lunes, 24 de marzo de 2008

UNA REVERENDA COJUDES

No soy religioso, es decir, no soy de aquellos que creen. Que sienta y desee que hay un algo por encima de nosotros, no apunta a que yo crea en el dogma de la iglesia por la cual fui bautizado. Mi conciencia de Dios, de la vida, del bien y del mal, no pasa por el catecismo.

Como dice la canción del grupo subte, Radicales: Ni bien nacido te bautizaran y a ser cristiano te condenaran, fui ungido católico por la mano de un sacerdote franciscano de la Iglesia de los Descalzos, en el rico Rímac, al año de nacido. No soy creyente lo recalco, pero guardo un profundo respeto por aquellos que sí profesan cualquier fe. Porque creo en lo innato que es al ser humano, esa espiritualidad, esa comunión, que se ve en alguna demostración religiosa, sea cual sea el credo.

Pero, a pesar de mi apostasía, no puedo evitar persignarme mecánicamente cuando paso por alguna iglesia o cuando veo la imagen del Señor de los Milagros o a la Virgen de Guadalupe. Y, también, a opinar sobre ciertas cosas relacionadas a la religión, así me tenga que estrellar con siglos de teología. Es que basta tener sentido común para reflexionar sobre estos temas.

Ayer, en su homilía, El cardenal Cipriani, dijo que el marxismo había fracasado como doctrina humana. Como nos tiene acostumbrado el cardenal, siempre le gusta meter su cuchara en cuestiones políticas, más si se trata de defenestrar con ideologías con las que no comulga el Opus Dei.

Por allí alguien dirá que tiene derecho como ser humano a opinar desde una posición política, todo bien hasta allí. Por allí alguien puede decir que es el representante de la iglesia en el Perú y su voz tiene valor, todo bien allí. Pero hay cosas que hacen tener dudas sobre la escrupulosidad del cardenal

La Comisión de la Verdad y Reconciliación, cuestiona mucho al cardenal Cipriani por su nula participación en la defensa de los Derechos Humanos, cuando se desempeñaba como obispo auxiliar en la ciudad de Ayacucho. Punto álgido de los delitos de lesa humanidad, tanto de las fuerzas armadas como de los grupos subversivos.

Cuando salió a luz el documento de la Comisión de la Verdad sobre este asunto, muchos salieron en defensa de Juan Luis Cipriani. Incluso el año pasado el periodista Federico Prieto Celli, escribió el libro El trigo y la cizaña. Radiografía de una conjura contra el cardenal Cipriani, donde se muestra crítico con la CVR en relación al cardenal.
En un articulo sobre dicho libro, sacado del portal http://www.aceprensa.com/, llama a la curiosidad que uno de los argumentos, que esgrimen para la defensa del prelado, es la siguiente: Acusaciones graves, pero según lo sostiene Prieto, gratuitas y sólo entendibles desde la perspectiva ideológica de la teología de la liberación, asumida acríticamente por los comisionados de la CVR, quienes alaban unilateralmente el trabajo de las diócesis que asumieron prácticas pastorales liberacionistas. Llama la atención, por eso, que la CVR ignore los documentos críticos del Magisterio de la Iglesia de los años 1984 y 1986 que pusieron en entredicho los fundamentos teóricos y las prácticas pastorales de algunos obispos del Perú que identificaban el compromiso cristiano con la praxis política de izquierda. Entre otras cosas, el documento de 1986 (Libertatis conscientia) decía que “no toca a los Pastores de la Iglesia intervenir directamente en la construcción política y en la organización de la vida social. Esta tarea forma parte de la vocación de los laicos que actúan por propia iniciativa con sus conciudadanos”. La Conferencia Episcopal Peruana había hecho las mismas reservas en un documento de 1984.

O sea, el tio Cipriani obedecía una directiva de la Iglesia Católica. Por eso apeló a no ver, no oír, no hablar, sobre lo que pasaba en materia de Derechos Humanos, en la ciudad donde hacía labor pastoral. Mejor dicho, se le recomendaba a los pastores a no intervenir en política, y él fue muy obediente. Todo bien entonces….Pero, si ése es uno de los argumentos para justificar su silencio, en esos años, entonces por qué ahora mueve su lengua para hablar de política. ¿O es que la iglesia ya sacó otro documento donde sí justifica hablar, siempre y cuando sea contra las ideologías de izquierda?

Porque si el marxismo ha fracasado, el mundo cristiano, occidental, globalizado y liberal, está yendo por el mismo camino. Pero, nuestro cardenal, no dice nada: la pobreza, el desempleo, la crisis de los valores, de la familia, la delincuencia, son consecuencias de un sistema que no ve más allá del movimiento de la oferta y la demanda. ¿Qué queda entonces? El consuelo de Cipriani para todos los creyentes: La paz trascendental que nos dará el reino de Dios.

Los muertos, los torturados, los desaparecidos, estarán ahora agradeciéndole de estar disfrutando de la eternidad a la diestra de nuestro Señor Padre.

Curiosamente, esto fue dicho en la víspera del 28 aniversario de la muerte de otro sacerdote, pero totalmente opuesto, en muchos aspectos, monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo Metropolitano de San Salvador, capital de El Salvador.

Si para el cardenal Juan Luis Cipriani, los Derechos Humanos son una reverenda cojudés, para Monseñor Romero sus homilías donde denunciaba las violaciones de los Derechos Humanos en El Salvador, le costaron la vida.

Fue asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia, en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, en el preciso momento de la eucaristía. Un día antes hizo un enérgico llamamiento al ejército de su país, del cual pongo un extracto: "La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación".

¿Esto también es una cojudés?

2 comentarios:

Stephanie-vs-Ninfa dijo...

Hola, me gustó tu post. Bueno el tema.
Yo soy hija de un testigo de Jehová (religión a la que más respeto) y de una católica (que nunca me bautizó), crecí educada sin presión de pertenecer a alguna iglesia, lo poco o mucho que sé de la BIblia lo aprendí por testigos de Jehová y aún así, nunca me bauticé como significado de pertenecer a esta organización.
Mis papás me dieron la oportunidad de elegir qué quiero o prefiero creer. El problema es que, yo no creo en las religiones como medio para encontrar a Dios.
No sé si existe, me tranquilizaría pensar que no... pues, no me agrada la idea de un Dios que permite tanta porquería e injusticia en el mundo.
Ah otra cosa, tampoco me parece que religión y política deban mezclarse ya que, me recuerdan a las guerras por intereses económicos y de excéntrico poder, que en nombre de Dios, se han desatado, mismas que tantas muertes, miserias y trsiteza han causado en este mundo.

Jvanca. dijo...

La ofrenda
Hasta hace un par de años, sólo se entendía con Dios. Ahora habla con todos y por todos. Cada hijo del pueblo atormentado por los poderosos es el hijo de Dios crucificado; y en el pueblo Dios resucita después de cada crimen que los poderosos cometen. Monseñor Romero, Arzobispo de El Salvador, abremundo, rompemundo, nada tiene que ver ahora con aquel titubeante pastor de almas que los poderosos aplaudían. Ahora el pueblo interrumpe con ovaciones sus homilías que acusan al terrorismo de Estado.

Ayer, domingo, el arzobispo exhortó a los policías y a los soldados a desobedecer la orden de matar a sus hermanos campesinos. En nombre de Cristo, Romero dijo al pueblo salvadoreño: Levántate y anda.

Hoy, lunes, el asesino llega a la iglesia escoltado por dos patrullas policiales. Entra y espera, escondido detrás de una columna. Romero está celebrando misa. Cuando abre los brazos y ofrece el pan y el vino, cuerpo y sangre del pueblo, el asesino aprieta el gatillo.

Eduardo Galeano

no podìa dejar de poner este pedazo