jueves, 19 de mayo de 2011

MI ENCUENTRO CON JEAN PAUL EL TROGLODITA


Releyendo el excelente libro Demoler (Revuelta 2009) de mi amigo Carlos Torres Rotondo, el Buko, me reencuentro con el fascinante capítulo sobre Enrique Tellería Dávila, más conocido en el mundo rockeril como Jean Paul el Troglodita. Dicha lectura me trajo a recuerdo el día en que pude conocerlo, y compartir unos tragos con aquella leyenda del rock peruano. Una anécdota algo extraña, propia de la biografía del Troglo, que vivió y acabó como todo southamerican rocker.

En mi barrio de Breña existía, hasta hace unos años, una licorería atendida por un personaje conocido como el chato Iván. Se llamada Herbert’s y llegó a ser el punto de reunión de todos los que vivíamos en los alrededores de los jirones Huaraz y Recuay. Varios de mis amigos subtes, también caerían por ahí para tomarse unos tragos, porque nadie te molestaba y podías alcoholizarte tranquilo adentro del local o sentado en las veredas.

Bien, una de esas noches en que me metía unos rones con los de mi barrio, fuimos interrumpidos por un señor medio calvo que iba acompañado de un tipo flaco, con bigotes, cabellos largos peinados hacia atrás, y gafas. Hasta ese momento habían estado comprando un trago que el chato Iván combinaba en un plastilitro de gaseosa.

–Disculpen, muchachos, les quiero hacer una pregunta: ¿alguno de ustedes conoce al señor que está a mi lado?

Nosotros que habíamos estado embarcados en una de esas discusiones etílicas sobre fútbol, música o política, volteamos extrañados para ver al personaje que nos había hablado y más al que lo acompañaba. De hecho que al verlo, todos habrían pensado: ¿Quién carajo será este viejo huevón? Porque ninguno lo conocía… Sí, todos, menos yo, porque ese rostro me era familiar de algún lado. Y aunque la ropa que vestía (Un saco marrón de corduroy, camisa oscura, jean desteñido y botines negros en punta) no era la misma de mis sospechas, creía saber quién era.

–Yo sí sé –dije ante la sorpresa de todos, incluido el tío calvo que había lanzado la pregunta–, usted es Jean Paul el Troglodita…

No tenía el terno que imitaba la piel de leopardo, pero tenía la misma sonrisa que había visto en varias fotos.

–Ah, mira, me conoces muchacho… –dijo el Troglo.
–Sí, es que a mí me gusta el rock y de ahí sé algo de usted.

No recuerdo por donde se fue el diálogo, pero el Troglo se empató inmediatamente en nuestro ruedo y chapó el vaso de trago apenas le llegó a su mano. De alguna forma trató de concentrar la conversación en su persona, pero a mis amigos a quienes el rock les gustaba poco, y mucho menos el peruano de décadas pasadas, lo ignoraron. Solamente yo le paraba balón, haciéndole caso cuando se refería a su pasado rockero. Lamentablemente he tratado de recordar lo que hablamos, pero esas palabras se han perdido en mi memoria. El disco duro parece estar averiado en ese lado, porque recuerdo algunas cosas. Por ejemplo, al tío calvo esperándolo impaciente y con la botella de trago que habían comprado en la mano. Hasta que no aguantó más y se retiró, no sin antes preguntarle al Troglo, si lo iba a seguir. Éste dijo: “No, me quedo con los muchachos”.

De hecho parecía un alucinado que trataba de entrar en la conversación para hacerse collera y chupar gratis, no lo sé. Tal vez mi sencillo reconocimiento le habría hecho sentir la gloria de sus días de esplendor, y se sentía tan bien que no quería moverse de ahí. Ya que después de tres décadas, un muchacho que era un niño cuando él ya subía a los escenarios, lo había reconocido como el rockstar que fue. Pero, igual, estrella del rocanrol o no, llegó a aburrir e impacientar a mis amigos.

–Oe, ya pe’ zacarías con el tío...
–¿Qué?
–Dile que se vaya.
–¿Y yo por qué?
–Tú dijiste que lo conocías, y se ha quedado de camarón… y, pa’ concha, se sirve lleno como si fuera su cumpleaños.

No les hice caso. Pero, de a pocos, fueron haciéndole hielo y cerrando el círculo en torno a él. Yo trataba de que sea menos malcriada la largada, pero ya estaba hecho el plan. En un momento, el Troglo, salió a la calle sin decir nada. Yo pensé que se iba para orinar y regresar luego, pero no fue así. A los varios minutos de su demora fui en su búsqueda, pero no lo encontré. Se había ido como había llegado. Años atrás, jóvenes de nuestra edad se hubieran sentido honrados de beber con Jean Paul el Troglodita. Pero, nosotros, no pertenecíamos a su época.

Tiempo después mi amigo Javier de la banda Rabioso, me contó que lo había visto por la avenida Aviación en San Borja, rodeado de unos pirañitas a quienes les entregaba una propina y una bolsa de pan, mientras les daba la siguiente admonición:

–Ya, carajo, se van a repartir el pan para cada uno, si no lo hacen la próxima vez no les doy propina.

Acompañado de la algarabía de los chibolos, el Troglo se fue sonriendo con su soledad.

Yo también lo volví a ver. Me encontraba conversando con mi tía, hermana de mi madre, en la ventana del tercer piso donde yo había vivido, en el jirón Huaraz en Breña. Lo vi salir de una tienda ubicada en el primer piso del edificio. Paró un taxi y con grandilocuentes gestos, señalando un lugar cercano, le regateaba al chofer. Habrían de pasar cuatro taxis más hasta que subió a uno y se fue. Le hice notar a mi tía que era Jean Paúl el Troglodita, y me contó que era amigo del gordo César, el dueño de la tienda, y que siempre iba para gorrearle unas cervezas.

Sea lo que sea, el Troglo, es una leyenda de la música moderna de esta parte del continente. He escuchado su música y me parece de avanzada para su época. Su tema Vudú, grabado en 1972 me hace recordar a Pink Floyd en determinados momentos. Y contra lo que muchos puedan creer, no perteneció a la llamada Nueva Ola, porque esa corriente estaba integrada por baladistas, y aunque interpretaba una que otra balada, su repertorio era netamente roquero, como bien señala el Buko Torres Rotondo en su libro Demoler.

Lamentablemente acabó como acaban las mentes más lúcidas de las generaciones, en países como el nuestro. No merecía el final que tuvo, pero cada uno escribe el suyo día a día. Y aunque he tratado de describirlos, creo que las palabras escritas por el Buko son las más precisas: “Su apartamento en San Borja se había convertido en su cueva, de la que no salía sino para comprar licor. A su alrededor no había dinosaurios, sino una jungla de asfalto que lo arrojó al pozo del olvido. (…) En la madrugada del 29 de julio del 2004, enclaustrado en su domicilio y rodeado por un desorden de botellas vacías, al Troglo se le detuvo el corazón, eso que nunca le faltó a lo largo de sesenta años”.

Quizás, creo yo, que aunque falleció solo; en el momento final habría de escuchar esos aplausos y gritos de histeria colectiva, con que muchas veces fue despedido del escenario.


El Troglodita en sus años de cadete del colegio militar Leoncio Prado





Pueden escuchar los temas del Lp Vudú y otros del Troglo clikeando en este blog del caricaturista Heduardo: rockperuanovideos.blogspot.com

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien oportunista eres cholito,sigue no mas escribiendo de eutanasia ese es tu feeling.

Anónimo dijo...

bacan tu comentaro wachon sob re el trogloditaque bueno saber no solo te enclaustras en un tipo de musica sino q te agradan otras vertientes y no hagas caso al huevon que escribio ay ese no pasara de escuchar musica subte en su vida pobre cojudo un abrazo

HENRY L. dijo...

EL TROGLODITA, CON SU ESTILO TAN PECULIAR Y "RARO" EN ALGUNAS DE SUS CANCIONES, TUVO ALGUNOS TEMAS QUE ME AGRADAN AUN EN LA ACTUALIDAD, PUES EL GUSTO POR ALGUNAS CANCIONES QUE ESCUCHAMOS EN NUESTRAS VIDAS NO DESAPARECE JAMAS. UNO DE ELLOS FUE LA BALADA "LO QUE NO SABIAS DE MI", PERO MAS AUN "MUCHACHA TRISTE", HERMOSO TEMA QUE HIZO INTERESARME EN ESTE CANTANTE. BUENOS MOMENTOS EN EL PASADO PARA ESTE MUSICO, INTERPRETANDO SU MUSICA Y MANTENIENDO LA ORIGINALIDAD DE SU ESTILO. MAL FIN, ABANDONADO Y SUMIDO EN EL ALCOHOL, COMO TANTOS OTROS MUSICOS QUE, AL PASAR SU TIEMPO, LA VIGENCIA TERMINA Y SOLO LES QUEDA LA NOSTALGIA Y LA VANA ESPERA DE UN PASADO... QUE YA NO VOLVERA.

Alexandra Tresierra dijo...

El troglo, tan loco y alegre.
Te extrañamos Kike, tu hijo es como tu, estarías orgulloso de el....

JORGE MORENO dijo...

Martín : Gracias por contar esta pequeña historia, la cual me iluminó el resto del domingo.