martes, 8 de noviembre de 2011

PODEMOS SER HÉROES... (Cuento)

Comparto con ustedes este cuento que forma parte de un tercer libro que pienso publicar pronto, y que llevará el mismo título Podemos ser Héroes... Antes quisiera recomendarles que pongan la canción Heroes de David Bowie (Click para escuchar), para acompañar su lectura.

Podemos ser Héroes...

Para Alessandra

–Una tarde me propusieron  llegar lo más lejos posible, hasta putamadre –dice Jualma.
–¿Si? –dice Iosú– ¿Y quién te propuso eso?
–Una chica, hace años,  en los ochenta; y a pesar del tiempo aún recuerdo ese instante y a ella, como si hubiera sucedido hace unos segundos.
–Anda… A ver cuéntame.
–Fue después de escuchar una canción de David Bowie, ella me tomó de las manos y habló:
–¡Hagamos todo en un día! –dijo Aleh, sonriéndome– Sí, lleguemos lo más lejos posible, hasta putamadre.
–¿Y dónde queda? –le dije–, nunca he ido por allá ¿Acaso conoces?
–Podemos ser héroes –dijo sin escucharme–. Tú serás el rey y yo seré la reina, como en la canción de Bowie.
–¿Y fueron? –pregunta Iosú – ¿Cómo era ella?... ¿Bonita?
–Sí fuimos –responde Jualma–. Era algo rayada. Estaba de lo más normal y de pronto cambiaba de ánimo. La recuerdo con los chancabuques sin lustrar y las medias blancas que la basta alta de su panta|lón de cuadros rojos dejaban ver. Una correa negra con brebiches le caía por un lado de sus caderas. Era clara, no muy  pálida y su cabello negro, parado, hacía resaltar sus ojos claros. Era una subte, como yo.
–¿Subte?
– Ajá, pero más allá de ser una chica linda, tenía un algo que me hacía ir detrás de ella. Tanto así que hasta ahora llevo marcado lo vivido ese día.
–Sí me acuerdo de los subtes y el rock subterráneo. Pero esa música que puteaba a todo el mundo no me gustaba…
–A mí sí me vacilaba… La cosa es que estábamos junto a otros subtes en las escaleras de la universidad Villarreal en La Colmena.
–¿Y qué hacían allí?
–Yo estudiaba en el colegio Guadalupe, y como estaba cerca siempre iba después de clases para hacer hora y escuchar música.
–De razón te paraban jalando en el colegio, vagazo.
– Ja ja ja, nada que ver… Recuerdo que esa tarde estaba con mi uniforme escolar en el puesto de El Omiso. Sonaba una canción de Eskorbuto: Quiero arrojarme al infierno y olvidarme de esta puta sociedad, de la calle, de la cárcel, de la fabrica... ¡Cualquier, cualquier, cualquier lugar!  Una botella de licor barato que llamábamos Trago Antitodo nos calentaba del invierno y la garúa.
–¿Y ella también paraba allí?
–Sí, vivía en Jesús María y varias veces la acompañaba hasta el paradero.
Fumando tronchos, seguro.
Sí, fumábamos cuando se podía; porque ella siempre decía que lo hacía para relajarse, porque le gustaba hacer las cosas lúcidamente. Le llegaba la inconsciencia.
Rayadaza la flaca...
Sí, y no sé por qué esa canción la hizo rayarse más. Cantó fuerte: ¡Cualquier, cualquier lugar! La increíble vida de un ser vulgar. Algunos que estaban borrachos la comenzaron a joder de loca. Eso la rayó aún más.
¡Qué saben ustedes sarta de estériles! –gritó Aleh, mirando a cada uno– Piensan que el mundo cambiará alrededor de un trago barato. Gritan libertad, anarquía y el sistema es una mierda, como si fumar, chupar y dejar que la vida se nos escape por estas veredas frías, fueran la solución.
¡Cállate pastrula!  –le dijo uno que estaba borracho– ¡Tú estás igual de perdida que nosotros, así que no te la des de muy sabelotoda!
¡Qué cosa la insultas, oe! –intervine, más motivado por impresionarla que por valiente– Déjala decir lo que piensa ya que tú ni siquiera haces eso. Tienes la cabeza por las huevas.
Te achoraste –dice Iosú–,  ¿y qué pasó te hicieron la bronca?
No –dice Jualma–, el huevón se paró y después de unos empujones nos separaron. Aleh se había apartado unos metros. La vi bastante afectada y me acerqué.
–No le hagas caso –le dije–, está borracho.
–Nadie entiende nada –dijo sin mirarme–, nada de nada.
–¡Y aprovechaste el pánico y te la chapaste! –dice Iosú.
–No, nada que ver –dice Jualma–. Eran las seis de la tarde y el tráfico estaba fuerte. Entre los kioscos y el bullicio de los microbuses, salió una canción en ingles, ella cantó: I, i will be King, and you, you will be Queen... Fue cuando sonrió, tomó mis manos y dijo: “Hagamos todo en un día, vayámonos hasta putamadre, como en la canción de Bowie”.


–Locaza la flaca, de verdad ¿Y qué hicieron?
–Nos fuimos en busca de putamadre.
–¿Y en dónde estaba?
–En putamadre.
–Ya pe’ no jodas.
Lo mismo le pregunté. No sabíamos dónde estaba. Sólo fuimos en su búsqueda, en algún lugar.
–Vamos, seremos héroes –dijo Aleh, apretando suavemente mis manos–. Tú serás el rey y yo seré la reina como en la canción de Bowie.
–Y fuimos –dice Jualma–. Compramos un trago en un bar del jirón Moquegua. Los borrachines miraban con curiosidad a Aleh, sobre todo por su aspecto. Cuando salíamos uno me dijo: “Oe, si vas a chupar al menos sácate la insignia que yo también soy del Guadalupe”. Le hice caso al toque más por miedo que por respeto al colegio. De ahí, sin dejar de reír, partimos hacia la plaza Dos de Mayo. Cuando llegamos nos sentamos frente al local de la CGTP.
–¿Hey, no que íbamos a putamadre? –le pregunté.
¿No te has dado cuenta de que está en todas partes? –dijo Aleh, mostrándome con las manos la ciudad–: Pronto lo encontraremos o él nos encontrará.
–De verdad qué extraña esa flaca –dice Iosú–, pero igual me hubiese gustado conocerla.
Bebimos en la plaza –dice Jualma–, respirando el smog de los microbuses. Los choros pasaban marcándonos, pero como no teníamos nada de valor, se iban, desilusionados.
–Fácil pudieron ponerse faltosos.
–Quizás, pero ella no se daba cuenta; es más, las veces que la acompañé al paradero no habíamos hablado mucho, pero ese día estaba locuaz. Me contó que sus viejos estaban separados, que su vieja salía con un huevón mucho menor y que cuando llegaba los escuchaba tirar. Tenía que subir el volumen de la música para no arrecharse.
–Ja ja ja. Ese tipo de viejas son las que me gustan, las que van de frente al choque.
–Sí pues –dijo Aleh con naturalidad–, una no es de piedra ¿no? A mí me da igual si se la tiran, la cosa es que me arrechaba. Yo subía el volumen, pero igual seguía gritando de gozo la maldita.
–Su viejo, al parecer –dice Jualma–, ella me lo insinuó, no es invención mía, por si acaso...
¿Qué cosa?
–Su viejo era cabro.
–¡No jodas!
–Mi viejo –dijo Aleh, sonriendo–, la dejó hace tiempo y según mi vieja no la tocaba para nada; supuestamente, no la había dejado por otra mujer ¿Me entiendes, no?
–¡Aaaasu qué fuerte! –dice Iosú– ¿Y eso nomás te dijo?
–Hablamos de varias cosas –dice Jualma–. De libros, de autores, de películas, porque era media intelectual. Se sabía de memoria frases que subrayaba en los libros que leía. Hasta ahora recuerdo su favorita: “No veo la hora de cometer un acto irremediable”.
–¿Sabes quién la dijo? –me preguntó Aleh.
–No –le respondí.
–Pucha, no sabes nada, realmente nadie sabe nada de nada.
–¿Y de quién era? –pregunta Iosú.
–De Jean Paúl Sartre.
–¿Y quién era ese?
–En ese tiempo no lo sabía, pero ahora sé que es un escritor francés.
–Ah ya.


–Luego guardamos el trago en mi mochila y caminamos de la mano por la avenida Alfonso Ugarte, con la sensación de estar volando, mirando a todos por encima del hombro, creidazos.
–Estaban fumados, huevas, eso era.
–Ja, ja, ja… No, nada que ver. En realidad nos sentíamos el rey y la reina. No te imaginas lo que yo sentía y sé que ella también sentía lo mismo, éramos libres a pesar de la gente que pasaba por nuestro lado. Las calles eran nuestras, nadie podía decir que no. Cerca al local del partido aprista, se soltó de mi mano y trotó hacia las rejas.
El partido que gobierna este país –cantó Aleh, sacudiendo las rejas con las manos– ¡Y toda su oposición parlamentaria, las patronales, los sindicatos todos contribuyen a nuestro fracaso!
–¿Qué era eso? –pregunta Iosú.
–Otra canción de Eskorbuto –responde Jualma–. Yo me acerqué y en vez de sacarla me reía de la cara de los apristas. Cantamos juntos: Desde sus poltronas, prometieron solución para todos los problemas de esta nación, ¡Paro! ¡Miseria! ¡Humillación! Fue lo que obtuvimos, sólo una casualidad podrá desatar una reacción.
¡Es un crimen! –gritó el coro, Aleh, con mucho odio– ¡Es un crimen, es un crimen...!
–Pero la tuve que sacar.
–¿Por?
–Porque los matones del APRA, los que llaman búfalos, venían a sacarnos la mierda.
–¡Uy chucha!
–Corrimos tomados de la mano, riéndonos, con esa sensación de volar, empujando a los que se cruzaban, sin que nos importaran los insultos. Cruzamos hacia el colegio Guadalupe, ella vio la pared limpia y sacó de su casaca un pedazo de esponja y un frasco de tinte blanco para zapatos.
–¿Piensas hacer lo que estoy imaginando? –le dije.
–Sí –dijo Aleh avanzando hacia la pared.
–No lo hagas, es mi colegio –le advertí.
–Ya no lo es –dijo agitando el frasco–. Ahora es mío.
–¿Qué hizo? –pregunta Iosú.
–Pintó: No veo la hora de cometer un acto irremediable.
–Su frase…
–Ajá… Lo hacía tan desesperadamente que manchó de gotas blancas el piso y su pantalón. Cuando el portero nos descubrió, cruzamos corriendo la avenida para evitar a los tombos de la comisaría El Sexto, que estaba al lado. La sensación de hacer lo que queríamos, nos hacía ignorar todo y a todos.
–Rayada la flaca.
–Sí. Por un momento pensé en dejarla, que se fuera hasta putamadre sola, pero había algo más que hacía quedarme.
–Lo que pasa es que te la querías tirar, eso era.
–No, nada. Había algo más. Ella misma me dijo: “Si deseas puedes irte”. Pero me negué. Después escribió en la plaza Bolognesi, sin importarle las miradas curiosas. Lo mismo hizo en la iglesia María Auxiliadora.
–¿La misma frase?
–Sí: “No veo la hora de cometer un acto irremediable”, siempre eso.
¿Ya, y qué paso?
–Continuamos por la avenida Brasil y de pronto se detuvo como si hubiera tenido una revelación.
–Hoy pasara algo –dijo Aleh sin soltarse de mi mano–, hay que apresurarnos.
–¿Qué cosa? –le pregunté.
–Hay que darnos prisa  –respondió jalándome.
–¿Y adónde fueron? –pregunta Iosú.
–A su casa –responde Jualma.
–¡No jodas!…¡Puta que esto se está poniendo interesante!
–Vivía por el Campo de Marte y entramos de frente a su cuarto. Era distinto a lo que había imaginado: Muñecas, peluches, libros, casetes, todo bien ordenado y limpio.
–Este es mi mundo –dijo Aleh, dejándose caer sobre la cama.
–¿Qué pensabas, que sería todo punk y subterráneo? –dice Iosú.
–Algo así –dice Jualma– Buscó entre sus cintas y puso Héroes, la canción de Bowie ¿La conoces?
–No, nunca la he escuchado.
–Bueno, la cosa es que sacó el trago de mi mochila y dimos unos sorbos. Los acordes cadenciosos y la voz sensual de Bowie sonaban a volumen más o menos alto. Sospechaba sus intenciones pero no me atrevía a nada. Ella comenzó a acariciarme, muy tierna.
–¿De verdad?
–Sí, y sin dejar de hacerlo, me besó. Yo la seguí y, sin pensarlo, ya estábamos sobre su cama que olía a talco a pesar del olor de mis sobacos… Todo iba tan bien hasta que comenzó a gritar como loca.
–Ahhhh, así, así –dijo Aleh aferrándose de mí con sus manos–, ahhh, aahhh.
–Uffff que rico –dice Iosu.
–Ni tanto porque su vieja estaba en la casa –dice Jualma.
¡Ah no jodas!
–Cállate –le decía a media voz en sus oídos–. No grites mucho.
–Quería vengarse de la vieja –dice Iosú.
–Creo que también la estaba imitando –dice Jualma–. Pero igual, no me hacía caso. Yo sabía que estaba fingiendo, para que escuchara su mamá. Gritaba y era más grosera cada vez. Hasta que golpearon la puerta.
–Aleh –dijo la mamá– ¡Sal inmediatamente!
–No voy a salir, porque estoy tirando –respondió Aleh.
–Sal, maldita perra.
–No. Hago lo que tú misma haces en esta casa.
–Porque es mi casa hago lo que quiero.
–También es mía.
–Acá nada es tuyo, ni tu vida, así que sal inmediatamente.
–¡Se armó viejo! ¿Y tú qué hiciste? –pregunta Iosú.
–¡Puta, causa! –responde Jualma– Estaba encima de ella sin moverme, se me había pasado toda la arrechura. Aleh se levantó y yo hice lo mismo. Al ratito abrió la puerta. La vieja tenía cara de mierda, pero igual era guapa como su hija. En eso y sin que me diera cuenta sonó un lapazo y  Aleh se fue contra mí tomándose el rostro con las manos.
–¡Lárgate de acá perra de mierda! –gritó la mamá señalando la salida– Esta es mi casa y haré lo que yo quiera en ella; y mientras estés acá, tú harás lo que yo te diga.
–Soy perra porque soy una hija de perra –dijo Aleh, mirándola con odio–. Y como perra me iré a tirar a la calle como las perras, no como tú que tiras como perra delante de la perra de tu hija.
–¡Uffff! –dice Iosú– Qué fuerte ¿Y adónde fueron?


–Subimos  a la azotea de su edificio –dice Jualma–. Allí nos sentamos al borde contemplando las luces, la ciudad; y sintiendo la garúa que empezaba a mojar nuestros rostros y las calles. Bebimos del gollete sin hablar. Sentí su respiración como de un odio reprimido. Sacó de su bolsillo grifa y armó un troncho.
–Fácil, después de ese chongazo un tronchito es lo mejor para calmar los nervios.
–Ajá. La pasamos fumando y hablando de las cosas que nos habían sucedido, de los sueños que teníamos, del futuro, de la música, de alguna canción como la de Bowie: We can be heroes, just for one day. Besándonos y también bebiendo, entre risas de nada.
–Fácil que se puso a llorar, porque las mujeres en esas situaciones siempre lloran.
–No. Me dijo que nunca lloraba por alguien que no quería, y ella realmente odiaba a su madre; pero si le hacían algo malo y era alguien que de verdad quería, sí lloraba.
–Extraña, recontra extraña esa flaca.
–Sí, pues…          
–¿Por qué lo haces? ¿Por qué estás a mi lado? ¿Por qué me defendiste? ¿Por qué me estás besando ahora? –dijo Aleh mirándome con esa magia de sus ojos claros–  Nada de esto nos hará felices.
–Al menos nos dará la sensación de serlo –le dije–. De que podemos sentir amor… yo seré el rey y tú serás la reina… ¡Podemos ser héroes, al menos por un día!
–Bien dicho –dice Iosú– ¿y que pasó?
–Nos besamos con cariño –dice Jualma–, sintiendo el calor de nuestros cuerpos en esa noche fría… Íbamos muy bien, hasta que de pronto todo se puso negro en la ciudad y una explosión lejana nos separó.
–¿Qué fue? –pregunta Iosú.
–Un apagón –dijo Aleh tratando de encontrar un foco encendido en la ciudad– ¡Malditos terrucos!
–No tengas miedo, acá arriba estaremos a salvo –le dije–. Esperemos que regrese la luz.
–Ja, ja, te cagaron el vacilón –dice Iosú – ¿Y hasta que hora estuvieron esperando?
–Un buen rato –señala Jualma–. La pasamos abrazados, compartiendo muchas ilusiones. Cuando se terminó el trago bajamos a caminar por las calles que estaban desiertas.
–Nadie entiende nada de nada –dijo Aleh, otra vez, algo ebria–. Sólo tú creo que entiendes. ¿Qué es todo esto? Estar en medio de la oscuridad y los petardos, recibiendo los disparos por encima de nuestras cabezas, como en la canción de Bowie: I can remember, standing by the wall. And the guns shot above our heads. And we kissed as though nothing could fall. And the shame was on the other side. Oh we can beat them forever and ever. Then we could be heroes just for one day… ¿Por qué todo como en la canción de Bowie? Como si ya estuviera escrito, como si estuviéramos condenados de antemano, a sufrir los tiempos que nos han tocado vivir, a no entender nada. Solos tú y yo ¿Por qué?
–Yo también me lo pregunto –le dije–, pero nadie nos lo va a decir. Solos iremos encontrando, aunque creo que serán muchas más preguntas que respuestas.
–Uy curuju, estabas profundo, fácil se  te templó la flaca –dice Iosú.
–No sé, pero lo que sí recuerdo es el beso que me dio en plena avenida –responde Jualma–, me besó como nunca me habían besado, un beso mucho más intenso que los del frustrado polvo en su cuarto.
–¿Solamente se besaron, no le hiciste nada más?
–No, nada.
–¿Cómo que nada? No te la llevaste a un sitio más chévere para hacer verdaderamente el amor.
–No.
–¿Por qué?
–Esta noche hemos encontrado algo –dijo Aleh pegándose a mí pecho–. Voy a escribir en esa pared y nos vamos por allí, hasta putamadre.
–No, mejor salgamos de una vez –le dije.
¿Piensas que todo es malo? –dijo Aleh– No siempre es así.
–¿Y te dejó? –pregunta Iosú.
–Sí –responde Jualma–. Cruzó la pista y cuando estaba escribiendo, salió no sé de dónde una patrulla. Yo estaba en la acera de enfrente.
–¡Tú, alto! –gritó el policía apuntándola con su arma– ¡Contra la pared!
–Ufffff qué mala suerte –dice Iosú.
–La revisaron y le encontraron la grifa –dice Jualma–. Entonces ella comenzó a reclamarle a uno de los policías que estaba sobrepasándose; pero, de refilón me miraba y con sus ojos me decía, que no la abandonara. En mi cabeza sonaba el coro de la canción de Bowie: “We can be heroes, just for one day”.
–No me toques allí, mañoso de mierda –dijo Aleh volteando sin bajar los brazos.
–¡A callar! –gritó el policía que apuntaba con su arma– Así que haciendo pintas subversivas ¿no? ¡Y con marihuana encima! Ahora sube y no abras la boca, carajo.
–¿No te llevaron a ti? –pregunta Iosú.
–Antes que la metan al patrullero me miró –responde Jualma–, y en su rostro había mucho más abandono que horas antes, cuando me propuso hacer todo en un día, para llegar lejos, para ser héroes.
–Tú, el de uniforme escolar ¿qué miras? –preguntó el policía señalándome– ¿La conoces?
–¿Qué hiciste, causa, qué hiciste? –dice Iosú.
–Temblaba, a la firme –dice Jualma–. Todo se había detenido como en una foto, y el tiempo corría en cámara lenta. Miraba los labios del tombo que se movían preguntándome si la conocía; miraba a ella mirándome; miraba las circulinas rojas de la patrulla dar vueltas, tornando de rojo las paredes sucias de las casas; miraba la calle desierta, sin darme ninguna salida, esa calle que pudo ser mía y de Aleh; miraba todo, confundiendo mis sentimientos con la lluvia que humedecía la tristeza de mi vida, la de ella. Sin disimular la cobardía, desperté de pronto.
–¿La conoces? –preguntó el guardia por quinta vez– Tú, el de uniforme, ¿la conoces?
–No, señor, no la conozco –le respondí tartamudeando.
–¿Dijiste eso, anda huevón, en serio? ­–pregunta Iosú.
–Sí –responde Jualma–, estaba muerto de miedo. La metieron dentro del patrullero y arrancaron. Aleh no dejó de mirarme. No estoy muy seguro, pero de sus ojos resbalaban gruesas lágrimas, o quizás lo que vi era la lluvia que mojaba la luna del patrullero. Si lloraba, realmente me quería, pero nunca podré saberlo, fue la última vez, no volví a verla más.
–La cagaste, la cagaste bien feo, causa...
–Sí, pues.
–¿Y no fuiste detrás de ella o a avisar a su vieja?
–No. Me acerqué a la acera, donde había quedado tirado el frasco de tinte blanco olvidado por los tombos. Lo tomé y completé la frase que no le habían dejado terminar a Aleh. Cada letra la escribía apretando con fuerza, salpicando mi chompa y mi pantalón plomo de colegio, manchando el piso con gotas blancas, como si reemplazaran las lágrimas que no se atrevían a caer de mis ojos. Cuando terminé de escribir: “No veo la hora de cometer un acto irremediable”, me fui con la sensación de haber llegado a putamadre.
–Puffff, causa, qué fuerte esa cuestión ¿Y por qué me cuentas todo esto?
–Porque ese día fue como un instante eterno que no puedo olvidar: caminé poco y llegué lejos, amé lo mínimo pero con pasión, fui fiel y también traidor. Todo en un día, todo en un solo día… todo en un solo maldito día, como en la canción de Bowie; como si todo hubiera estado escrito, como ella lo presentía; como si estuviéramos condenados a vivir ese tiempo que nos había tocado, que nos había separado, como si esa fuera nuestra canción o estuviera hecha para nosotros. Yo fui el rey y ella la reina…
–Y también héroe.
–¿Ah?
–¡Héroe!
–Ah, sí, eso también.

Martín Roldán Ruiz


Fotos: Martín Roldán Ruiz

domingo, 6 de noviembre de 2011

GENERACION COCHEBOMBA: Fotoreportaje a Martín Roldán Ruiz.

Una alumna del quinto ciclo de la Universidad Jaime Bausate y Meza, donde estudié a mediados de los noventa, hizo este fotoreportaje para su curso Taller de Fotografía, con el reconocido profesor, Rómulo Luján, quien fue también mi maestro. ¿El motivo? Le encantó mi novela Generación cochebomba. Espero les guste.

“Sentía la necesidad de seguir escribiendo Más y Más”
Texto y fotos: Consuelo Solís Rivera

Antecedentes

Conocí a Martín hace ya buen tiempo, llego a mis manos de casualidad. El terrorismo, los apagones, la inflación, los perros muertos colgados en el centro de Lima, ya me lo habían contado mis padres, mis abuelos pero nunca un joven de 17 años que lo haya vivido.

Martín Roldán Ruiz fue quien en la voz del joven Adrian R, junto a sus amigos Pocho Treblinka, Carlos Desperdicio y el Innombrable, les da forma a esta novela generacional de lo que fueron los 80 para los jóvenes de ese tiempo en su libro: “ Generación Coche Bomba”

Y en su cabeza sonaba punk rock de los 80’ una batería un bajo, una guitarra sin la necesidad de estar afinadas, se agitaban en sus orejas y me imaginaba a Adrian R. caminando, con resaca, por las calles de Breña y ahí lo veía llegar con 41 años encima una casaca deportiva azul con rayas blancas, como el club de sus amores, un blue jeans y unas zapatillas, con las manos en los bolsillos. De lejos me hace una seña con la mano, me dice: Hola con los ojos chinos un domingo de sol, frente al colegio Guadalupe en Breña, av. Alfonso Ugarte.

Algo recio por la mala noche pero aun así amable en sus gestos, me saluda, cruzamos la Av. Alfonso Ugarte, nos adentramos en las calles de Breña, casas antiguas nos rodean mientras él me va contando como escribió su primera novela. Fue en la Bausate me dice, en los juegos florales “yo andaba templado de una chica quien me animo a escribir lo que había sentido en los 80’. Fue un cuento que poco a poco empezó a tener forma de novela, empecé por el segundo capítulo y el tercero y el cuarto y yaaaa…Sentía la necesidad de escribir”

En el año 2007 “Generación Coche bomba” sale a la luz, tras varias correcciones, el rechazo de un editor, las fuertes ganas de publicarla haciendo oídos sordos a las criticas, con el lema “hazlo tu mismo” Martín se encarga de editarlo, de tomar la foto de la portada, en síntesis: de hacerlo todo el mismo con la ayuda de sus amigos.

¿Porque? Quien mejor que él para ser el doctor del parto que daría a luz a su primer libro, considerado una novela total, es decir que engloba a una década entera de lo que se vivió en Lima, en la época del terrorismo con la música, un soundtrack en cada capítulo, para aquellos que vivieron cada apagón, cada cola interminable para ir a recibir un poco de leche, pan, harina y cada cochebomba que podía estallar en sus narices.

-Ves esa casa de ahí, la ploma, en la esquina, aquí fue donde Adrian R. se sentó a llorar la muerte de su padre. Y más allá esta mi casa, su casa.

Martin nos señala los escenarios de los capítulos más emblemáticos del libro, cuando alguien le pasa la voz…Él ya no vive en Breña, ahora reside en el Callao, trabaja en una biblioteca por la universidad mayor de san marcos, pero siempre regresa a su barrio, con los amigos, y es uno de ellos el que le pasa la voz, trae consigo una bandeja, se acerca a nosotros, lo saluda efusivamente: Que tal hermanito, le dice, te traigo un cebichito, 5 lucas nomas. ¿Deseas un ceviche? me pregunta. Algo turbada le respondo que sí. Es bueno para la resaca le digo, claro que sí, coge el tenedor de plástico, empieza a comer. Abro mi morral, saco mi cámara, la prendo, encuadro, y empiezo a chambear.

Martín Roldán Ruiz nació en 1970, en el distrito de Breña. Estudio periodismo en la Universidad Jaime Bausate y Meza. Escribió la novela “Generación Cochebomba” publicada en el 2007 y posteriormente un libro de cuentos sobre fútbol y barras “Este amor no es para cobardes” en el 2009. Colaboro con artículos deportivos para El Comercio y actualmente trabaja en una biblioteca, escribe en su blog generación-cochebomba.blogspot.com y prepara su segunda novela.












Fotos tomadas en la cuadra 4 del jirón Huaraz en Breña, y en el jirón Chincha, exactamente en donde se encontraba la discoteca NO HELDEN, escenarios de la novela Generación cochebomba.

martes, 1 de noviembre de 2011

INSTANTES ETERNOS. Homenaje al fotógrafo Carlos Bendezú


Foto: Carlos Bendezú

Una vez dije que envidiaba a los fotógrafos porque eternizaban un instante en la vida, y que si no fuera por ellos, se perderían en el tiempo como lágrimas bajo la lluvia, como diría el Replicante de la película Blade Runner.

Una fotografía siempre es motivo de sensaciones; que si cumple con su función de comunicar, conmover, y perennizar, va a motivar que la memoria colectiva guarde el mensaje que ha deseado transmitir.

Bien, hoy muy temprano falleció el fotógrafo de la revista CARETAS, Carlos Bendezú, cuyo trabajo en los años de la violencia política han servido para retratar esos tiempos violentos que no deben volver a suceder. Fotos que han sido expuestas en las muestras de la Comisión de la Verdad.

Personalmente le debo el recuerdo de una foto suya que me ayudó a sensibilizarme y que, años despúes, pude plasmar lo que me transmitió, en un capítulo de mi novela Generación cochebomba: La de los perros colgados de los postes, cuando una mañana siniestra, Sendero Luminoso, nos anunciaba que la muerte y la sangre nos iban a ahogar por más de una década. Pongo un extracto de ese capítulo como homenaje al fotógrafo Carlos Bendezú, y con él a todos mis amigos fotógrafos que están eternizando los instantes de la historia actual.

Descanse en paz Carlos Bendezú.

Al amanecer del siguiente día, en las principales calles de Lima, cientos de perros muertos aparecieron colgados de los postes. Amparados por la oscuridad de la noche, manos rojas de sangre los habían colocado allí. Llevaban carteles rojos que decían: “Deng Xiao Ping hijo de perra”. El hedor que despidieron fue sentido, visto, tocado por todos sin distinción, ya no eran solamente los niños... pero nadie comprendió. “Ninguna persona en Lima, dijo el Treblinka, a pesar de que se los dije... ¡Salud!”. “Y así se quedó en el ambiente el hedor a muerto. Para cuando lo de los perros ya me había acostumbrado, ¿Quién chucha sería ese Deng Xiao Ping?, dijo Adrián R, y señalando al fondo agregó: Pocho esa vela se está acabando".

martes, 18 de octubre de 2011

EL CLUB DE LA CALAVERA PIRATA. Cuando la pasión y el compromiso van de la mano.


El último número de la revista ESQUINA, ha publicado el siguiente artículo. Espero les guste.

Recuerda que tu revista “Esquina” la puedes encontrar en los siguientes puntos de distribución: Zeta Bookstore, Centro Cultural España, Centro Cultural Británico de Miraflores, Centro Cultural de la PUCP, Fundación Telefónica, ICPNA, Librería Ibero (av. Mariscal Óscar R. Benavides – Ex Diagonal – 500 Miraflores), Librería Contracultura, Librería Crisol del Jockey Plaza (av.Javier Prado Este 4200) y de Plaza San Miguel (Tienda 55 – 56), ADUNI (av. Bolivia 53, cruce con av. Alfonso Ugarte, Breña), Casa de la Literatura Peruana, en el Bar La Noche de Barranco y en Búho Comunicaciones con oficinas en Alcanfores 492, Of. 412 Edificio Thumberbird. Los interesados en adquirir las revistas pueden llamar al 01 – 2018100 – 999356310.


EL CLUB DE LA CALAVERA PIRATA. Cuando la pasión y el compromiso van de la mano.

Por Martín Roldán Ruiz

Su hinchada la conforman punkis, metaleros, skinheads y antifascistas. Su presidente es gay, y las prostitutas contribuyen con un porcentaje de su tarifa al club. Es el más querido por la población femenina. Y es un ejemplo de que el fútbol puede ir más allá del simple juego. Es el FC. St. Pauli.

EL CLUB DE LAS SIMPATIAS

Fundados en 1910, en el barrio obrero del mismo nombre, el FC. St. Pauli, es un club pequeño económica y deportivamente, del puerto de Hamburgo. Pero, es el más grande en simpatías. Con solo siete temporadas en primera división, posee más de once millones de hinchas, según una encuesta. Y quinientas agrupaciones de fans en Alemania y el mundo, incluida Latinoamérica.

La misma encuesta determinó que tiene mayoría de hinchas mujeres en su país. En los noventa su publicó aumentó de mil seiscientos a veintiún mil fans por partido. Mucho más que un equipo de segunda, e incluso de primera división. ¿A qué se debe esta simpatía?

EL CLUB DE LA IDEOLOGIA

La cercanía del estadio Millerntorn con la zona bohemia e izquierdista de St. Pauli –lugar del squat, Die Rote Flora (La Flor Roja), donde se realizan conciertos y eventos culturales– y el accionar del movimiento Okupa, en los años ochenta, hizo que el vecindario se identificara con las ideas comunistas y anarquistas. Estos vecinos fueron los nuevos aficionados que aumentaron las modestas taquillas del club. Y que le dieron la tendencia contestataria a su hinchada.

Paralelamente, líderes neonazis como Michael Kuhnen, buscaron hacer del fútbol un campo de batalla y reclutamiento. El St. Pauli, no estuvo libre de esta lacra, y una agrupación intentó tener presencia en el estadio. Pero sus hinchas lo impidieron. Esto motivó las represalias de los fascistas.

Después de un triunfo de Alemania, los neonazis decidieron celebrar arrasando la Haffenstrasse, zona de hinchas del St. Pauli. Punks, skinheads, y activistas antisistema, los repelieron. La misma gente que se hace presente en manifestaciones de protesta, con los símbolos del club.

EL CLUB DE LA TOLERANCIA

Estar próximos a la Reeperbahn, la zona roja de Hamburgo, motivaron la filiación de las trabajadoras sexuales y los gays con el equipo. Su presidente Corny Littmann, es un declarado homosexual, quien tomó las riendas del club cuando militaban en tercera división, categoría que casi pierden. Para impedirlo, las prostitutas aportaron voluntariamente un porcentaje de su tarifa para apoyar la permanencia. Y lo lograron. Cuando ascendieron a primera división, firmaron con la empresa erótica Orión, para que produjera veinte mil preservativos con el logo del St. Pauli.

Esto no impidió que sigan siendo antisexistas. El 2002, por presión de los hinchas, el club retiró del estadio, publicidad de la revista masculina MAXIM, por considerarla denigrante para las mujeres.

EL CLUB DE LOS INMIGRANTES

Fueron los primeros en manifestarse contra la xenofobia y el racismo, prohibiendo oficialmente símbolos y manifestaciones nacionalistas. Mientras que a otras hinchadas no les importaba el tema, ellos hicieron campaña, en sus banderas y cánticos. “I love St. Pauli… I hate racism” (Amo a St. Pauli… odio el racismo) es uno de los lemas que adorna polos y banderas del club.

En plena efervescencia del Mundial de Alemania 2006, participaron en el Wild Cup, torneo de países no reconocidos por la FIFA. Gibraltar, Groenlandia, República de St. Pauli, República Turca del Norte de Chipre, y el Tíbet. También organizaron una campaña denominada Viva con agua de St. Pauli para donar dispensadores de agua, para las escuelas de Cuba.

Entre sus jugadores, cuentan con muchos extranjeros, como el peruano Carlos Zambrano.

EL CLUB DEL ROCANROL

Que jugaran un amistoso con Bad Religion. Que Sascha Konietzko, de KMFDM, use el lema St. Pauli gegen Rechts! (St Pauli contra los Nazis). Que Andrew Eldritch, de Sister of Mercy, lleve el polo con la calavera del club en su gira del 2006. Que Turbonegro haya adaptado su tema I got erection, y afirmen ser la banda oficial del club, hacen del St. Pauli un símbolo de la contracultura urbana.

Más aún, cuando los jugadores ingresan a la cancha con las campanadas y guitarreos de Hell Bells de AC/DC. O cuando anotan un gol y celebran con el tema Song 2 de la banda Blur.

EL CLUB DE LOS HINCHAS

El St. Pauli pertenece a sus hinchas, y nada se hace sin consultarlos. Rechazaron el cambio de nombre del estadio a Wilhelm Koch, dirigente que resultó haber pertenecido al partido nazi. Y a pesar de los millones que pierden, han acatado su deseo de no concesionarlo a otra empresa. Por tal motivo siempre apoyan. Su revista el Millerntorn Road vende treinta mil ejemplares. Y en el 2002 fomentaron la campaña Retterektion, que consistía en la venta de polos con sus símbolos y la palabra “Retter” (Salvador). ¡Vendieron ciento cuarenta mil, en seis semanas!

De los hinchas han adoptado la bandera pirata. Por el héroe hamburgués de la edad media, Claus Störtebeker, quien repartía lo que pirateaba entre los más pobres. Por eso también se les conoce como Los Piratas del Elba. Rivales deportivos del Hamburg SV de Paolo Guerrero. Pero, también, de equipos con hinchadas neonazis, como el Hansa Rostock y el Hertha Berlín.

En marzo de este año se estrenó Gegengerade 20359 St. Pauli. Film acerca de sus hinchas y su forma de ver el futbol. Distinta de los que, parafraseando a Karl Marx, lo consideran el moderno opio del pueblo. Que adormece a las masas, de los verdaderos problemas de la sociedad.

Felizmente, el St. Pauli y su hinchada nos demuestran que pasión y compromiso, pueden ir juntos. Para simbolizar y canalizar, la lucha por las causas justas.

En la puerta del bar Jolly Roger donde se reunen los hinchas del St. Pauli.


Placa en memoria a los hinchas y jugadores del St. Pauli que fueron perseguidos o murieron durante la época nazi.




En la tienda del St. Pauli



El frontis del estadio Millertorn del FC St. Pauli


NOI!!!







Cornny Littman, presidente del St. Pauli









La hinchada presente en las marchas de protesta
St. Pauli contra los nazis

Dispensadores de aguara para las escuelas de Cuba

jueves, 13 de octubre de 2011

MARIO VARGAS LLOSA. Entre el mito y la realidad. Prólogo a la 4a Edición.


El sociólogo y doctor en filosofía, Julio Roldán, me envía el prólogo a la cuarta edición de su libro MARIO VARGAS LLOSA ENTRE EL MITO Y LA REALIDAD, posibilidades de un escritor latinoamericano comprometido.

Para que puedan leer el prólogo den click acá.

Y si desean leer el libro pueden clickear acá

Espero sirva a los interesados, para un mayor conocimiento del mayor escritor de la literatura peruana y premio Nobel 2010.