viernes, 9 de mayo de 2008

LAS CALLES SON NUESTRAS

El viernes 21 de marzo, viernes santo para ser más exactos, los Poetas del Asfalto, me invitaron para presentar un video, en el Centro Cultural El Averno, realizado por Chobi, Richi Lakra y Christian Portocarrero. Un homenaje a Eutanasia y a Edgard Barraza, más conocido como Kilowatt. Pues bien, acá les dejo lo que leí ese día, y el video en dos partes. Espero sean de su agrado.
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Cuando uno regresa a los años subtes, vuelven con ellos, los espacios por donde gastamos las suelas de los chankabuques. Veredas, fachadas, pistas y calles largas. Sórdidas, grises, manchadas por el vomito de algún borracho o repletas de la basura que no recogían los municipales, en eterna huelga por aumentos y beneficios.

Lima, la ciudad enferma como la bautizó Rafael Inocente, era el reflejo de un país enfermo de tuberculosis, de corrupción y guerra interna. Donde todos éramos culpables, con la sensación de que las calles que transitábamos, se movían al ritmo de la canción de Eskorbuto: ¡Nadie es inocente todos terroristas!

Ambulantes regados por todos lados, en un interminable mercado. Buses-chatarra, que se movían gracias al milagro de algún genio de la mecánica. Batidas y levas que te hacían sentir que en cualquier momento, estarías de verde combatiendo contra las huestes de Gonzalo. Todo eso y más sazonaban nuestros días.

Recuerdo al Chobi, gestor de este video, decir: Las calles son nuestras, en uno de esos eternos lateos por el centro. Esos lateos sin rumbo, que eran un remedo de lo que sentíamos dentro de nuestros corazones adolescentes, corazones que hervían de vitalidad a pesar del presente incierto de esos años. Acompañados solamente por un trago, la calle era lugar de nuestros inviernos, que nunca pasaran al olvido.

Como esa noche de 1986 cuando por primera vez pisé las escaleras de la Universidad Villareal, en la avenida La Colmena. A la salida del colegio, acompañé a mi amigo el chino Yzuski, al puesto de La nave de los prófugos, a comprar unas maquetas o fanzines. Ese día se nos acercó un muchacho de casi dos metros para entregarnos volantes del festival Rockacho. Ese poste con casaca negra, era nada menos que César N, cantante de Éxodo. Tiempo después nos haríamos buenos amigos y yo me haría un asiduo concurrente de esas escaleras, para comprar discos de segunda o maquetas de grupos subtes y punks, o simplemente para gastar las horas muertas.

Todos esos puntos que muestra el video son parte ya de un espacio de nuestras vidas, donde encontramos una sonrisa amiga, una angustia pasajera, un miedo falaz. Como el Hueko de Santa Beatriz, lugar de emociones innumerables y de anécdotas increíbles. Allí brindamos con trago anti-todo, bailamos pogo (curiosamente salgo en medio del pogo, con veinte años menos) sudamos desesperanzas y padecimos batidas que terminaron muchas veces en comisaría. Como el chino Yzuski, quien llegó hasta la DIRCOTE por un malentendido.

Los conciertos en el jirón Moquegua, donde por primera vez tocaron juntos grupos subtes y metaleros. A las finales los estilos musicales eran distintos, pero la esencia era la misma. O los conciertos en Malambito, donde debutó mi banda Dictadura de Conciencia. La plaza Francia, donde muchos amaneceres de alcohol fueron testigos de conversaciones mudas y risas sordas, que hoy por hoy buscaran un lugar entre las bancas y los jardines que aún quedan de esos años.

Y, más allá, la desaparecida peña Huascarán, la de los conciertos como el Lima se Muere, de 1989, donde el pogo hacía temer a los clientes del restaurante del primer piso, que el techo se vendría abajo. Esos pogos inolvidables junto a mi hermano el Memo Escoria, Miguelón, Aníbal Malhecho, Paco Zarate, Fredy Nada, Chikidrácula, el doctor Fosforo, el chato Víctor nombres que aún se dejan ver seguido.

Y si los lugares nos remiten a situaciones, nos remiten también a los amigos que ya no vemos o que se perdieron entre esas sucias calles, para bien o para mal. Barrios Altos, la Plaza Italia, lugares comunes que recorrí con mi causita el Chancho viejo, o con el Panza Loca. Barrio de los Bandera Negra, del negro Brunce, del Loquillo, de Huevo, de Cucho, de Chobi, del chino Laberinto, del Tombo Loco. De tantos otros que andarán por allí, por alguna calle sombría, de seguro cantando algún tema de Eutanasia.

Por ultimo, junto a las calles protagonistas de este video, está el espíritu incansable que las recorrió y que sólo la muerte pudo detener. Está aquel joven rocanrolero que siempre tenía una sonrisa y un trago en la mano. Está la presencia de Edgard Barraza, el viejo Kilowatt, presente como canción, como guitarra, bajo y batería, marcando el ritmo de la calle, de las veredas que nos dieron vida y un camino para avanzar. Esa vida que ya no tiene como nosotros, pero que se ha convertido en testimonio, como el video que presentamos hoy.
Para Kilowaatt y todos los que ya no están presentes, acá un homenaje a esas calles y lugares que ustedes le pusieron música y sentimiento, le dieron historia y vida.
Para ver el video Homenaje a Eutanasia y Kilowatt clikea acá:

5 comentarios:

Anónimo dijo...

tu relato me suena a una cancion de the killers,q paja

Anónimo dijo...

Este blog es el epónimo de "la hora del lonchecito", puras huevadas que se hizo de chibolo. Al parecer, es el diario de una quinceañera, nada más que lo escribe un cuarentón.

Generación cochebomba dijo...

¿Golpe bajo?... Ja ja ja ja. Nada que ver, ensalada, esto es La Hora del Trago Corto, no es la hora del lonchecito, eso está pa ti que no tienes los huevos de dejar tu nombre, pan con pavo.

Martín Roldán Ruiz

tio lukas dijo...

Buenos relatos, sigue asi ... !!!

Anónimo dijo...

Hola, Martín.

Loco, de casualidad he dado con tu blog. Francamente era necesario hacer un blog como éste. Desde el pasado reciente, desde esa rebeldía juvenil subterranea que conservamos intacta los que rozamos los cuarenta, hostiguemos y sigamos jodiendo al "sistema alienado".

Un fuerte abrazo

Rafael Inocente, desde La Ciudad de los Culpables

PD: Qué buena, LA HORA DEL TRAGO CORTO, aunque me gustan las baladas antiguas, sobre todo la nueva ola italiana, lo que dice el anónimo de las 7 y 43 es un despropósito propio de viceministro.