jueves, 18 de diciembre de 2008

CALAMARO COMBI


Tener que soportar el calor que ya está aumentando, tener que soportar el sobaco de los trasnochados o el olor a poto de los que no se bañan, es de por sí una joda para los misios como yo que nos movemos en combi. Sumado a esto, está la insoportable música llamada cumbia norteña que te la repiten una y otra vez, tantas veces tantas que termina por hastiarte, por aburrirte y hasta odiarla.

El Grupo 5, Los Caribeños de no sé qué chucha ya me han colmado los oídos. O las desafinadas canciones de Agua Bella, Bella Bella, Clara bella, Agua Sucia, China fea o Doña Bella. De estas flacas solo deberían grabar videos, pero sin audio, porque para mover el trasero, únicamente, tienen atractivo… ¡Y eso!

Y no es que no me guste la Cumbia, claro que sí me gusta, pero la de la Selva, la que de niño veía bailar a mis padres, tíos y abuela. Juaneco y su combo, Los Mirlos, Los Destellos. Y ahora lo que hace Barrio Calavera y Dany Ska y los Malafama, que sin ser cumbia propiamente dicha, tiene ese saborcito a selva que me hace mover los pies. Y es que por herencia de mi vieja, llevo la selva en la sangre. Al igual que Aníbal Dávalos bajista de los Barrio Calavera, con quien muchos años atrás, escuchábamos estos ritmos en medio de The Clash, Exploited, Kortatu o La Polla Records.

Entonces mi divorcio con la cumbia norteña que transmiten las radios y saturan las combis, es también cuestión de gustos. Algunos tenemos la suerte de tener un Ipod, pero el volumen es a veces tan alto, que preferimos bajarnos, o soportarlo según sea el apuro. Así pues, no nos queda otra que estar resignados a escucharlos hasta que una nueva moda o nuevo esperpento sea propalado por las radios comercialonas.

Pero esta mañana había de pasar algo alucinante.

Al verla me pareció una combi como cualquiera: Vieja, oxidada, con los muebles destripados y el chasis magullado por la desesperanza. Pertenecía a la empresa LIVENTUR que cubre la ruta Avenida Fauccet – avenida Argentina – plaza Dos de Mayo. De solo verla, y de ver al cobrador igual a todos los cobradores de todo Lima, me hicieron tener dudas para abordarla.

Pero los minutos corrían y el deseo de no llegar tarde al trabajo me embarcaron en una nueva aventura, como así me lo había hecho saber un amigo extranjero: “No me puedo ir del Perú si antes no vivir la aventura de viajar en una Combi”. Para él novedad, para nosotros tortura diaria. Así que un día lo subí a una que iba desde su hospedaje en Jesús María por toda la avenida Brasil, la Marina, Fauccet, hasta el aeropuerto. No lo llevé más allá porque su palidez catalana, se había vuelto una transparencia de Nosferatu. Le di a tomar un calmante antes de que se muriera por tanta curva, acelerada y frenada intempestiva. Además del consabido volumen alto de una emisora que difundía la hora del grupo Centella, más los inefables spots publicitarios de los conciertos de la susodicha agrupación.

Entonces, y a sabiendas de lo que me esperaba, me subí sin pensarlo. Una vez instalado sin salir de esa sensación de estar a la defensiva, me di cuenta de que había algo ahí adentro que marcaba la diferencia. Algo que la hacía una dentro de miles, de ser la excepción que confirma la regla.

Como disimulando el oprobio, estaba tapizada de imágenes de Andrés Calamaro: De perfil, de frente, sonriendo, muy serio, con gafas oscuras, sin gafas, peinado, despeinado. Estaban también las portadas de sus discos, desde El Salmón hasta la Lengua Popular. Incluido los Abuelos de la Nada. Desde el lado de los asientos hasta el techo que de tan chato encorvaba a los que iban parados… ¿Y la música que sonaba? Es obvio ¿no?

Sonaba una de las últimas de la Lengua Popular… ¡Cantada por el cobrador y el chofer, a viva voz y con un gran sentimiento! Entre las vociferadas de Fauccet, Fauccett, Argentiiiinaaa, se alternaba el coro de dicha canción: Tengo cada insensatez y me puedo equivocar, si pudiera mataría, por 5 minutos más, tengo abierto el minibar y cerrado el corazón, y solo late, y solo late por los dos…

Mi estupor fue más cuando comenzaron a sonar las más conocidas y dos flacas que fácil iban a la universidad se sumaron al cobrador y al chofer cuando entre no me olvides me dejé nuestros abriles olvidados en el fondo del placard, se apoderó del viaje. Y yo, contagiado, canté también entre preguntas del cobrador sobre si había ido al concierto de hace unos meses. Ante mi afirmación me comenzó a hablar de tal o cual canción, del tal o cual disco, de tal o cual concierto, de tal o cual vídeo. Y yo le respondía con tal o cual respuesta de mi escasa cultura calamar.

También me enteré de su antipatía por el puto de Charly –Sí, así lo dijo: puto como si fuera un vecino de la calle Corrientes con Riobamba– de su odio por el trolo de Fito –En buen peruano: el cabro de Fito Páez– o de que el falopero (coquero) de Joaquín Sabina paraba copiándolo a Andrés y que no le llegaba ni a las pelotas, ¿viste?

Jajaja… Yo no sabía si salir de mi asombro por haber encontrado un programa radial con ruedas dedicado a Andrés Calamaro o si alucinar de que el cobrador se había venido directamente de la villa 11-14 del Bajo Flores en Buenos Aires. O si era tan refana, como así decía él, del Salmón. Tanto así que adoptaba la nacionalidad argentina saltándose los kilómetros de pista y trámites documentarios que nos separan de ese país hermano.

Y eso que no te hablo del chofer que no le importaba ir lento con tal de seguir la letra de Mi Enfermedad o de Salud, Dinero y Amor: Brindo por el momento en que tú y yo nos conocimos, y por los corazones que se han roto en el camino. Brindo por el recuerdo y también por el olvido, brindo porque esta noche un amigo paga el vino... Y a pesar de algunos reclamos para que vaya más rápido, no le faltó el respeto a nadie y nos embaucaba con su forma tan sentida de cantar. Tanto que ya todos adentro lo acompañábamos.

“Y esto es una fiesta, loco, una fiesta…sube, sube todo Faucett… ¿A ver un cachito de asiento pa’ la señorita?”

Y la señorita se sentaba y en su mirada se dibujaba el mismo estupor que seguro todos pusimos cuando nos dimos cuenta de que no estábamos en una combi, sino en una discoteca motorizada de Andrés Calamaro. “Mirá loco, que pronto vamos a reparar todo de la combi y le pondremos un equipo y unos parlantes… ¡qué flor de parlantes tendrá!” Entonces pusieron Tuyo Siempre y el cobrador notó el gesto que hice: “¿Y loco te recordá a alguien?” La sonrisa que di fue más que afirmativa. “Pará, che, y subí el volumen que con esta canción le han partido el corazón, al chavón este” gritó el émulo de la pepa Baldessari al chofer, enterando a todos los demás de que ese tema tenía una historia conmigo…Y como lo subieron no me quedó otra que cantar con ellos por unas cuadras más, porque ya tenía que bajar. Pero antes de hacerlo le pregunté de dónde eran y por qué hablaban así.

“Somos de acá no más, de Ventanilla, loco… ¿Y por qué hablamos así? yyyy dejame ser, o preferís que te diga: Tsss ya pe batería, colabora, colabora, apégate  y avanza pe…”

No le respondí si prefería uno o lo otro, pero al ver que la Calamaro Combi se alejaba llevándose su música, su chofer y a su calamarizado cobrador, me di cuenta de que el Perú es el país de las maravillas, y que a pesar de hincharte las pelotas muchas veces, es el mejor lugar del mundo para vivir… jajajajaja ¿Viste?

6 comentarios:

Jvanca. dijo...

tamare, k se dejen la combi y hagan colectivo para la ruta todo vía expresa carajo k me soplo a los tropicalones a diario.

Jeanina dijo...

jaja..que buena!! A tu pata el gringo le diste un nervocalm-gotas para curarse del susto del transporte masivo en Lima. La combi Calamaro debería tener otras rutas también, porque en la que yo tomo a diario abundan el repugnante latin-pop estilo Colombia y Radio Q, con sus horrorosos locutores? estilo Chiqui. Escuchando a Calamaro yo me haría feliz la ruta completa de la "S". Hace unos meses subí a un micro donde escuchaban Doble 9 y me pareció rarazo. En fin, como dices, es por esas cosas que vale vivir en nuestro Perú, lleno de aventuras y emociones, y no en un país desarrollado donde el transporte es urbano, limpio y considerado con los usuarios...habráse visto, que cosa tan aburrida no?

Anónimo dijo...

No lo puedo creer... mas q la Calamaromanía en la misma combi, me parece locaso q el cobrador te hablara así. Que le llegara al chopin todo y sin roche te hable como le guste. Ah! me datearon que hay combi anarcopuk tambien jajaja aluzina, lo malo es q no se ruta tiene... imagina al cobrador con moikano y lleno de púas.

Un abrazo,
Jipi

MANFREDO dijo...

habla amigo, vas??
En combis asi, claro que si, lleva lleva!!
Muy buena tu crónica Martín, cosas asi son las que nos arreglan el día y nos dejan con la sonrisa mas optimista dibujada en la cara.
Saludos
http://manfredoescribe.blogspot.com

Dian Jan dijo...

Hola!!!! Esta bueno tu post, acabo de publicar el enlace en la pag del Facebook de K-lamares, Comunidad Oficial de Calamaro en Perú:

http://www.facebook.com/pages/K-lamares/46334433601

Saludos

Anna dijo...

Yo quiero tomar esa combiiiiiii!!! =)
q buen post!