lunes, 4 de agosto de 2008

EL ARCHIPIELAGO SOLYENITSIN

Alexander Solyenitsin en el Gulag
En una pequeña librería de la avenida Wilson vi la portada entre una ruma de libros viejos, ofertados a dos soles cada uno. No lo dudé dos veces antes de comprarlo. Su temática me está sirviendo de mucho para algo que pienso escribir a futuro. Estoy hablando de El archipiélago Gulag de Alexander Solyenitsin.

La vengo leyendo junto a otros libros, como es mi costumbre, y cada día no me deja de sorprender sus páginas, donde nos revela cómo los totalitarismos manifiestos y encubiertos, hacen de la tortura, la vigilancia y las desapariciones, un arte siniestro y macabro. Refinamientos perversos que la literatura ha recreado a través de los tiempos. Lo lamentable es que El Archipiélago Gulag está basado en hechos reales: Los padecimientos del autor como un zek o recluso sin derecho a ningún tipo de buen trato. Su delito fue haber escrito unas cartas donde insinuaba críticas al estalinismo. No sirvió de nada su grado de capitán del ejercito rojo en su avance contra la Alemania nazi, igual fue recluido.

Premio Nóbel de literatura en 1970 por sus anteriores obras (El primer círculo, El pabellón del cáncer, Un día en la vida de Iván Denisovich) Estuvo vigilado de cerca por la KGB por su posición abiertamente disidente del régimen soviético. Por este motivo su secretaria que tenía la misión de sacar de la URSS el manuscrito de El archipiélago Gulag se suicidó cuando fue detenida y torturada, según se dice por miedo a ir a parar en el Gulag.

Solyenitsin vivió en el exilio, desde 1975, concretamente en Estados Unidos y fue un anticomunista y antisoviético. Aplaudido como un campeón de las libertades democráticas, como un intelectual de las conciencias libres, se manifestó todo lo contrario cuando regresó a su patria tras la caída del régimen comunista.

Nacionalista, paneslavista, antisemita. Exaltaba el regreso a las tradiciones de la madre patria Rusia, las cuales no estaban muy acordes con las libertades democráticas de occidente. Mal, según él, del debilitamiento del alma eslava de los rusos y su misión como pueblo de avanzada en la historia mundial.

Monarquista y ortodoxo. Aunque lo primero no era una vuelta al zarismo, porque el absolutismo podía encajar en la presencia de un presidente con plenos poderes. Por tal razón, saludó las medidas de Vladimir Putin y lo denominó el Salvador de la Patria.

Consecuente con sus ideas, aconsejó a éste radicalizar sus medidas contra los enemigos de la Madre–Rusia (Chechenios concretamente) para quienes exigía la pena de muerte. Pedía, también, la repatriación a Israel de los judíos. Sus artículos donde se manifestaba abiertamente antisemita, causaron mucha polémica entre los círculos intelectuales.

El premio Nóbel de literatura, el antiguo abanderado de las libertades democráticas dentro de la Unión Soviética, se había convertido en un Joseph Goebbels. ¿Lo seguirán aplaudiendo sus antiguos seguidores? ¿O lo recordaran solamente por esa etapa de su vida, de disidente?

Hoy Alexander Solyenitsin falleció de una insuficiencia cardiaca en Moscú. Es una muestra más, de que no necesariamente la obra de un escritor, va acorde con sus maneras de pensar o actuar ¿Si o no varguitas?