miércoles, 8 de julio de 2009

EL NIÑO YA ESTA JUNTO AL CIELO

Enrique Congrains Martin (1932 - 2009)


Recuerdo una mañana soleada de abril, del año 82. Patio de la palmera, colegio Guadalupe. Primer año sección F. No había nada que hacer, el profesor no había ido ese día y como no podíamos salir al patio, nos quedaba únicamente ponernos al día, tirarnos los cuadernos, hacernos bromas, escupir a la foto del presidente de la República o contarnos chistes colorados. En medio del alegre bullicio de la infancia que se encamina a la adolescencia, mi constante estado de aburrimiento por lo cotidiano, me llevó a agarrar el libro de lenguaje y literatura y descubrir que al final tenía una serie de cuentos de autores peruanos.

De todos me llamó la atención, uno que tenía dibujado a un niño que veía sorprendido un billete tirado en el suelo. El niño de junto al cielo, de Enrique Congrains Martin.

El primer párrafo me atrapó sobre todo por la interrogante que planteaba. Años después creo que fue una premonición de algo:

Por alguna desconocida razón, Esteban había llegado al lugar exacto, precisamente al único lugar... Pero ¿no sería, más bien, que “aquello” había venido hacia él? Bajó la vista y volvió a mirar. Sí, ahí seguía el billete anaranjado, junto a sus pies, junto a su vida.
¿Por qué, por qué él?

Sí, ¿por qué yo? Porque después de la lectura de ese hermoso cuento, muchas cosas cambiaron dentro de mi persona. Ya tenía mucho gusto por la lectura, pero leer El niño de junto al cielo, encaminó mi gusto, por los cuentos e historias que tenían que ver con la marginalidad de los barrios populosos de Lima. Sí, por una desconocida razón yo había llegado a ese cuento ¿O no sería que aquel había venido hacia mí?

Esa mañana la recuerdo como mi inicio de lector. Después devoré los demás cuentos del texto escolar, El vuelo de los cóndores, Los gallinazos sin plumas, y otros que se han perdido en los recovecos de mi memoria. Desde allí ya no pude parar.

Años después leería los cuentos de Lima, hora cero y la novela No una sino muchas muertes. Del primero me quedaría encantado con Cuatro pisos, mil esperanzas. Definitivamente la obra de Congrains, marcaría ese gusto, e influenciaría en los temas que me gusta abordar y en el lenguaje que me gusta usar para los cuentos que trato de escribir.

Y hoy en la mañana que escribo este texto, me entero que Congrains había fallecido el lunes 06, en Cochabamba, Bolivia. Curiosamente me llego a enterar dentro de un recinto escolar, pero sin la chacota de un aula de primer año de secundaria, ni con el brillo de las mañanas de abril que entraban por los grandes ventanales del colegio Guadalupe. Quizás con el eterno estado de aburrimiento por lo cotidiano en que se ha vuelto mi día a día, tan gris como el color del cielo de esta mañana de julio, o como las calles que tan bien nos describió Congrains en sus cuentos de niños abandonados y orates sin ansias de vivir. Esos que llamaban pájaros fruteros, luego petisos y ahora pirañitas. O esos que llamaban basureros, luego carretilleros y ahora recicladores. Pero todos con esa pesadez de llevar una existencia, condicionada por la ciudad o La bestia con un millón de cabezas.

Ahora pienso y creo que esa bestia no es está ciudad, ni las calles, que se devoraban a los viandantes, entre sonares de claxons, o avisos de neón. Es el tiempo, la vida misma la bestia que algún día nos va a engullir.

Porque por alguna desconocida razón, todos tendremos que llegar al lugar exacto, precisamente al único lugar... Pero ¿no sería, más bien, que “aquello” habría de venir hacia nosotros? Como lo ha hecho esta vez con Eduardo Congrains Martin.

¿Por qué, por qué él?

7 comentarios:

Sara dijo...

Tendré q leer a ese hombre.
Besicos.

Generacion cochebomba dijo...

Sara, sobre todo esos dos libros. Los cuentos mencionados los puedes encontrar en internet.

Un abrazo

Martín

Anónimo dijo...

Siempre con algo nuevo que aportar Martín que paja eres!




un salusillo con pasita, para que alegren tu mañanas grises de julio..


Pamela Death

Generación cochebomba dijo...

me alegra que te guste lo que escribo, Pamela, y a mi no me dejan de gustar todas las pasas que me envias.

Un beso

Martín

Rain dijo...

Recuerdo que papá me dio ese cuento. Fue uno de los primeros cuentos que leí después de los infantiles. Soledad de niños.
Outsiders en proyección. De pronto una comprende el valor de alguien como Congrais, lo que significó, lo que ni sopesé en esos momentos al leer. Lo importante que fue, lo importante que es.


Salutes, Martín.

Angelo Prado dijo...

martin soy angelo prado en verdad congrains era un grande

pd: martin necesito hblar contigo es sobre mi tesis escribeme

Gonzalo Del Rosario dijo...

NO UNA SINO MUCHAS MUERTES