miércoles, 13 de abril de 2011

EN MEMORIA DE JOSE EDUARDO MATUTE DE ATAQUE FRONTAL

Matute de Guerrilla Urbana/Ataque Frontal

Hace unas semanas, cuando estaba en Alemania, recibí la mala noticia del fallecimiento de José Eduardo Matute, guitarra de Guerrilla Urbana y Ataque Frontal. Me apené mucho porque aunque no habíamos sido amigos, su música ha influenciado mucho en lo que soy como ser humano. Algunas veces compartimos una charla, que se centró en su banda, cuyas canciones son himnos de una generación, y cuyo Ep editado en Francia, aún conservo.


Bien, el poeta Roger Santivañez, ha escrito un homenaje a la figura de José Eduardo, que deseo compartir con ustedes.


LA MEMORIA DEL CORAZON / En homenaje a José Eduardo Matute. Testimonio de Roger Santiváñez


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CONOCI a José Eduardo Matute una alucinante tarde de domingo a fines de febrero de 1985. Concierto rock en Ancón organizado por la Muncipalidad del sitio. Llegamos en mi datsun stanza los hermanos Raúl y Ricardo Montañez más Edgar Barraza Kilowat. El estrado estaba colocado apenas comenzando el mnalecón de la zona residencial del balneario. Pronto estamos reunidos con Leo Escoria. Súbitamente se me acerca un delgado jovencito impecable en su ajustado pantalón negro y pulquérrimo polo blanco con la A envuelta en un círculo: “Yo soy Narcósis” –me dice dándome la mano. Era Fernando Cachorro Vial. Luego voy conociendo a Silvio Ferrogiaro Espátula Venérea, Edwin Zcuela, Saúl Cabrera el Omiso, Kike Excomulgado y finalmente a Matute. Todos creíamos que era un chaplín punk aludiendo –en joda- al tombo Matute de unos dibujos animados populares en la TV de hacía poco; pero no, pronto nos dimos cuenta que ese era realmente su apellido y su nombre José Eduardo Matute, y –para nosotros-debido a su alta talla y corporeidad: Matutazo o Matutón.


COMIENZA el concierto con la presentación de Kilowat y su banda Kola Rok. Todo iba muy bien, Kilo rompía el escenario con su versión peruana de la famosa –Johnny Be Good- canción de Chuck Berry, que él identificaba como Johnny Huancayo: “Johnny vino de Huancayo city papay / dijo que quería ser una estrella del rock /… /Ahora recuerda los consejos de mamá / No dejes la casa para vivir allá / La vida es una mierda en Lima la capital / Vendió su guitarra a los borrachos del bar / Con el dinero que pudo recabar / Volvió en el tren de regreso a su hogar”. De pronto y por pura emoción popular política –mientras movía el cable del micrófono como un látigo principia a vociferar: “Viva el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru / Viva el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru”, lo cual –obviamente- asustó a la pituquería anconera apostada en los balcones de sus apartamentos en los edificios que estaban al frente, y –por supuesto- disgustó a los organizadores del concierto –gente de la Muncipalidad- quienes procedieron atropelladamente a cancelar el espectáculo. Alguien llamó a la policía y entonces salimos volando, corriendo cada uno por su lado, para encontrarnos en la puerta de mi estacionado auto.


NO SE COMO nos hemos metido en el carro casi todos los que estuvimos allí. Enrumbamos hacia mi departamento en una de las Torres de San Borja y rematamos la tarde-noche con sendos rones con cocacola. Ese fue el inicio de mi amistad con José Eduardo. En esos momentos se encontraba en la etapa de formación de su banda Guerrilla Urbana, la que pronto debutaría integrada por Leo Escoria, Kimba Vilis, Pedro Cornejo y él mismo. Con este equipo grabó Guerrilla Urbana sus canciones en el caset Rock Subterráneo. Volúmen 1 a mediados de 1985, junto a Leuzemia, Zcuela Cerrada yAutopsia. Hasta ahora resuenan en mi mente los violentos y turbios acordes del sonido guerrillero en temas como ‘Esres sólo una pose’, ‘Asco’ , ‘Consignas generales’ donde puede escucharse: “Asaltos oficiales / Nadie es inocente/ Sangre en todos lados” –fiel retrato en rock del Perú de los 80s y de todavía- , y versos como ”La música es amarga” trasuntando una sincera rebeldía juvenil fresca y anárquica, en contra la farsa democrática y la corrupción total del sistema. Por esta época José Eduardo me contó que un agente del servicio de inteligencia del Ejército lo fue a buscar a su casa para preguntarle si Guerrilla Urbana tenía alguna relación con lar organizaciones subversivas, en ese instante levantadas en armas. Por supuesto que no –le respondió Matute: se trata de música, nosotros somos artistas. Pero entonces decidió cambiarle de nombre a la banda, denominada a partir de allí Ataque Frontal. Ya para ese instante Espátula Venérea o simplemente Silvio Espátula, había asumido el rol de primera voz del conjunto. Después con el viaje de Leo Escoria a Italia, y la salida de Kimba, entraron Raúl Montañez y Fernando Boggio.


2

EN ESA inmarchitable época José Eduardo llegaba a buscarme a las oficinas de OIGA en la calle Chinchón –donde yo trabajaba- los sábados en la noche, para enrumbar usualmente a su casa, donde oíamos bandas como Un millón de tombos muertos, o Exploited –entre las que recuerdo- y por supuesto a Sex Pistols, Public Image Limited y a Johnny Rotten convertido –a la sazón- en el solista John Lydon y su long play Second Edition que a Joé Eduardo le encantaba. Siempre tenía primicias musicales norteamericanas, británicas o latinoamericanas –del Brasil por ejemplo- así como material impreso: libros, revistas, afiches, pins, parches, de la parafernalia punk del momento. Y llegaban de pronto Gonzalo Púa y Guillermo de Autopsia, y nos íbamos a ver al Cachorro –de Narcósis y tambien de Autopsia. Volábamos al No-Helden de la esquina de Chincha y Wilson en el centro , para encontrarnos con Leo Escoria y Kilowatt con Raúl Montañez y Kimba Vilis. El Chino Mañuco Villavicencio –propietario de la cave más bacan que ha habido en Lima-empezaba a disparar las cebadas y el ron. O sino podia ser Barranco.


Como aquella noche alucinante, en que plácidamente escuchábamos en el tocacintas de mi auto, un caset que José Eduardo no sé cómo se había agenciado con todas las canciones de los increíbles Saicos, estacionados en la Plaza Central de Barranco. De pronto Leo Escoria dijo: voy a conseguir cigarros al Juanito y salió del carro. Minutos después regresó compungido e indignado. Unos muchachos típicos pitucos lo habían insultado y burlado de su atuendo punko. Siendo dos patas, Leo no había podido defenderse. Entonces estaba asado y se quejó ante nosotros metidos en el auto. Unos huievones me atacan y mis amigos no hacen nada –nos espetó. Proseguimos tomando las botellas de ron que teníamos hasta que yo les dije: Bueno, voy a subir a la Taberna del 900 –donde Leo nos dijo que habían entrado los patitas- y saco a esos tipos. Okey respondieron todos – Matute, Leo, kilowatt y el Omiso, que eran los que estaban allí, hasta donde recuerdo- . Ya en la Taberna me dediqué a presionar a los muchachos ya ubicados, y poco a poco ellos decidieron abandonar el local. Ni bien terminaron de descender las escaleras y alcanzaron la calle, el Omiso les cayó encima con una pequeña cadena que portaba, y posteriormente todos nosotros les hemos dado una paliza en plena pista. El Juanito cerró sus puertas y la gente huía despavorida. Salimos volando antes de que llegara la policía. Compramos más trago en el Mercado de Surquillo y seguimos hasta mi depa en las Torres de San Borja. La mancha estaba eufórica.


Años después –a fines de los 90s- recordaba esta ocasión con Matute en Quilca y nos reíamos recordando la cadenita del Omiso –a todas luces original de un accesorio femenino- pero que nos había sido de gran utilidad aquella noche salvaje para redimir a Leo Escoria de la afrenta reaccionaria.


3

Así pasó el tiempo. La vida nos lleva por diferentes caminos y dejé de frecuentar a José Eduardo, quien también se había inclinado al cine y trabajaba en ello, como me contó alguna vez en una cita casual. Hacia mediados de los 90s volvimos a encontrarnos y a conversar en la bohemia de Quilca y el bar Queirolo. Siempre interesado en la poesía me comentaba algunas lecturas o me inquiría sobre autores. Recuerdo por ejemplo, a fines de los 90s cuando volvió al Perú –después de muchos años- Silvio Ferrogiaro, el increíble Espátula Venérea de los días iniciales; haber estado con José Eduardo, Montañez, Marcel Velaochaga, Mónica Marrero y cierta mancha subte más nueva en una alargada mesa del Queirolo.


Durante mi última estadía en Lima –en marzo del pasado año- me encontraba en una mesa de la sala delantera del ineludible Queirolo- cuando en eso, diviso a José Eduardo Matute que iba de salida viniendo desde el fondo del bar. Naturalmente le pasé la voz y él tuvo la gentileza de acercarse a saludarme por un instante. Recuerdo que le pregunté: “¿Y? ¿Sigues con la música? –Claro –me respondió –Eso siempre”. Jamás me imaginé que esa sería la última vez que lo vería.


Aquejado de una dolencia cardíaca, he sabido que justamente dudaba de colcarse el marcapaso recomendado por el médico, debido a que el artefacto se acploaría y por esta razón nunca podría volver a tocar la guitarra eléctrica. Ahora comprendemos lo difícil que hubiera sido dicha situación para José Eduardo Matute, para quien el instrumento –emblemático del rock que él amaba- era casi una prolongación de su alma y de su corazón, aunque estuviera herido. Y cuando –al parecer- ya se estaba convenciendo de la conveniencia de entrar a la sala de operaciones, lo sorprendió la parca, quizá por que los dioses deseaban dejarnos –para siempre- la memoria de su corazón unido a una guitarra de rock and roll. Hasta la vista, querido Matutón. Viva la Anarkía. [Roger Santiváñez, 10 de abril de 2011, junto al río Cooper, New Jersey]


Página de la revista Maximun Rock & Roll, donde dan cuenta de la partida de Matute. En los 80 la misma revista hizo una nota extensa sobre Ataque Frontal

Matute como que se desvanece en esta foto, por las luces. Detrás Montaña y Pepe Abad

Con Silvio Espátula, en el concierto de retorno de Guerrilla Urbana/Ataque Frontal


Fotos tomadas en el concierto de Guerrilla Urbana/Ataque Frontal, en el Nuclear Bar. Por Martín Roldán Ruiz.

1 comentario:

joseduardo dijo...

Por eso pienso, que los homenajes deberian ser en vida... de todos modos post's como estos son los que mantienen vivos a aquellos personajes urbanos, impresindibles y tan anonimos que hay en Lima.
Saludos!