sólo la muerte pudo detener. Está aquel joven rocanrolero que siempre tenía una sonrisa y un trago en la mano. Está la presencia de Edgard Barraza, el viejo Kilowatt, presente como canción, como guitarra, bajo y batería, marcando el ritmo de la calle, de las veredas que nos dieron vida y un camino para avanzar. Esa vida que ya no tiene como nosotros, pero que se ha convertido en testimonio, como el video que presentamos hoy.Segunda parte: http://www.youtube.com/watch?v=Zf3pZLbpASo
Publicado por Martín Roldán Ruiz en 18:43 5 comentarios
Etiquetas: calles de Lima, Eutanasia, Kilowatt, rock suterráneo
jueves, 8 de mayo de 2008
EL ROCK SUBTERRÁNEO ATACA LIMA
¿Cuáles son los mecanismos que hacen de un acontecimiento, un momento crucial en tu vida? ¿Por qué a partir de allí, tu existencia toma un sentido distinto a lo que hasta ese momento pensabas sería tu sino? Como si de antemano todo estuviera escrito precisamente para ti, como si todo estuviera concatenado en un andamiaje invisible.La mirada de una chica, el encuentro con un amigo o una palabra de desprecio. O, quizás, una canción, un libro inolvidable, un partido de fútbol... o un concierto de Rock. Todos tenemos un algo o momento que nos cambió la vida, que nos hizo desviarnos del camino, para bien o para mal.
Con los años recordamos, ese momento o episodio y vemos que a partir de ahí, somos lo que ahora somos.
El concierto fue un 18 de octubre de 1985. Se llamaba “El Rock Subterráneo ataca Lima”. Lo vieron en directo muy pocos ¿Quinientos, seiscientos, mil? No estuve presente; pero, lo que vino después, lo vieron miles en sus pantallas televisivas. Yo fui uno de ellos. Y así como yo, muchos voltearon, tal vez, por la esquina equivocada.
Qué carajo iba a pensar esa noche del ochenta y cinco, hace veintidos años, cuando esperaba nervioso el informe de Patsy Adolph, que yo sería parte de eso que se llamó Rock Subterráneo. Mis viejos algo burlones se reían de las destempladas guitarras, los lisurientos gritos y las machacantes baterías que propaló el canal 9, a todos los peruanos. Yo, en cambio, pensaba en que había encontrado lo que estaba buscando, y que llenaría mis vacíos durante los siguientes años: El espacio donde poner en práctica, mis anhelos de expresión adolescente.
Ver a Leuzemia, Guerrilla Urbana y sobre todo escuchar el eterno tema de Zcuela Crrada, La esquina es la misma, fue como un cachetadón que te decía: “Oye huevonazo, desahuevate de una vez, la vida está en las calles, en esas veredas de vomito y smog”. Y yo salí, a pesar de que la muerte roja y verde, empapaba con su neblina, esas mismas calles donde encontré una forma... un estilo de vivir.
Años después supe que el desperado muchacho que gritaba: “Esta sociedad es una mierda, una mieeerdaaaaa”, se llamaba Julio Montero y fue miembro de la banda Delirios Krónicos. O que el flaco que salía justificándose ante las cámaras, afirmando no ser de abajo, pero que estaba con los de abajo, era el quemado del Carlos Boui, bajista de Voz Propia. Muchas veces, entre cervezas o trago cortos, las bromas salían a flote sobre este episodio de la acelerada vida del Boui.
Entre las cosas que reforzaron mi curiosidad, fue ver, entre las desafinadas consignas de Pedro Cornejo de Guerrilla Urbana (En esa época se hacía llamar Pedro K), la escenografía. El grupo Bestiario, o Los Bestias, comandados por Pervert Rod (El ahora artista plástico Herbert Rodríguez) fueron los responsables. Este grupo de estudiantes de arquitectura de la Ricardo Palma, es toda una historia aparte, dentro del Rock Subterráneo. A ver si Oscarix, nos brinda pronto la historia de este importante grupo artístico.
Por primera vez vi un pogo, por primera vez vi gente que no se estaba quedando callada, por primera vez vi algo autentico, para mí. Y tan así, que hasta el mismo doctor Baltazar Caravedo, que seguro fue llamado para diagnosticar la paranoia de esos desadaptados, justificó ese mensaje de odio, esa expresión de destrucción, como una lavada de cara... ¡Qué lavada!... ¡Patada es la palabra!, en la hipocresía de una sociedad que se estaba yendo a la mierda. Una generación que no quería repetir los esquemas de las precedentes, como la suya, a la que tildó de conservadora e hipocrita. Como él mismo dice, en el fondo es un mensaje de amor, de apuesta por la vida.
¿Pero, qué carajo hago contándotelo?...Mira el video de abajo y saca tus propias conclusiones. Solamente ten cuidado, podría cambiarte la vida. Tal vez, dentro de poco, puedes estar volteando por la esquina equivocada. Tú decides.
Clikea aca: http://es.youtube.com/watch?v=SYWMtmp_Otg
Publicado por Martín Roldán Ruiz en 8:35 0 comentarios
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domingo, 27 de abril de 2008
UN VIEJO LIBRERO
Antes de entrar a la primaria, estando aún en el Jardín de la infancia, me propuse demostrarle a mi vieja que ya sabía leer. Lo hice leyéndole una de esas tiras que sacaba el diario Última Hora, titulada Chabuca. Es el recuerdo más lejano que tengo de mi afición por la lectura, que se dio, creo yo, como algo natural.Mi afición por los libros, en cambio, fue un proceso que se inició con esa famosa enciclopedia Temática en cuyos tomos sobre los dinosaurios, los planetas y sobre todo la Segunda Guerra Mundial, se despertó mi curiosidad y el placer de leer. Posteriormente llegaron los libros sobre ovnis, comics como Condorito, la revista de fútbol Ovación, cuentos de Terror, revistas rockeras como Averock y Esquina. Paralelamente llegaron libros de literatura peruana y universal.
Debo incluir, también, las cachondas revistas que leíamos a escondidas como La Cotorra Jodona y Cosquilla, que entre risa y risa nos empujaba a las ahora pudorosas revistas Zeta, donde aprendimos a reconocer el gusto muy peruano por lo voluptuoso. No puedo dejar de mencionar, también, a las SPH (Solo Para Hombres) o TKCH (obvio) que si tenían algo para leer, nos interesaba solamente en la medida que nos explicará las malabaristas poses sexuales que copaban sus páginas. Recuerdo que en el colegio las alquilaban con el marketero e infalible slogan de: “A cincuenta centavos te rompes el ojo”.
Pero muy aparte de todo esto, tengo un recuerdo muy cercano por una persona que influenció mucho en un tema que me apasiona y que forjó mi inclusión a los libros de historia.
La avenida Venezuela de Breña, en los años ochenta, era una calle copada por puestos donde vendían ropa y toda clase de chucherías. En las noches los faroles de kerosene iluminaban las calles de mi infancia, en una perpetua feria. Siempre hasta las ocho de la noche, hora en que los ambulantes se retiraban dejando unas veredas vacías y tristes, como una tarde de viernes santo. En medio de esos puestos un señor vendía libros y enciclopedias de todo tipo y temas.
Resaltaba con su pequeño puesto, en medio de casacas y pantalones, no solamente por vender libros, sino también por su aspecto sobrio y elegante, de personaje de novela existencialista. Siempre de terno oscuro, con chalequito, camisa blanca y corbata bien anudada. Recuerdo sus zapatones, de modelo antiguo, muy viejos, pero siempre bien lustrados y brillantes. Invierno o verano, su indumentaria era la misma.
Si alguien se acercaba a indagar por algún libro, le exponía el contenido con bastante autoridad. Y más si se traba de la Segunda Guerra Mundial. Ayudado por unas cartulinas, donde él mismo dibujaba a los personajes o los hechos históricos, daba cuenta de los temas que encontrarías en tal o cual libro. El ascenso al poder de Hitler, el problema de los Sudetes checoslovacos, el Anschluss con Austria, el ataque a Polonia, Dunkerke, la caída de París, el plan Barba roja contra la URSS, el exterminio judío, La batalla de Inglaterra, Stalingrado, la toma de Sebastopol, Pearl Harbour, El Día D, la caída de Berlín, las bombas sobre Hiroshima y Nakasaki. Tantos que ya no me acuerdo.
Las cartulinas dibujadas al carboncillo, te mostraban parte de esa historia que me apasiona hasta ahora: Hitler con Chamberlain firmando el pacto que entregaba los Sudetes a Alemania, el Acorazado Hindemburg rodeado y hundido por buques ingleses, el perfil de la fabrica Krasny Octiabr (Octubre rojo) de Stalingrado reducida a fierros retorcidos donde resistieron los rusos, los cadáveres de soldados americanos en las playas de Normandía, un soldado soviético izando la bandera roja sobre el Parlamento de Berlín. Aún recuerdo esos dibujos y me imaginó la pasión con que ese librero las elaboró.
Más aún, esa voz tan tranquila que en pocas palabras te transportaba a los hechos que te narraba, como si estuvieras dentro de un tanque T-34, como si fueras un francotirador SS, como si fueras el soldado de la división Gross Deutschhland marchando por París, o como el soviético que ha tomado por enésima vez la cumbre del Mamayev, o el judío próximo a entrar a las cámaras de gas. Yo volaba en mi imaginación, tanto así que lo creí siempre un sobreviviente de campo de concentración. Su talante esmirriado, su cabello corto y lacio, siempre peinado con raya al costado, lo hacían similar al judío que había dibujado en una de sus cartulinas, cuando trataba el capitulo de la Solución final. Quizá era él, siempre me lo pregunte.
De los libros que casi obligué a mi viejo a comprar, obtuve la base que cimentó mi pasión por ese acontecimiento y por la historia en general. Con los años mis inquietudes e intereses fueron ampliándose y pude ver unas cuantas veces más a ese librero, exponiendo sus cartulinas a nuevos y posibles apasionados por la SGM. También, caminando por las calles de Breña, siempre con su terno oscuro, un maletín en la mano, la cabeza gacha como cargando una culpa, y su andar casi chaplinesco. Siempre con los zapatones viejos pero bien lustrados, marca impecable de su distinción. Con el tiempo desapareció con su puesto de la avenida Venezuela... Hasta hace unos días que lo volví a ver.
Habrán pasado quince, veinte años, no lo sé. Lo vi en la esquina de la avenida Venezuela con Fauccet. Como ya no vivo en Breña me dirigía al paradero para tomar la combi que me llevara a mi nuevo barrio. Entonces fue que apareció como un fantasma de los años de mi infancia. La primera impresión fue verlo igual a mis recuerdos: El terno era marrón, la camisa blanca, la corbata bien anudada, el mismo corte de cabello y la misma raya al costado. También llevaba el mismo maletín. Conforme iba acercándome a él, no podía salir de mi asombro, pero ya más cerca pude comprobar que el terno estaba gastado, no llevaba el chalequito, la camisa estaba algo raída en el cuello, y la corbata estaba descolorida. Muchas canas marcaban la raya del peinado. Andaba como buscando algo que había perdido entre la gente, mirando a cada uno que pasaba por su lado.
Al verme, y cuando yo intentaba un saludo, me paralizó con una petición: “Jovencito no tendrá un sol para que me regale, he perdido el único que tenía y tengo que irme hasta la avenida Perú”. Sin salir del asombro, metí la mano al bolsillo y saqué algunas monedas. Se las puse en la mano extendida, él tomó una de un sol y me devolvió las otras mientras me decía: “Muchas gracias, que Dios lo bendiga”. Se dio media vuelta y se fue por la avenida Venezuela, en dirección a Breña.
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viernes, 11 de abril de 2008
HOMENAJE A BUKOWSKI
Hoy se presenta en la Librería Antigona de Zaragoza España, el libro homenaje al viejo indecente titulada Hank Over/ Resaca. Los responsables son los escritores Patxi Irurzun y Vicente Muñoz Álvarez.
spañola, y de donde saldrán algunos de los autores que darán, que ya están dando que hablar en los próximos años.El libro, antes de ser publicado ya ha despertado interés, ha sido reseñado en suplementos culturales como Babelia (El País)o Calle 20 (20 minutos, el diario gratuito de mayor tirada en España). Además, su blog http://hankover.blogspot.com, recibe miles de visitas, y de colaboraciones de otros autores que han quedado fuera de la antología.
Será editado y distribuido en España y en algunas librerías de países como Perú, Argentina, México o Colombia.
Es todo un acontecimiento, tanto para los seguidores de Bukowski, como para una generación de escritores emergentes, que han encontrado en la antología la excusa perfecta para reivindicar sus obras.
Resaca/Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski. Selección y prólogos: Patxi Irurzun & Vicente Muñoz Álvarez. Caballo de Troya, 2008. Pronto en todas las librerías de Lima.
Publicado por Martín Roldán Ruiz en 10:40 0 comentarios
martes, 8 de abril de 2008
ESKORBUTO: HISTORIA TRISTE
(la foto es de Juantxo Rodríguez, asesinado en Panamá por el ejército de los Estados Unidos)
Alguien rodará esa película si todavía queda algo de honradez y también de memoria, esa memoria que se pierde entre las páginas de los libros de historia y que sin embargo es la verdadera Historia, la que vivieron los hombres y mujeres anónimos, la de los bares, las fábricas, los bloques de viviendas... La de, en este caso, las calles, las casas ocupadas, las furgonetas de la policía y los siniestros calabozos -algunas cosas nunca cambian-... La historia de una generación perdida, desaparecida, borrada de esa Historia con mayúsculas durante los salvajes y felices años ochenta por aquel holocausto con minúsculas que fue la heroína y el bicho, el SIDA, y también una vida que se quedaba pequeña, aburrida, fea y abocaba por ello inevitablemente a la muerte. Una generación que merece justicia histórica y que, aunque descreída, escéptica, recelosa de etiquetas, idolatrías y cualquier otra palabra que atentara contra la libertad individual, que la diluyera entre una multitud aborregada(las multitudes son un estorbo), tuvo también sus mártires, como Iosu y Jualma, los dos miembros de Eskorbuto muertos en aquel combate contra la rutina y contra aquella emergente democracia de mentirijillas en la que seguía habiendo mucha policía y poca diversión. Una película en tonos grises, oscurecidos por el humo de fábricas que cerraban de un día para otro en la margen izquierda del Nervión, y por la que deambulen de las filas del INEM a los primeros gaztetxes , de las comisarías a las bajeras, jóvenes con pelos largos y caras enfermas que se cagaban en dios, en la patria -daba igual como se llamara- y en un rey por cuya calavera estaban dispuestos a cortarse los testículos.
Entretanto, mientras llega la película, Eskorbuto, al menos ya tiene un libr
o, una biografía que recoge en buena parte lo que fue la Historia Triste de aquella banda que se hacía llamar la más honrada del mundo. Historia Triste, además de un testimonio histórico de la vida salvaje en los años 80, es una biblia atea para los eskorbutines, los fieles seguidores del grupo, aquellos que en aquella época se convertían en escudos humanos para los hostias que le llovían al mismo desde todos los lados ("En España nos llaman terroristas; en Euskadi nazis", solían decir, pues además de sus enemigos naturales -los militares, los partidos...- se enfrentaron también con lo que ellos consideraban un montaje comercial y político, el Rock Radikal Vasco, arremetieron contra las Gestoras Pro-Amnistía al sentirse desprotegidos tras una detención en Madrid, pasaje del que se da cuenta repetidamente en el libro...), y que pasados los años ven -estos eskorbutines- como muchos de los que en vida odiaban a Iosu y Jualma citan ahora sus frases, aquellas frases que eran puras sentencias. "Historia triste" reúne una completa biografía del grupo (incluidos algunos memorias del propio Iosu Expósito), todas sus letras, recuerdos de personas que estuvieron próximas a ellos -Fermín Muguruza, Roberto Mosso...-, fotos inéditas, artículos periodísticos... Curiosamente parece que hablar de Eskorbuto forzaba a escribir muy bien (Pablo Cabeza, Josu Arteaga, Oscar Beorlegi), con una profundidad inusitada. Tal vez porque Eskorbuto no era sino una versión encuerada a ritmo punk-rock de la filosofía, las dudas que a lo largo de los siglos han asolado al ser humano: dios, la enfermedad, el sueño, la muerte...
Libro: Ediciones Marcianas, Madrid 2001. apdo 156.228 28080 Madrid diegocerdan@terra.es
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lunes, 7 de abril de 2008
TODOS SOMOS RACISTAS
De alguna u otra forma, directa o indirectamente somos racistas... ¡Y no digan que no! A pesar de que no me fijo en el color a la hora de interactuar con las personas, lo he sido varias veces. Pero no ha sido por las santas huevas, sino única y exclusivamente con quien se manifestaba racista conmigo o con alguien cercano a mí, llámese familiar, amigo o anónimo transeúnte.Para que exista el racismo tiene que haber una dualidad de acomplejados. Uno que se cree más y otro que se cree menos. En la negación del otro está la identidad del primero. Y en la sumisión del segundo, la afirmación. Alfredo Vanini, en el último suplemento Domingo de La República pone el ejemplo.
“Tenía un compañero del colegio primario, hijo de huancaínos, extremadamente grande y fuerte en comparación a todo el resto de alumnos. En las peleas, este muchacho podía pulverizar fácilmente a cualquiera que lo retara a los puños, pero lo he visto desmoronarse, casi literalmente, cuando su ocasional adversario pronunciaba ‘serrano de mierda’. Como si la sola frase lanzara sobre él flechas invisibles que lo debilitaban, como si él reconociese en esa frase (sin duda muchas veces escuchada) la condición de una inferioridad a priori”.
¿Alguno de ustedes se siente inferior de ser como es como el niño arriba mencionado?... ¿Sí?... ¿No?... Primeramente partamos o reconozcamos lo que somos o cómo somos físicamente. Yo empiezo: Tengo el cabello trinchudo, de color negro con canas y los ojos marrones claros; los pelos de la barba hasta los 25 años fueron rojizos de allí se volvieron blancos, mi faz es clara u oscura según la estación, pero el resto de piel a la que no le da el Sol es tan blanca que me avergüenza mostrarlas si es que antes no las he expuesto a los rayos solares. Según lo que me dice el espejo soy un mestizo claro o algo así… ¡Qué sé yo!
Si fuera un acomplejado buscaría en mi chasis, el más mínimo rasgo de blancura, el cual sería un escalón arriba para sentirme por encima de los demás. Y, si también lo fuera del otro modo, me sentiría dos o tres escalones menos por mis pelos y mi cara de cholo. Afortunadamente no me acomplejo en ninguna de las dos formas.
Cuando era niño en
mi barrio de Breña escuché a unas niñas cholear a alguien. Más tarde y muy desconcertado le pregunté a mi viejo qué era ser cholo. No recuerdo todo el discurso, pero recuerdo lo esencial. "En el Perú, todos somos cholos, así que esas niñas no son diferentes al niño que cholean". Días después, las mismas niñas reincidieron en su despectiva actitud y les endosé en la cara que en el Perú todos somos cholos. La de mayor edad me preguntó casi con curiosidad: ¿Y tú te consideras cholo? Mi respuesta fue sí. Hasta ahora recuerdo la cara que puso. Más que cholo creo que me consideró un marciano. Para esos años, mediados de los setenta, nadie en su sano juicio afirmaba tan alegremente ser un cholo, salvo Luís Abanto Morales.El no ser ni blanco ni cholo, amarillo o negro, o tener de todo un poco, me ha causado una serie de situaciones que me llevan a reafirmar que todos somos racistas, de alguna u otra forma, y en determinados momentos de nuestras vidas. Y que los complejos son la base del problema. Por ejemplo, el frecuentar barrios marginales y alejados de la ciudad, donde por mi forma de vestir y por ser algo más claro, fui considerado un blancón, un pitucón, digno de ser despedido a patadas de su territorio. Algunos de buena manera se referían a mí como el colorao. Asumo que esto último será un intermedio entre el blanco y el cholo. ¡Beto a saber!

En algunos de esos barrios he sentido en one la marcada que te meten algunos, como diciéndote: Tú acá no te la vas a dar de pendejo por no ser como nosotros. Nunca he pensado en pasármela de pendejo por ser más claro que alguien; pero, al parecer, otros si lo asumen como una posibilidad y se ponen en guardia ¿Complejo de inferioridad? En 1990 un chinito con cara de bodeguero se pasó de pendejo y nos hizo cholitos a todos, pero nadie sospechó de él por sus ojitos.
Gratuitamente, también, he padecido el despectivo adjetivo de blanquito o pituquito, que creo viene a ser lo mismo, aunque el diminutivo los hace sinónimos de cobarde o maricón. Lo curioso es que el asolapado insulto, no era exclusivo de gente que se puede considerar cobrisa, por no decir cholos, sino también de uno que otro que tenía la epidermis más alba que la mía. Quizá su sentido de pertenencia a un lugar de cholos, los hacía daltónicos a la hora de verme frente a ellos.
Pero tambi
én, en este continuo andar que es la vida, he frecuentado zonas de blancos, donde la misma mirada de marcación se repite, pero ya desde el otro lado y matiz. ¿Y este cholo qué hace acá? E, igual que cuando piensan que me la quiero pasar de pendejo por mi color, no estoy pensando en lo cholo que soy, cuando voy a un lugar de blancos o blanquitos. Y, cosa curiosa, al igual que en las otras zonas, hay sus cholos que se sienten blancos y te ven como distinto, basta escucharlos nada más... ¿El sentido de pertenencia o el acomplejamiento?A mí, realmente, no me jode que me consideren cholo, blanco, zambo, cobriso, sacalagua, chichosam, colorao, andavete o notentiendo. No pierdo el tiempo en huevadas, porque ni yo mismo puedo definirme dentro de esas seudo categorías. Pero, tampoco voy a sentirme menos porque un cholo me dice blanquito o pituquito, ni tampoco cuando un blanquito o pituquito me insulta de cholo. Más, aún si en ambos casos el adjetivo viene con el agregado de De Mierda. Ahí sí que se me sale lo indio que tengo en mi sangre y reviento con todo. En ninguno de los dos casos me bajo como el ex condiscípulo de Alfredo Vanini, porque no me siento menos que nadie, por mi condición, color o procedencia. Nunca me he fijado en las personas por eso. Pero si alguien me insulta de cholo de mierda o blanquito de mierda, o de lo que sea, pues yo también respondo con un cholo de mierda, blanquito de mierda, negro de mierda o chino de mierda, a según.
Y pongo el ejemplo. En el año 2004 viajé con la barra de Alianza Lima a Quito Ecuador, para el partido contra LDU. Éramos treinta punteros, como decimos nosotros, de todos los pelos y colores. Pues bien nos dieron entradas para la segunda bandeja de la popular sur, precisamente donde se coloca su barra brava llamada La Muerte Blanca. Cuando ingresamos, los barristas de LDU se nos vinieron encima, pero supimos repelerlos. La policía, ¡Sólo cinco policías!, separaron la tribuna. Y comenzó la guerra de insultos. Cosa curiosa, unos diez Skinheads, o mejor dicho Boneheads*, eran los que lideraban ese sector. Ya se imaginaran los insultos: Cholos de mierda, peruanos de mierda, indios de mierda, váyanse a sus polladas, hijos de la señorita Laura (Sí, por la bruja ésa, que será tema para otro post) Ninguno de nosotros no sentimos menos por los insultos, más bien, nos sentimos orgullosamente cholos, orgullosamente indios.

No me creo más ni menos por esto. Pero, sin llegar a sentirme un etnocacerista, no voy a negar que sentía gusto, mientras le pateaba la cabeza. Porque ese blanquito racista, iba a recordar toda su vida que este cholo, este indio de mierda le había sacado la puta de su madre.
* Boneheads: Cabezas huecas. Así llaman los Skinheads antirracistas a los neonazis para diferenciarse de ellos, ya que el movimiento skin, nació sin ningún tipo de prejuicio racial.
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lunes, 24 de marzo de 2008
UNA REVERENDA COJUDES
No soy religioso, es decir, no soy de aquellos que creen. Que sienta y desee que hay un algo por encima de nosotros, no apunta a que yo crea en el dogma de la iglesia por la cual fui bautizado. Mi conciencia de Dios, de la vida, del bien y del mal, no pasa por el catecismo. Como dice la canción del grupo subte, Radicales: Ni bien nacido te bautizaran y a ser cristiano te condenaran, fui ungido católico por la mano de un sacerdote franciscano de la Iglesia de los Descalzos, en el rico Rímac, al año de nacido. No soy creyente lo recalco, pero guardo un profundo respeto por aquellos que sí profesan cualquier fe. Porque creo en lo innato que es al ser humano, esa espiritualidad, esa comunión, que se ve en alguna demostración religiosa, sea cual sea el credo.
Ayer, en su homilía, El cardenal Cipriani, dijo que el marxismo había fracasado como doctrina humana. Como nos tiene acostumbrado el cardenal, siempre le gusta meter su cuchara en cuestiones políticas, más si se trata de defenestrar con ideologías con las que no comulga el Opus Dei.
Por allí alguien dirá que tiene derecho como ser humano a opinar desde una posición política, todo bien hasta allí. Por allí alguien puede decir que es el representante de la iglesia en el Perú y su voz tiene valor, todo bien allí. Pero hay cosas que hacen tener dudas sobre la escrupulosidad del cardenal
La Comisión de la Verdad y Reconciliación, cuestiona mucho al cardenal Cipriani por su nula participación en la defensa de los Derechos Humanos, cuando se desempeñaba como obispo auxiliar en la ciudad de Ayacucho. Punto álgido de los delitos de lesa humanidad, tanto de las fuerzas armadas como de los grupos subversivos.
Cuando salió a luz el documento de la Comisión de la Verdad sobre este asunto, muchos salieron en defensa de Juan Luis Cipriani. Incluso el año pasado el periodista Federico Prieto Celli, escribió el libro El trigo y la cizaña. Radiografía de una conjura contra el cardenal Cipriani, donde se muestra crítico con la CVR en relación al cardenal.
O sea, el tio Cipriani obedecía una directiva de la Iglesia Católica. Por eso apeló a no ver, no oír, no hablar, sobre lo que pasaba en materia de Derechos Humanos, en la ciudad donde hacía labor pastoral. Mejor dicho, se le recomendaba a los pastores a no intervenir en política, y él fue muy obediente. Todo bien entonces….Pero, si ése es uno de los argumentos para justificar su silencio, en esos años, entonces por qué ahora mueve su lengua para hablar de política. ¿O es que la iglesia ya sacó otro documento donde sí justifica hablar, siempre y cuando sea contra las ideologías de izquierda?
Porque si el marxismo ha fracasado, el mundo cristiano, occidental, globalizado y liberal, está yendo por el mismo camino. Pero, nuestro cardenal, no dice nada: la pobreza, el desempleo, la crisis de los valores, de la familia, la delincuencia, son consecuencias de un sistema que no ve más allá del movimiento de la oferta y la demanda. ¿Qué queda entonces? El consuelo de Cipriani para todos los creyentes: La paz trascendental que nos dará el reino de Dios.
Los muertos, los torturados, los desaparecidos, estarán ahora agradeciéndole de estar disfrutando de la eternidad a la diestra de nuestro Señor Padre.
Curiosamente, esto fue dicho en la víspera del 28 aniversario de la muerte de otro
sacerdote, pero totalmente opuesto, en muchos aspectos, monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo Metropolitano de San Salvador, capital de El Salvador.Si para el cardenal Juan Luis Cipriani, los Derechos Humanos son una reverenda cojudés, para Monseñor Romero sus homilías donde denunciaba las violaciones de los Derechos Humanos en El Salvador, le costaron la vida.
¿Esto también es una cojudés?
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lunes, 3 de marzo de 2008
¡LIBERTAD PARA MELISSA PATIÑO!
La joven gestora cultural y poeta Melissa Rocío Patiño Hinostroza (20 años) ha sido detenida y acusada de terrorista por asistir como promotora cultural y comunicadora social a un encuentro político de Coordinadora Bolivariana de Ecuador.
Melissa Patiño es miembro del grupo cultural "Círculo del sur" grupo que reúne a jóvenes poetas que organizan recitales en Lima sur. Además, participa en la producción del programa "Todas las voces" de radio Stereo Villa 101.7. Es estudiante de administración en la universidad de San Marcos, tiene 20 años.
¿Qué hacía Melissa con la coordinadora Bolivariana? La historia es la siguiente: el director y conductor del programa radial, Luis Enrique Amaya Álvarez, recibió la invitación de la Coordinadora Continental Bolivariana para asistir a este encuentro en su calidad de hombre de radio.
El II encuentro de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB), congregó a alrededor de 800 delegados de Cuba, Venezuela, Perú, Uruguay, Brasil, Bolivia y se hizo a puertas abiertas en Ecuador, con conocimiento de las autoridades de ese país.
Cuando terminó el encuentro, Mellissa fue subida a un bus por los organizadores del evento junto a muchas otras personas. En ese bus iban otras seis personas que ahora la policía sindica como "mandos del MRTA".
Los abajo firmantes que conocemos a Melissa Patiño sabemos que ni sus acciones ni su posición política tienen cercanía alguna al de algún movimiento subversivo marxista leninista peruano o internacional.
Sabemos que ha sido detenida sin que exista prueba alguna en su contra de algún delito que haya cometido y que ha sido privada de su libertad en un abuso de autoridad intolerable.Los abajo firmantes exigimos su inmediata libertad.
FOTO: Reunión de poetas. Armando Alzamora, Enrique Verástegui, Florentino Díaz y Melissa Patiño.
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jueves, 28 de febrero de 2008
DESDE EL CEMENTO DE LA POPULAR
Tantas cosas pueden cambiar en tan poco tiempo, tantas cosas vas perdiendo cada día, y tantas cosas también llegan a ti, como paliativos a esos golpes que te hacen pensar, si realmente es correcta la forma como ofreces tu vida, tu alma y tu pasión. Porque cuando tú pensaste que hacías bien las cosas, una indiferencia total te enfría el alma, de pronto, y te parte el corazón en dos, y te hace preguntarte si aún el sentimiento está presente.La espera por una sonrisa que se hizo costumbre, el latir de un corazón que lo sentías como tuyo, y que se dejó morir porque una de las partes ya no le entusiasmaba tu cántico, no le deslumbraba tu cariño, y tu mirada ya no le hacía brillar los ojos, que sin palabras te decían te quiero, eres mi vida, mi tristeza y mi alegría. Y lo que queda es ir solo pensando en lo que fue, allí donde las voces se juntan para dar vida a un pueblo. Y tú perderte entre ellos para olvidar que tuviste alguien en quien creer, en quien depositar tu orgullo, como lo hiciste ayer en medio de la popular sur, pensando en el amor culminado, el mismo que un día feliz, viste caminar al borde de la cancha.
Porque pensaste que este juego siempre fue de a dos, porque lanzabas un pase y recibías igual, y porque al recibirla, te llenabas de muchas ganas de vivir y de gritar que la pasión nunca iba a terminar. Porque las calles también jugaron para los dos, porque los colores siempre fueron de a dos, porque nunca un malecón fue tan nuestro, como los campeonatos que ganamos y que también perdimos. Porque la distancia es pase errado, disparo fallado, un beso al pecho, donde arde tu mano, mi mano, las que caminaban entrelazadas como equipo e hinchada rumbo a un objetivo.
Por eso el reencuentro de ayer no fue contigo, no fue con nadie… ¡fue con todos! Y el bombo era ese corazón que habías perdido. Porque lo vacíos que llenaba no se lo pediste tú, te los colmó sin pedir nada a cambio. Y sí, pues, tú no le dirías no a ese latir de una popular que te enseñó a amar sin condiciones, que te sacó del gran vacío en que te encontrabas, cuando las malas lenguas te decían que no eras nadie en quien creer, nadie a quien amar, nadie a quien respetar.
Pero ahora es distinto, y ya la caída está consumada, con herida en el costado que duele mucho más, porque sabes, y lo tienes bien claro, que corriste toda la cancha, que pusiste la pierna fuerte, que dejaste la piel y que, a pesar de eso, el gol nunca llegó. No porque tú no lo buscaras, sino porque no te lo permitieron, porque se olvidaron de ti, porque no te hicieron barra a pesar de tu esfuerzo. Así es la vida ¿no?
Sé, que a pesar de todo, de la derrota de ayer y del Antesdeayer, la pasión y el sentimiento no han acabado aún, como la voz de una hinchada que está esperando el volvernos a ver, el volvernos a encontrar, ya no por juegos amistosos sino por algo de verdad. Para que la emoción se haga color de camiseta, como las veces que de la mano veíamos las tardes caer sobre el mar, entre matices de color azul y blanco, como tú, como yo, como el sentimiento.
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domingo, 24 de febrero de 2008
MARX MATO A LENIN
Curioso titular que bien podríamos imaginar en la pagina central de alguna sesuda revista, en donde se analiza el fin de la utopía socialista y el triunfo de la “libertad”. Quizá también una reinterpretación de los postulados económico – histórico – materialistas o alguna nueva manifestación del revisionismo contraculturoso.Pero no es así. Más allá de categorías dialécticas, la historia sucedió en la vida real, y no fue en la Rusia pre revolucionaria o post perestroika. Ni en la Alemania durante la revuelta espartaquista. Aconteció aquisito nomás en el distrito de Vitarte, que para los alternosenderistas –Seguidores de El otro sendero– es uno de los espacios donde reside la fuerza pujante del capital y la modernidad peruana; en suma, donde la práctica, concreta sus credos liberales.
¿Pero qué carajo hacen Marx y Lenin en el territorio de la nueva utopía del Perú? Pues simplemente, participar de ella cada uno de la forma como la vida y las condiciones objetivas se les presentaron.
Marx Arotingo Ortiz, comprendió desde muy joven que si quería salir adelante, el trabajo honrado y el esfuerzo serían la mejor forma de conseguir el progreso, de acercarse a la utopía. De trabajo en trabajo y de esfuerzo en esfuerzo fue consiguiendo las mejoras que anhelaba alcanzar. Aún le faltaba mucho, pero a los veintinueve años la vida es un horizonte oscuro donde algún día se alzaría la aurora roja, como creían los gonzalistas. Él, veía ese amanecer de una forma opuesta: No creía que el poder nacía del fúsil, sino que el progreso nacía trabajando en la industria con mayor proyección del espectro neoliberal de nuestra patria, en una fabrica de confecciones de ropa. Era un obrero que vendía su fuerza de trabajo, un asalariado... un proletariado, como así lo sentenció en el siglo XIX, el viejo Karl Marx.
Su hermano menor, Lenin Arotingo Ortiz, en cambio, optó por otra de las alternativas que el actual modelo económico ofrece a la gran mayoría de desplazados –No solo territorial, sino también de oportunidades concretas y sólidas– Esa alternativa era el dinero fácil. A sus veinticinco años ya había pisado "Maranguita” y hasta hace poco estuvo preso en el penal de Lurigancho. Él no se alzaba contra los que tenían, no cantaba: Arriba los parias del mundo, para hacer que el tirano caiga y los siervos del mundo liberar. Tampoco creía que la propiedad sea un robo y había que expropiarla. Lamentablemente este Lenin, era de otro tipo. El vicio y lo fácil lo llevaban a confiscar las pertenencias de los que como él, no poseían mucho: sus vecinos, incluida su familia y su propia madre.
Esta diferencia de visiones del mundo hacía que Marx y Lenin tuvieran más de un encontronazo, más de un conflicto laboral, más de una lucha de clases. El obrero contra el lumpen proletariat
Hasta que un día Marx explotó. Lenin –A quien mejor le caería el nombre de Stalin– había llegado a la casa familiar, como siempre lo había hecho los fines de semana, a llevarse algo, cuando no encontraba a un vecino o a algún despistado a quien robarle hasta el cansancio del trabajo recién remunerado. Qué estaría planeando o que estaría angustiando que le exigió a su hermano, le entregara el arma que tenía para su seguridad personal (¿?) Ante la negativa vinieron las amenazas y las agresiones. La madre de ambos, intervino, pero una mano acostumbrada a no importarle nada, se alzó contra ella, una y otra vez... como había sucedido tantas veces tantas.
Y como se dio cuenta que nada conseguiría con esos golpes a su madre y a su hermano, que ya eran más que golpes, atentados, tomó el balón de gas y trato de cortar la válvula con un cuchillo, con la idea de incendiar la casa. Pensaba ser la chispa que incendiaría la pradera, el asalto al palacio de invierno.
Cansado ya de tanto, abuso, de tanta humillación, de tanta vejación, Marx hizo dos disparos, según refirió después, para asustarlo; pero, las balas fueron directamente al corazón de su hermano que dejó de existir en el acto. Sabiendo de su responsabilidad asumió su culpa como siempre había asumido sus actos. Espero ensimismado a la policía repitiendo: “Ya no aguantaba más, estaba harto”. ¿De dónde había salido esa arma? Esa es la gran pregunta. Lo cierto es que siempre hay un arma a la mano de los que oprimen, y también de los que están hartos de la opresión.
La utopía liberal se había acabado para Marx y también para Lenin. Al igual que la utopía socialista.
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viernes, 22 de febrero de 2008
37 + 28
Al ayer...
Treintaisiete veces más veintiocho
Besan el malecón nuestro
De cada día
El futuro es mar de noche
Y el anhelo
Una vuelta hacia otra esquina
Cuántas veces tantas
No recuerdan el olvido
Sueño de asfalto
Piel de ángel caído
Un solo baile
Y la vida es
Amaneceres tardíos
Un te quiero
Y muerdo la nostalgia
De tu cuerpo dormido
Pintar más fotos
Cantar juntos el baile
Y escribir
Despertar a la tarde contigo
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viernes, 8 de febrero de 2008
HISTORIA DE UNA FOTO SUBTE
Veinte años después, mis recuerdos de la Lima de los ochenta siguen siendo de un gris melancolía, que equilibra la sensación de miedo por haber vivido en una ciudad violenta. De ver las veredas moverse al ritmo de la canción Ratas callejeras de Eutanasia; de sentir los postes vibrar con el coro de Astalculo de Leuzemia. O, más tranquilo, de ver morir el sol desde la azotea de mi edificio, mientras sonaba una de las Cúrsiles Romanzas de Daniel F: “Volveré cuando me vaya y si no regreso, vengo”. Y hoy volví.
La vida se nos hacia un nudo en la garganta y para los que fuimos jóvenes, a los que ahora llaman ochenteros, lo único que nos quedaba era gritar todo nuestra angustia y anhelos de un mundo mejor, restregándole a la sociedad peruana –Abimael y Alan incluidos– toda la mierda que ellos habían hecho de nuestras vidas. Para eso nació también el Rock Subterráneo.
Viendo esta foto de 1987, tomada en la esquina del jirón Chincha con la avenida Wilson, en la calle donde quedaba la discoteca No Helden, me pregunto qué pasaba por las cabezas de esos muchachos, de qué se estaban riendo, qué es lo que estaban mirando. Me pregunto si para ellos el mañana era un No Futuro o el futuro era un No Mañana. Si el día a día acababa con una sensación de atentado, apagón o paquetazo. Si la vida acelerada llenaba sus pequeños mundos aún expectantes por el puede ser; a diferencia del mundo gris, como la foto, que los rodeaba y que parecería estar desenfocado en sus pupilas.
Sin habérselo propuesto alguna vez, estos subtes fueron parte de un movimiento que marcó huella en su época. Con sus gritos destemplados y viscerales, con sus canciones llenas de mierdas y desesperanzadas puteadas, con su estética del reciclaje; y, sobre todo, con su honestidad para decir las cosas tal como son, lograron que se replantearan muchos dogmas en la música y las artes plásticas en el Perú. La vanguardia en general.
Alguna vez, una esquina como esa, me atrapó en la órbita de un trago de mala caña. Quizá junto a algunos de la foto. Y, al igual que en ese momento, no mirábamos el mañana, que ahora es el ayer. Para que no queden en el anonimato de ese pasado, acá van algunos apodos que aún la memoria no ha borrado con los años, de algunos no sé hasta ahora sus verdaderos nombres:
Cachaciento y con casaca de cuero negra, el chino Daniel (Ex guitarra de Autonomía) Mirando fijamente a la cámara, en actitud bien Glam, Pedro B (Guitarra y voz de la banda Ska, Sicosis) El que sigue no lo recuerdo. Con polo blanco y al parecer cagándose de frío, porque todos están bien encasacados, Luis Berrocal (Editor del fanzine El Sotano Beat, y quien me facilito la foto) Mirando siempre a un lado, siempre a la alterna, nunca de frente o derecho, el combativo Richi Lakra (Editor del fanzine Poetas del Asfalto) El último de la fila, y creo que es sintomático que tenga una mano metida en el bolsillo, Pepe Asfixia (Bajista de Eutanasia) El primer sentado me dicen que es el Vandálico, yo lo recuerdo con otra cara. De gorrito, a lo Daniel F en los primeros años de Leuzemia, el Nico (Guitarra de Eutanasia) Siempre escuálido, con sus pelos parados, el Yucatán. El que está sentado de negro no lo recuerdo. Arriba, y que parece recién salido de Bergen Belsen o de Auschwitz, el Pelao Kike o también conocido como Kike Excomulgado (cantante de Eutanasia) el siguiente de bigotes, con peinado New Wave, es otro que no recuerdo. Y por último, sin más presentación, Saúl Omiso (Cantante del grupo más radical de todos los que ha habido sobre la tierra: Sociedad de Mierda. Posteriormente lo fue también de TBC)
Muchos de ellos tomaron rumbos distintos, como el chino Daniel que ahora reside en Francia. O como Nico, el Pepe Asfixia y el Pelao Kike que viven en Alemania. Otros se quedaron por estos lares para hacer su música y desarrollar su arte poétika, como Pedro B o el Richi Lakra, o Luis Berrocal que realiza la titánica labor de rescatar las raíces del Rock hecho en el Perú. O como Yucatán que ahora disfruta de su libertad que por años le fue negada, o como Saúl Omiso, el único de quien se puede decir que se ha convertido en recuerdo y fotografía. Y para los que lo vimos cantar sobre un escenario… ¡Qué tal recuerdo! Jamás se nos olvidará esa energía, esa rabia, esos ojos desorbitados y esa visceral voz que no eran más que el rostro sincero, honesto y desesperado de los tiempos que le tocó vivir.
¿Y esa esquina? Tampoco existe, ahora es parte de un condominio de Mi Vivienda. Tampoco está más la discoteca No Helden, en su lugar hay un salón de clases de un instituto. ¿Sabrán los nuevos jóvenes que se buscan un futuro en esa aula, que allí mismo cientos de jóvenes iguales a ellos, danzaron los ritmos de la desesperanza, los ritmos de un futuro negado? No recuerdo qué grupo español cantaba esta letra, quizá era Ultimo Resorte, pero creo que cae a pelo: “Somos el futuro, somos el progreso, somos tu futuro de carne y hueso”.
Hoy, veinte años después, sigo recordando esos años como el color gris de esa foto, con el color gris de la melancolía.
Foto: Atribuida al Poggi 100, pata de Filosofía de San Marcos que se dedicó por años a registrar a la mancha Subte, su nombre es tan desconocido como su paradero. Si alguno reconoce a los que no recuerdo háganlo saber.
Publicado por Martín Roldán Ruiz en 16:28 31 comentarios
Etiquetas: Historia de una foto subte



