jueves, 8 de mayo de 2008

EL ROCK SUBTERRÁNEO ATACA LIMA

¿Cuáles son los mecanismos que hacen de un acontecimiento, un momento crucial en tu vida? ¿Por qué a partir de allí, tu existencia toma un sentido distinto a lo que hasta ese momento pensabas sería tu sino? Como si de antemano todo estuviera escrito precisamente para ti, como si todo estuviera concatenado en un andamiaje invisible.

La mirada de una chica, el encuentro con un amigo o una palabra de desprecio. O, quizás, una canción, un libro inolvidable, un partido de fútbol... o un concierto de Rock. Todos tenemos un algo o momento que nos cambió la vida, que nos hizo desviarnos del camino, para bien o para mal.

Con los años recordamos, ese momento o episodio y vemos que a partir de ahí, somos lo que ahora somos.

El concierto fue un 18 de octubre de 1985. Se llamaba “El Rock Subterráneo ataca Lima”. Lo vieron en directo muy pocos ¿Quinientos, seiscientos, mil? No estuve presente; pero, lo que vino después, lo vieron miles en sus pantallas televisivas. Yo fui uno de ellos. Y así como yo, muchos voltearon, tal vez, por la esquina equivocada.

Qué carajo iba a pensar esa noche del ochenta y cinco, hace veintidos años, cuando esperaba nervioso el informe de Patsy Adolph, que yo sería parte de eso que se llamó Rock Subterráneo. Mis viejos algo burlones se reían de las destempladas guitarras, los lisurientos gritos y las machacantes baterías que propaló el canal 9, a todos los peruanos. Yo, en cambio, pensaba en que había encontrado lo que estaba buscando, y que llenaría mis vacíos durante los siguientes años: El espacio donde poner en práctica, mis anhelos de expresión adolescente.

Ver a Leuzemia, Guerrilla Urbana y sobre todo escuchar el eterno tema de Zcuela Crrada, La esquina es la misma, fue como un cachetadón que te decía: “Oye huevonazo, desahuevate de una vez, la vida está en las calles, en esas veredas de vomito y smog”. Y yo salí, a pesar de que la muerte roja y verde, empapaba con su neblina, esas mismas calles donde encontré una forma... un estilo de vivir.

Años después supe que el desperado muchacho que gritaba: “Esta sociedad es una mierda, una mieeerdaaaaa”, se llamaba Julio Montero y fue miembro de la banda Delirios Krónicos. O que el flaco que salía justificándose ante las cámaras, afirmando no ser de abajo, pero que estaba con los de abajo, era el quemado del Carlos Boui, bajista de Voz Propia. Muchas veces, entre cervezas o trago cortos, las bromas salían a flote sobre este episodio de la acelerada vida del Boui.

Entre las cosas que reforzaron mi curiosidad, fue ver, entre las desafinadas consignas de Pedro Cornejo de Guerrilla Urbana (En esa época se hacía llamar Pedro K), la escenografía. El grupo Bestiario, o Los Bestias, comandados por Pervert Rod (El ahora artista plástico Herbert Rodríguez) fueron los responsables. Este grupo de estudiantes de arquitectura de la Ricardo Palma, es toda una historia aparte, dentro del Rock Subterráneo. A ver si Oscarix, nos brinda pronto la historia de este importante grupo artístico.

Por primera vez vi un pogo, por primera vez vi gente que no se estaba quedando callada, por primera vez vi algo autentico, para mí. Y tan así, que hasta el mismo doctor Baltazar Caravedo, que seguro fue llamado para diagnosticar la paranoia de esos desadaptados, justificó ese mensaje de odio, esa expresión de destrucción, como una lavada de cara... ¡Qué lavada!... ¡Patada es la palabra!, en la hipocresía de una sociedad que se estaba yendo a la mierda. Una generación que no quería repetir los esquemas de las precedentes, como la suya, a la que tildó de conservadora e hipocrita. Como él mismo dice, en el fondo es un mensaje de amor, de apuesta por la vida.

¿Pero, qué carajo hago contándotelo?...Mira el video de abajo y saca tus propias conclusiones. Solamente ten cuidado, podría cambiarte la vida. Tal vez, dentro de poco, puedes estar volteando por la esquina equivocada. Tú decides.

Clikea aca: http://es.youtube.com/watch?v=SYWMtmp_Otg