domingo, 27 de abril de 2008

UN VIEJO LIBRERO

Antes de entrar a la primaria, estando aún en el Jardín de la infancia, me propuse demostrarle a mi vieja que ya sabía leer. Lo hice leyéndole una de esas tiras que sacaba el diario Última Hora, titulada Chabuca. Es el recuerdo más lejano que tengo de mi afición por la lectura, que se dio, creo yo, como algo natural.

Mi afición por los libros, en cambio, fue un proceso que se inició con esa famosa enciclopedia Temática en cuyos tomos sobre los dinosaurios, los planetas y sobre todo la Segunda Guerra Mundial, se despertó mi curiosidad y el placer de leer. Posteriormente llegaron los libros sobre ovnis, comics como Condorito, la revista de fútbol Ovación, cuentos de Terror, revistas rockeras como Averock y Esquina. Paralelamente llegaron libros de literatura peruana y universal.

Debo incluir, también, las cachondas revistas que leíamos a escondidas como La Cotorra Jodona y Cosquilla, que entre risa y risa nos empujaba a las ahora pudorosas revistas Zeta, donde aprendimos a reconocer el gusto muy peruano por lo voluptuoso. No puedo dejar de mencionar, también, a las SPH (Solo Para Hombres) o TKCH (obvio) que si tenían algo para leer, nos interesaba solamente en la medida que nos explicará las malabaristas poses sexuales que copaban sus páginas. Recuerdo que en el colegio las alquilaban con el marketero e infalible slogan de: “A cincuenta centavos te rompes el ojo”.

Pero muy aparte de todo esto, tengo un recuerdo muy cercano por una persona que influenció mucho en un tema que me apasiona y que forjó mi inclusión a los libros de historia.

La avenida Venezuela de Breña, en los años ochenta, era una calle copada por puestos donde vendían ropa y toda clase de chucherías. En las noches los faroles de kerosene iluminaban las calles de mi infancia, en una perpetua feria. Siempre hasta las ocho de la noche, hora en que los ambulantes se retiraban dejando unas veredas vacías y tristes, como una tarde de viernes santo. En medio de esos puestos un señor vendía libros y enciclopedias de todo tipo y temas.

Resaltaba con su pequeño puesto, en medio de casacas y pantalones, no solamente por vender libros, sino también por su aspecto sobrio y elegante, de personaje de novela existencialista. Siempre de terno oscuro, con chalequito, camisa blanca y corbata bien anudada. Recuerdo sus zapatones, de modelo antiguo, muy viejos, pero siempre bien lustrados y brillantes. Invierno o verano, su indumentaria era la misma.

Si alguien se acercaba a indagar por algún libro, le exponía el contenido con bastante autoridad. Y más si se traba de la Segunda Guerra Mundial. Ayudado por unas cartulinas, donde él mismo dibujaba a los personajes o los hechos históricos, daba cuenta de los temas que encontrarías en tal o cual libro. El ascenso al poder de Hitler, el problema de los Sudetes checoslovacos, el Anschluss con Austria, el ataque a Polonia, Dunkerke, la caída de París, el plan Barba roja contra la URSS, el exterminio judío, La batalla de Inglaterra, Stalingrado, la toma de Sebastopol, Pearl Harbour, El Día D, la caída de Berlín, las bombas sobre Hiroshima y Nakasaki. Tantos que ya no me acuerdo.

Las cartulinas dibujadas al carboncillo, te mostraban parte de esa historia que me apasiona hasta ahora: Hitler con Chamberlain firmando el pacto que entregaba los Sudetes a Alemania, el Acorazado Hindemburg rodeado y hundido por buques ingleses, el perfil de la fabrica Krasny Octiabr (Octubre rojo) de Stalingrado reducida a fierros retorcidos donde resistieron los rusos, los cadáveres de soldados americanos en las playas de Normandía, un soldado soviético izando la bandera roja sobre el Parlamento de Berlín. Aún recuerdo esos dibujos y me imaginó la pasión con que ese librero las elaboró.

Más aún, esa voz tan tranquila que en pocas palabras te transportaba a los hechos que te narraba, como si estuvieras dentro de un tanque T-34, como si fueras un francotirador SS, como si fueras el soldado de la división Gross Deutschhland marchando por París, o como el soviético que ha tomado por enésima vez la cumbre del Mamayev, o el judío próximo a entrar a las cámaras de gas. Yo volaba en mi imaginación, tanto así que lo creí siempre un sobreviviente de campo de concentración. Su talante esmirriado, su cabello corto y lacio, siempre peinado con raya al costado, lo hacían similar al judío que había dibujado en una de sus cartulinas, cuando trataba el capitulo de la Solución final. Quizá era él, siempre me lo pregunte.

De los libros que casi obligué a mi viejo a comprar, obtuve la base que cimentó mi pasión por ese acontecimiento y por la historia en general. Con los años mis inquietudes e intereses fueron ampliándose y pude ver unas cuantas veces más a ese librero, exponiendo sus cartulinas a nuevos y posibles apasionados por la SGM. También, caminando por las calles de Breña, siempre con su terno oscuro, un maletín en la mano, la cabeza gacha como cargando una culpa, y su andar casi chaplinesco. Siempre con los zapatones viejos pero bien lustrados, marca impecable de su distinción. Con el tiempo desapareció con su puesto de la avenida Venezuela... Hasta hace unos días que lo volví a ver.

Habrán pasado quince, veinte años, no lo sé. Lo vi en la esquina de la avenida Venezuela con Fauccet. Como ya no vivo en Breña me dirigía al paradero para tomar la combi que me llevara a mi nuevo barrio. Entonces fue que apareció como un fantasma de los años de mi infancia. La primera impresión fue verlo igual a mis recuerdos: El terno era marrón, la camisa blanca, la corbata bien anudada, el mismo corte de cabello y la misma raya al costado. También llevaba el mismo maletín. Conforme iba acercándome a él, no podía salir de mi asombro, pero ya más cerca pude comprobar que el terno estaba gastado, no llevaba el chalequito, la camisa estaba algo raída en el cuello, y la corbata estaba descolorida. Muchas canas marcaban la raya del peinado. Andaba como buscando algo que había perdido entre la gente, mirando a cada uno que pasaba por su lado.

Al verme, y cuando yo intentaba un saludo, me paralizó con una petición: “Jovencito no tendrá un sol para que me regale, he perdido el único que tenía y tengo que irme hasta la avenida Perú”. Sin salir del asombro, metí la mano al bolsillo y saqué algunas monedas. Se las puse en la mano extendida, él tomó una de un sol y me devolvió las otras mientras me decía: “Muchas gracias, que Dios lo bendiga”. Se dio media vuelta y se fue por la avenida Venezuela, en dirección a Breña.
Antes que se perdiera entre las sombras, pude notar que sus zapatos eran los mismos, pero no estaban lustrados como antes, estaban llenos de tierra, de tanto caminar hacia ninguna parte.

Foto: David G. kelly

viernes, 11 de abril de 2008

HOMENAJE A BUKOWSKI

Hoy se presenta en la Librería Antigona de Zaragoza España, el libro homenaje al viejo indecente titulada Hank Over/ Resaca. Los responsables son los escritores Patxi Irurzun y Vicente Muñoz Álvarez.

Hank over / Resaca. Un homenaje a Charles Bukowski, es un libro en el que se reúnen relatos y poemas de 37 de los autores más en forma de la literatura española actual: desde miembros de la llamada Generación Nocilla, el fenómeno literario del momento, como Agustín Fernández Mallo, a rockeros como Kutxi Romero, del grupo Marea, pasando por representantes de las diferentes gamas del realismo (Vicente Muñoz, Manuel Vilas, Patxi Irurzun) o poetas de la llamada poesía de No ficción, como David González o Eva Vaz, y diferentes y polémicos francotiradores (Hernán Migoya, Miquel Silvestre...) Este libro, editado por el veterano Constantino Bértolo en Caballo de Troya, sello del Grupo Mondadori, y con portada del dibujante Miguel Ángel Martín, toda una institución del comic en España e Italia, es un homenaje a un autor como Bukowski que ha influido en toda una generación de autores, y del que estos dan su visión, de un modo nada reverencial. Y es sobre todo el mejor escaparate de lo que se está cociendo actualmente en los fogones de la literatura española, y de donde saldrán algunos de los autores que darán, que ya están dando que hablar en los próximos años.

El libro, antes de ser publicado ya ha despertado interés, ha sido reseñado en suplementos culturales como Babelia (El País)o Calle 20 (20 minutos, el diario gratuito de mayor tirada en España). Además, su blog http://hankover.blogspot.com, recibe miles de visitas, y de colaboraciones de otros autores que han quedado fuera de la antología.

Será editado y distribuido en España y en algunas librerías de países como Perú, Argentina, México o Colombia.

Es todo un acontecimiento, tanto para los seguidores de Bukowski, como para una generación de escritores emergentes, que han encontrado en la antología la excusa perfecta para reivindicar sus obras.


Resaca/Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski. Selección y prólogos: Patxi Irurzun & Vicente Muñoz Álvarez. Caballo de Troya, 2008. Pronto en todas las librerías de Lima.

martes, 8 de abril de 2008

ESKORBUTO: HISTORIA TRISTE

Hace uno años me lo trajo un amigo desde el otro lado del Atlantico, en dos días lo acabé. Era el libro Historia triste de Diego Cerdán, la biografía de la banda más honesta que ha pisado la tierra: Eskorbuto. Para los que escuchamos rock subte, fue el grupo que nos cambió la vida. Por muchos años ignoramos muchas cosas de ellos. Desde 1986 en que escuché por primera vez el Lp Eskizofrenia hasta el 2004 en que leí este libro, recién me enteré de ciertos aspectos de su acelerada y más macabra de sus vidas. Pude comprobar que no me equivoqué cuando lo hice el grupo de mi adolescencia, y que sus canciones son himnos para mí y para muchos de mi generación. Rescato una reseña hecha por mi causita Patxi Irurzun de su blog: http://hankover.blogspot.com/

(la foto es de Juantxo Rodríguez, asesinado en Panamá por el ejército de los Estados Unidos)

Algún día, si todavía queda algo de honradez, alguien rodará una película que cuente aquella historia triste pero rabiosa que fue Eskorbuto. Una historia a pecho descubierto, en la que se transparente un corazón con dos caras, por una lado sus venas remendadas a picotazos mortales, por otra ese mismo corazón musculado en la rebeldía, la sinceridad brutal, y el valor algo suicida de aquellos que prefirieron morir a vivir cobardemente.

Alguien rodará esa película si todavía queda algo de honradez y también de memoria, esa memoria que se pierde entre las páginas de los libros de historia y que sin embargo es la verdadera Historia, la que vivieron los hombres y mujeres anónimos, la de los bares, las fábricas, los bloques de viviendas... La de, en este caso, las calles, las casas ocupadas, las furgonetas de la policía y los siniestros calabozos -algunas cosas nunca cambian-... La historia de una generación perdida, desaparecida, borrada de esa Historia con mayúsculas durante los salvajes y felices años ochenta por aquel holocausto con minúsculas que fue la heroína y el bicho, el SIDA, y también una vida que se quedaba pequeña, aburrida, fea y abocaba por ello inevitablemente a la muerte. Una generación que merece justicia histórica y que, aunque descreída, escéptica, recelosa de etiquetas, idolatrías y cualquier otra palabra que atentara contra la libertad individual, que la diluyera entre una multitud aborregada(las multitudes son un estorbo), tuvo también sus mártires, como Iosu y Jualma, los dos miembros de Eskorbuto muertos en aquel combate contra la rutina y contra aquella emergente democracia de mentirijillas en la que seguía habiendo mucha policía y poca diversión. Una película en tonos grises, oscurecidos por el humo de fábricas que cerraban de un día para otro en la margen izquierda del Nervión, y por la que deambulen de las filas del INEM a los primeros gaztetxes , de las comisarías a las bajeras, jóvenes con pelos largos y caras enfermas que se cagaban en dios, en la patria -daba igual como se llamara- y en un rey por cuya calavera estaban dispuestos a cortarse los testículos.

Entretanto, mientras llega la película, Eskorbuto, al menos ya tiene un libro, una biografía que recoge en buena parte lo que fue la Historia Triste de aquella banda que se hacía llamar la más honrada del mundo. Historia Triste, además de un testimonio histórico de la vida salvaje en los años 80, es una biblia atea para los eskorbutines, los fieles seguidores del grupo, aquellos que en aquella época se convertían en escudos humanos para los hostias que le llovían al mismo desde todos los lados ("En España nos llaman terroristas; en Euskadi nazis", solían decir, pues además de sus enemigos naturales -los militares, los partidos...- se enfrentaron también con lo que ellos consideraban un montaje comercial y político, el Rock Radikal Vasco, arremetieron contra las Gestoras Pro-Amnistía al sentirse desprotegidos tras una detención en Madrid, pasaje del que se da cuenta repetidamente en el libro...), y que pasados los años ven -estos eskorbutines- como muchos de los que en vida odiaban a Iosu y Jualma citan ahora sus frases, aquellas frases que eran puras sentencias.

"Historia triste" reúne una completa biografía del grupo (incluidos algunos memorias del propio Iosu Expósito), todas sus letras, recuerdos de personas que estuvieron próximas a ellos -Fermín Muguruza, Roberto Mosso...-, fotos inéditas, artículos periodísticos... Curiosamente parece que hablar de Eskorbuto forzaba a escribir muy bien (Pablo Cabeza, Josu Arteaga, Oscar Beorlegi), con una profundidad inusitada. Tal vez porque Eskorbuto no era sino una versión encuerada a ritmo punk-rock de la filosofía, las dudas que a lo largo de los siglos han asolado al ser humano: dios, la enfermedad, el sueño, la muerte...

Libro: Ediciones Marcianas, Madrid 2001. apdo 156.228 28080 Madrid diegocerdan@terra.es
Patxi Irurzun

lunes, 7 de abril de 2008

TODOS SOMOS RACISTAS

De alguna u otra forma, directa o indirectamente somos racistas... ¡Y no digan que no! A pesar de que no me fijo en el color a la hora de interactuar con las personas, lo he sido varias veces. Pero no ha sido por las santas huevas, sino única y exclusivamente con quien se manifestaba racista conmigo o con alguien cercano a mí, llámese familiar, amigo o anónimo transeúnte.

Para que exista el racismo tiene que haber una dualidad de acomplejados. Uno que se cree más y otro que se cree menos. En la negación del otro está la identidad del primero. Y en la sumisión del segundo, la afirmación. Alfredo Vanini, en el último suplemento Domingo de La República pone el ejemplo.

“Tenía un compañero del colegio primario, hijo de huancaínos, extremadamente grande y fuerte en comparación a todo el resto de alumnos. En las peleas, este muchacho podía pulverizar fácilmente a cualquiera que lo retara a los puños, pero lo he visto desmoronarse, casi literalmente, cuando su ocasional adversario pronunciaba ‘serrano de mierda’. Como si la sola frase lanzara sobre él flechas invisibles que lo debilitaban, como si él reconociese en esa frase (sin duda muchas veces escuchada) la condición de una inferioridad a priori”.

¿Alguno de ustedes se siente inferior de ser como es como el niño arriba mencionado?... ¿Sí?... ¿No?... Primeramente partamos o reconozcamos lo que somos o cómo somos físicamente. Yo empiezo: Tengo el cabello trinchudo, de color negro con canas y los ojos marrones claros; los pelos de la barba hasta los 25 años fueron rojizos de allí se volvieron blancos, mi faz es clara u oscura según la estación, pero el resto de piel a la que no le da el Sol es tan blanca que me avergüenza mostrarlas si es que antes no las he expuesto a los rayos solares. Según lo que me dice el espejo soy un mestizo claro o algo así… ¡Qué sé yo!

Si fuera un acomplejado buscaría en mi chasis, el más mínimo rasgo de blancura, el cual sería un escalón arriba para sentirme por encima de los demás. Y, si también lo fuera del otro modo, me sentiría dos o tres escalones menos por mis pelos y mi cara de cholo. Afortunadamente no me acomplejo en ninguna de las dos formas.

Cuando era niño en mi barrio de Breña escuché a unas niñas cholear a alguien. Más tarde y muy desconcertado le pregunté a mi viejo qué era ser cholo. No recuerdo todo el discurso, pero recuerdo lo esencial. "En el Perú, todos somos cholos, así que esas niñas no son diferentes al niño que cholean". Días después, las mismas niñas reincidieron en su despectiva actitud y les endosé en la cara que en el Perú todos somos cholos. La de mayor edad me preguntó casi con curiosidad: ¿Y tú te consideras cholo? Mi respuesta fue sí. Hasta ahora recuerdo la cara que puso. Más que cholo creo que me consideró un marciano. Para esos años, mediados de los setenta, nadie en su sano juicio afirmaba tan alegremente ser un cholo, salvo Luís Abanto Morales.

El no ser ni blanco ni cholo, amarillo o negro, o tener de todo un poco, me ha causado una serie de situaciones que me llevan a reafirmar que todos somos racistas, de alguna u otra forma, y en determinados momentos de nuestras vidas. Y que los complejos son la base del problema. Por ejemplo, el frecuentar barrios marginales y alejados de la ciudad, donde por mi forma de vestir y por ser algo más claro, fui considerado un blancón, un pitucón, digno de ser despedido a patadas de su territorio. Algunos de buena manera se referían a mí como el colorao. Asumo que esto último será un intermedio entre el blanco y el cholo. ¡Beto a saber!

En algunos de esos barrios he sentido en one la marcada que te meten algunos, como diciéndote: Tú acá no te la vas a dar de pendejo por no ser como nosotros. Nunca he pensado en pasármela de pendejo por ser más claro que alguien; pero, al parecer, otros si lo asumen como una posibilidad y se ponen en guardia ¿Complejo de inferioridad? En 1990 un chinito con cara de bodeguero se pasó de pendejo y nos hizo cholitos a todos, pero nadie sospechó de él por sus ojitos.

Gratuitamente, también, he padecido el despectivo adjetivo de blanquito o pituquito, que creo viene a ser lo mismo, aunque el diminutivo los hace sinónimos de cobarde o maricón. Lo curioso es que el asolapado insulto, no era exclusivo de gente que se puede considerar cobrisa, por no decir cholos, sino también de uno que otro que tenía la epidermis más alba que la mía. Quizá su sentido de pertenencia a un lugar de cholos, los hacía daltónicos a la hora de verme frente a ellos.

Pero también, en este continuo andar que es la vida, he frecuentado zonas de blancos, donde la misma mirada de marcación se repite, pero ya desde el otro lado y matiz. ¿Y este cholo qué hace acá? E, igual que cuando piensan que me la quiero pasar de pendejo por mi color, no estoy pensando en lo cholo que soy, cuando voy a un lugar de blancos o blanquitos. Y, cosa curiosa, al igual que en las otras zonas, hay sus cholos que se sienten blancos y te ven como distinto, basta escucharlos nada más... ¿El sentido de pertenencia o el acomplejamiento?

A mí, realmente, no me jode que me consideren cholo, blanco, zambo, cobriso, sacalagua, chichosam, colorao, andavete o notentiendo. No pierdo el tiempo en huevadas, porque ni yo mismo puedo definirme dentro de esas seudo categorías. Pero, tampoco voy a sentirme menos porque un cholo me dice blanquito o pituquito, ni tampoco cuando un blanquito o pituquito me insulta de cholo. Más, aún si en ambos casos el adjetivo viene con el agregado de De Mierda. Ahí sí que se me sale lo indio que tengo en mi sangre y reviento con todo. En ninguno de los dos casos me bajo como el ex condiscípulo de Alfredo Vanini, porque no me siento menos que nadie, por mi condición, color o procedencia. Nunca me he fijado en las personas por eso. Pero si alguien me insulta de cholo de mierda o blanquito de mierda, o de lo que sea, pues yo también respondo con un cholo de mierda, blanquito de mierda, negro de mierda o chino de mierda, a según.

Y pongo el ejemplo. En el año 2004 viajé con la barra de Alianza Lima a Quito Ecuador, para el partido contra LDU. Éramos treinta punteros, como decimos nosotros, de todos los pelos y colores. Pues bien nos dieron entradas para la segunda bandeja de la popular sur, precisamente donde se coloca su barra brava llamada La Muerte Blanca. Cuando ingresamos, los barristas de LDU se nos vinieron encima, pero supimos repelerlos. La policía, ¡Sólo cinco policías!, separaron la tribuna. Y comenzó la guerra de insultos. Cosa curiosa, unos diez Skinheads, o mejor dicho Boneheads*, eran los que lideraban ese sector. Ya se imaginaran los insultos: Cholos de mierda, peruanos de mierda, indios de mierda, váyanse a sus polladas, hijos de la señorita Laura (Sí, por la bruja ésa, que será tema para otro post) Ninguno de nosotros no sentimos menos por los insultos, más bien, nos sentimos orgullosamente cholos, orgullosamente indios.
De esos diez pelados “neonazis” sólo cuatro eran blancos, el resto eran igual de piel que nosotros. Incluso había uno con cara de perro que era medio zambo, al que se la tenía jurada porque era el más racista de todos. Para buena suerte de nosotros y mala de ellos, quisieron meterse por unos de los túneles hacia nuestro lado. Al puño puño corrieron y dejaron abandonados a dos. Hubiera deseado que uno sea el cara de perro, mala suerte, había sido de los primeros en correr, pero quedó uno de los blanquitos más entusiastas en decirnos cholos de mierda.

No me creo más ni menos por esto. Pero, sin llegar a sentirme un etnocacerista, no voy a negar que sentía gusto, mientras le pateaba la cabeza. Porque ese blanquito racista, iba a recordar toda su vida que este cholo, este indio de mierda le había sacado la puta de su madre.

* Boneheads: Cabezas huecas. Así llaman los Skinheads antirracistas a los neonazis para diferenciarse de ellos, ya que el movimiento skin, nació sin ningún tipo de prejuicio racial.

lunes, 24 de marzo de 2008

UNA REVERENDA COJUDES

No soy religioso, es decir, no soy de aquellos que creen. Que sienta y desee que hay un algo por encima de nosotros, no apunta a que yo crea en el dogma de la iglesia por la cual fui bautizado. Mi conciencia de Dios, de la vida, del bien y del mal, no pasa por el catecismo.

Como dice la canción del grupo subte, Radicales: Ni bien nacido te bautizaran y a ser cristiano te condenaran, fui ungido católico por la mano de un sacerdote franciscano de la Iglesia de los Descalzos, en el rico Rímac, al año de nacido. No soy creyente lo recalco, pero guardo un profundo respeto por aquellos que sí profesan cualquier fe. Porque creo en lo innato que es al ser humano, esa espiritualidad, esa comunión, que se ve en alguna demostración religiosa, sea cual sea el credo.

Pero, a pesar de mi apostasía, no puedo evitar persignarme mecánicamente cuando paso por alguna iglesia o cuando veo la imagen del Señor de los Milagros o a la Virgen de Guadalupe. Y, también, a opinar sobre ciertas cosas relacionadas a la religión, así me tenga que estrellar con siglos de teología. Es que basta tener sentido común para reflexionar sobre estos temas.

Ayer, en su homilía, El cardenal Cipriani, dijo que el marxismo había fracasado como doctrina humana. Como nos tiene acostumbrado el cardenal, siempre le gusta meter su cuchara en cuestiones políticas, más si se trata de defenestrar con ideologías con las que no comulga el Opus Dei.

Por allí alguien dirá que tiene derecho como ser humano a opinar desde una posición política, todo bien hasta allí. Por allí alguien puede decir que es el representante de la iglesia en el Perú y su voz tiene valor, todo bien allí. Pero hay cosas que hacen tener dudas sobre la escrupulosidad del cardenal

La Comisión de la Verdad y Reconciliación, cuestiona mucho al cardenal Cipriani por su nula participación en la defensa de los Derechos Humanos, cuando se desempeñaba como obispo auxiliar en la ciudad de Ayacucho. Punto álgido de los delitos de lesa humanidad, tanto de las fuerzas armadas como de los grupos subversivos.

Cuando salió a luz el documento de la Comisión de la Verdad sobre este asunto, muchos salieron en defensa de Juan Luis Cipriani. Incluso el año pasado el periodista Federico Prieto Celli, escribió el libro El trigo y la cizaña. Radiografía de una conjura contra el cardenal Cipriani, donde se muestra crítico con la CVR en relación al cardenal.
En un articulo sobre dicho libro, sacado del portal http://www.aceprensa.com/, llama a la curiosidad que uno de los argumentos, que esgrimen para la defensa del prelado, es la siguiente: Acusaciones graves, pero según lo sostiene Prieto, gratuitas y sólo entendibles desde la perspectiva ideológica de la teología de la liberación, asumida acríticamente por los comisionados de la CVR, quienes alaban unilateralmente el trabajo de las diócesis que asumieron prácticas pastorales liberacionistas. Llama la atención, por eso, que la CVR ignore los documentos críticos del Magisterio de la Iglesia de los años 1984 y 1986 que pusieron en entredicho los fundamentos teóricos y las prácticas pastorales de algunos obispos del Perú que identificaban el compromiso cristiano con la praxis política de izquierda. Entre otras cosas, el documento de 1986 (Libertatis conscientia) decía que “no toca a los Pastores de la Iglesia intervenir directamente en la construcción política y en la organización de la vida social. Esta tarea forma parte de la vocación de los laicos que actúan por propia iniciativa con sus conciudadanos”. La Conferencia Episcopal Peruana había hecho las mismas reservas en un documento de 1984.

O sea, el tio Cipriani obedecía una directiva de la Iglesia Católica. Por eso apeló a no ver, no oír, no hablar, sobre lo que pasaba en materia de Derechos Humanos, en la ciudad donde hacía labor pastoral. Mejor dicho, se le recomendaba a los pastores a no intervenir en política, y él fue muy obediente. Todo bien entonces….Pero, si ése es uno de los argumentos para justificar su silencio, en esos años, entonces por qué ahora mueve su lengua para hablar de política. ¿O es que la iglesia ya sacó otro documento donde sí justifica hablar, siempre y cuando sea contra las ideologías de izquierda?

Porque si el marxismo ha fracasado, el mundo cristiano, occidental, globalizado y liberal, está yendo por el mismo camino. Pero, nuestro cardenal, no dice nada: la pobreza, el desempleo, la crisis de los valores, de la familia, la delincuencia, son consecuencias de un sistema que no ve más allá del movimiento de la oferta y la demanda. ¿Qué queda entonces? El consuelo de Cipriani para todos los creyentes: La paz trascendental que nos dará el reino de Dios.

Los muertos, los torturados, los desaparecidos, estarán ahora agradeciéndole de estar disfrutando de la eternidad a la diestra de nuestro Señor Padre.

Curiosamente, esto fue dicho en la víspera del 28 aniversario de la muerte de otro sacerdote, pero totalmente opuesto, en muchos aspectos, monseñor Oscar Arnulfo Romero, Arzobispo Metropolitano de San Salvador, capital de El Salvador.

Si para el cardenal Juan Luis Cipriani, los Derechos Humanos son una reverenda cojudés, para Monseñor Romero sus homilías donde denunciaba las violaciones de los Derechos Humanos en El Salvador, le costaron la vida.

Fue asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras oficiaba una misa en la capilla del hospital de La Divina Providencia, en la colonia Miramonte de San Salvador. Un disparo hecho por un francotirador impactó en su corazón, en el preciso momento de la eucaristía. Un día antes hizo un enérgico llamamiento al ejército de su país, del cual pongo un extracto: "La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación".

¿Esto también es una cojudés?

lunes, 3 de marzo de 2008

¡LIBERTAD PARA MELISSA PATIÑO!

"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí" (Martin Niemoeller, atribuido erroneamente a Bertolt Brecht, pero igual es)

La joven gestora cultural y poeta Melissa Rocío Patiño Hinostroza (20 años) ha sido detenida y acusada de terrorista por asistir como promotora cultural y comunicadora social a un encuentro político de Coordinadora Bolivariana de Ecuador.

Melissa Patiño es miembro del grupo cultural "Círculo del sur" grupo que reúne a jóvenes poetas que organizan recitales en Lima sur. Además, participa en la producción del programa "Todas las voces" de radio Stereo Villa 101.7. Es estudiante de administración en la universidad de San Marcos, tiene 20 años.

¿Qué hacía Melissa con la coordinadora Bolivariana? La historia es la siguiente: el director y conductor del programa radial, Luis Enrique Amaya Álvarez, recibió la invitación de la Coordinadora Continental Bolivariana para asistir a este encuentro en su calidad de hombre de radio.

El II encuentro de la Coordinadora Continental Bolivariana (CCB), congregó a alrededor de 800 delegados de Cuba, Venezuela, Perú, Uruguay, Brasil, Bolivia y se hizo a puertas abiertas en Ecuador, con conocimiento de las autoridades de ese país.

Cuando terminó el encuentro, Mellissa fue subida a un bus por los organizadores del evento junto a muchas otras personas. En ese bus iban otras seis personas que ahora la policía sindica como "mandos del MRTA".

Los abajo firmantes que conocemos a Melissa Patiño sabemos que ni sus acciones ni su posición política tienen cercanía alguna al de algún movimiento subversivo marxista leninista peruano o internacional.

Sabemos que ha sido detenida sin que exista prueba alguna en su contra de algún delito que haya cometido y que ha sido privada de su libertad en un abuso de autoridad intolerable.Los abajo firmantes exigimos su inmediata libertad.

FOTO: Reunión de poetas. Armando Alzamora, Enrique Verástegui, Florentino Díaz y Melissa Patiño.

jueves, 28 de febrero de 2008

DESDE EL CEMENTO DE LA POPULAR

Tantas cosas pueden cambiar en tan poco tiempo, tantas cosas vas perdiendo cada día, y tantas cosas también llegan a ti, como paliativos a esos golpes que te hacen pensar, si realmente es correcta la forma como ofreces tu vida, tu alma y tu pasión. Porque cuando tú pensaste que hacías bien las cosas, una indiferencia total te enfría el alma, de pronto, y te parte el corazón en dos, y te hace preguntarte si aún el sentimiento está presente.

La espera por una sonrisa que se hizo costumbre, el latir de un corazón que lo sentías como tuyo, y que se dejó morir porque una de las partes ya no le entusiasmaba tu cántico, no le deslumbraba tu cariño, y tu mirada ya no le hacía brillar los ojos, que sin palabras te decían te quiero, eres mi vida, mi tristeza y mi alegría. Y lo que queda es ir solo pensando en lo que fue, allí donde las voces se juntan para dar vida a un pueblo. Y tú perderte entre ellos para olvidar que tuviste alguien en quien creer, en quien depositar tu orgullo, como lo hiciste ayer en medio de la popular sur, pensando en el amor culminado, el mismo que un día feliz, viste caminar al borde de la cancha.

Y pensaste que la tristeza sería menos pesada cuando eres rugir de hinchada y salto de cemento, cuando creíste que te convertirías en bandera, para flamear al viento, esa poca alegría que aún te queda y que las penas se irían lejos al grito del primer gol del año. Pero no, no fue así y tu tristeza fue más triste todavía y tu corazón continuó igual de partido que esa tribuna, que si bien no lo estaba, daba la impresión de estar vacía.

Porque pensaste que este juego siempre fue de a dos, porque lanzabas un pase y recibías igual, y porque al recibirla, te llenabas de muchas ganas de vivir y de gritar que la pasión nunca iba a terminar. Porque las calles también jugaron para los dos, porque los colores siempre fueron de a dos, porque nunca un malecón fue tan nuestro, como los campeonatos que ganamos y que también perdimos. Porque la distancia es pase errado, disparo fallado, un beso al pecho, donde arde tu mano, mi mano, las que caminaban entrelazadas como equipo e hinchada rumbo a un objetivo.

Por eso el reencuentro de ayer no fue contigo, no fue con nadie… ¡fue con todos! Y el bombo era ese corazón que habías perdido. Porque lo vacíos que llenaba no se lo pediste tú, te los colmó sin pedir nada a cambio. Y sí, pues, tú no le dirías no a ese latir de una popular que te enseñó a amar sin condiciones, que te sacó del gran vacío en que te encontrabas, cuando las malas lenguas te decían que no eras nadie en quien creer, nadie a quien amar, nadie a quien respetar.


Pero ahora es distinto, y ya la caída está consumada, con herida en el costado que duele mucho más, porque sabes, y lo tienes bien claro, que corriste toda la cancha, que pusiste la pierna fuerte, que dejaste la piel y que, a pesar de eso, el gol nunca llegó. No porque tú no lo buscaras, sino porque no te lo permitieron, porque se olvidaron de ti, porque no te hicieron barra a pesar de tu esfuerzo. Así es la vida ¿no?

Sé, que a pesar de todo, de la derrota de ayer y del Antesdeayer, la pasión y el sentimiento no han acabado aún, como la voz de una hinchada que está esperando el volvernos a ver, el volvernos a encontrar, ya no por juegos amistosos sino por algo de verdad. Para que la emoción se haga color de camiseta, como las veces que de la mano veíamos las tardes caer sobre el mar, entre matices de color azul y blanco, como tú, como yo, como el sentimiento.

domingo, 24 de febrero de 2008

MARX MATO A LENIN

Curioso titular que bien podríamos imaginar en la pagina central de alguna sesuda revista, en donde se analiza el fin de la utopía socialista y el triunfo de la “libertad”. Quizá también una reinterpretación de los postulados económico – histórico – materialistas o alguna nueva manifestación del revisionismo contraculturoso.

Pero no es así. Más allá de categorías dialécticas, la historia sucedió en la vida real, y no fue en la Rusia pre revolucionaria o post perestroika. Ni en la Alemania durante la revuelta espartaquista. Aconteció aquisito nomás en el distrito de Vitarte, que para los alternosenderistas –Seguidores de El otro sendero– es uno de los espacios donde reside la fuerza pujante del capital y la modernidad peruana; en suma, donde la práctica, concreta sus credos liberales.

¿Pero qué carajo hacen Marx y Lenin en el territorio de la nueva utopía del Perú? Pues simplemente, participar de ella cada uno de la forma como la vida y las condiciones objetivas se les presentaron.

Marx Arotingo Ortiz, comprendió desde muy joven que si quería salir adelante, el trabajo honrado y el esfuerzo serían la mejor forma de conseguir el progreso, de acercarse a la utopía. De trabajo en trabajo y de esfuerzo en esfuerzo fue consiguiendo las mejoras que anhelaba alcanzar. Aún le faltaba mucho, pero a los veintinueve años la vida es un horizonte oscuro donde algún día se alzaría la aurora roja, como creían los gonzalistas. Él, veía ese amanecer de una forma opuesta: No creía que el poder nacía del fúsil, sino que el progreso nacía trabajando en la industria con mayor proyección del espectro neoliberal de nuestra patria, en una fabrica de confecciones de ropa. Era un obrero que vendía su fuerza de trabajo, un asalariado... un proletariado, como así lo sentenció en el siglo XIX, el viejo Karl Marx.

Su hermano menor, Lenin Arotingo Ortiz, en cambio, optó por otra de las alternativas que el actual modelo económico ofrece a la gran mayoría de desplazados –No solo territorial, sino también de oportunidades concretas y sólidas– Esa alternativa era el dinero fácil. A sus veinticinco años ya había pisado "Maranguita” y hasta hace poco estuvo preso en el penal de Lurigancho. Él no se alzaba contra los que tenían, no cantaba: Arriba los parias del mundo, para hacer que el tirano caiga y los siervos del mundo liberar. Tampoco creía que la propiedad sea un robo y había que expropiarla. Lamentablemente este Lenin, era de otro tipo. El vicio y lo fácil lo llevaban a confiscar las pertenencias de los que como él, no poseían mucho: sus vecinos, incluida su familia y su propia madre.

Esta diferencia de visiones del mundo hacía que Marx y Lenin tuvieran más de un encontronazo, más de un conflicto laboral, más de una lucha de clases. El obrero contra el lumpen proletariat

Hasta que un día Marx explotó. Lenin –A quien mejor le caería el nombre de Stalin– había llegado a la casa familiar, como siempre lo había hecho los fines de semana, a llevarse algo, cuando no encontraba a un vecino o a algún despistado a quien robarle hasta el cansancio del trabajo recién remunerado. Qué estaría planeando o que estaría angustiando que le exigió a su hermano, le entregara el arma que tenía para su seguridad personal (¿?) Ante la negativa vinieron las amenazas y las agresiones. La madre de ambos, intervino, pero una mano acostumbrada a no importarle nada, se alzó contra ella, una y otra vez... como había sucedido tantas veces tantas.

Y como se dio cuenta que nada conseguiría con esos golpes a su madre y a su hermano, que ya eran más que golpes, atentados, tomó el balón de gas y trato de cortar la válvula con un cuchillo, con la idea de incendiar la casa. Pensaba ser la chispa que incendiaría la pradera, el asalto al palacio de invierno.

Cansado ya de tanto, abuso, de tanta humillación, de tanta vejación, Marx hizo dos disparos, según refirió después, para asustarlo; pero, las balas fueron directamente al corazón de su hermano que dejó de existir en el acto. Sabiendo de su responsabilidad asumió su culpa como siempre había asumido sus actos. Espero ensimismado a la policía repitiendo: “Ya no aguantaba más, estaba harto”. ¿De dónde había salido esa arma? Esa es la gran pregunta. Lo cierto es que siempre hay un arma a la mano de los que oprimen, y también de los que están hartos de la opresión.

La utopía liberal se había acabado para Marx y también para Lenin. Al igual que la utopía socialista.

viernes, 22 de febrero de 2008

37 + 28

FOTO: Rocío Farfán Salazar

Al ayer...

Treintaisiete veces más veintiocho
Besan el malecón nuestro
De cada día


Al frente
El futuro es mar de noche
Y el anhelo
Una vuelta hacia otra esquina

Las manos que tocan
Cuántas veces tantas
No recuerdan el olvido

Y tu mirada es relajo
Sueño de asfalto
Piel de ángel caído

Qué hicimos para que olvide
Un solo baile
Y la vida es
Amaneceres tardíos

Qué sientes cuando beso
Un te quiero
Y muerdo la nostalgia
De tu cuerpo dormido

Dime si es posible
Pintar más fotos
Cantar juntos el baile
Y escribir
Despertar a la tarde contigo

viernes, 8 de febrero de 2008

HISTORIA DE UNA FOTO SUBTE


Envidio a los fotógrafos porque eternizan un instante cualquiera de la vida. Porque convierten ese instante simple, en un instante eterno que con el paso del tiempo nos evoca sensaciones, recuerdos o sentimientos. Tan importantes que muchas veces nos arrancan una sonrisa, una lágrima, un suspiro. Tristeza o felicidad. “Ay vejete y revejete, por más que hagamos, al final nos convertimos en recuerdo o en fotografía”, dice Ludo Tótem personaje de Julio Ramón Ribeyro en Los geniecillos dominicales. Hoy más que nunca le doy la razón.

Veinte años después, mis recuerdos de la Lima de los ochenta siguen siendo de un gris melancolía, que equilibra la sensación de miedo por haber vivido en una ciudad violenta. De ver las veredas moverse al ritmo de la canción Ratas callejeras de Eutanasia; de sentir los postes vibrar con el coro de Astalculo de Leuzemia. O, más tranquilo, de ver morir el sol desde la azotea de mi edificio, mientras sonaba una de las Cúrsiles Romanzas de Daniel F: “Volveré cuando me vaya y si no regreso, vengo”. Y hoy volví.

La vida se nos hacia un nudo en la garganta y para los que fuimos jóvenes, a los que ahora llaman ochenteros, lo único que nos quedaba era gritar todo nuestra angustia y anhelos de un mundo mejor, restregándole a la sociedad peruana –Abimael y Alan incluidos– toda la mierda que ellos habían hecho de nuestras vidas. Para eso nació también el Rock Subterráneo.

Viendo esta foto de 1987, tomada en la esquina del jirón Chincha con la avenida Wilson, en la calle donde quedaba la discoteca No Helden, me pregunto qué pasaba por las cabezas de esos muchachos, de qué se estaban riendo, qué es lo que estaban mirando. Me pregunto si para ellos el mañana era un No Futuro o el futuro era un No Mañana. Si el día a día acababa con una sensación de atentado, apagón o paquetazo. Si la vida acelerada llenaba sus pequeños mundos aún expectantes por el puede ser; a diferencia del mundo gris, como la foto, que los rodeaba y que parecería estar desenfocado en sus pupilas.

Sin habérselo propuesto alguna vez, estos subtes fueron parte de un movimiento que marcó huella en su época. Con sus gritos destemplados y viscerales, con sus canciones llenas de mierdas y desesperanzadas puteadas, con su estética del reciclaje; y, sobre todo, con su honestidad para decir las cosas tal como son, lograron que se replantearan muchos dogmas en la música y las artes plásticas en el Perú. La vanguardia en general.

Alguna vez, una esquina como esa, me atrapó en la órbita de un trago de mala caña. Quizá junto a algunos de la foto. Y, al igual que en ese momento, no mirábamos el mañana, que ahora es el ayer. Para que no queden en el anonimato de ese pasado, acá van algunos apodos que aún la memoria no ha borrado con los años, de algunos no sé hasta ahora sus verdaderos nombres:

Cachaciento y con casaca de cuero negra, el chino Daniel (Ex guitarra de Autonomía) Mirando fijamente a la cámara, en actitud bien Glam, Pedro B (Guitarra y voz de la banda Ska, Sicosis) El que sigue no lo recuerdo. Con polo blanco y al parecer cagándose de frío, porque todos están bien encasacados, Luis Berrocal (Editor del fanzine El Sotano Beat, y quien me facilito la foto) Mirando siempre a un lado, siempre a la alterna, nunca de frente o derecho, el combativo Richi Lakra (Editor del fanzine Poetas del Asfalto) El último de la fila, y creo que es sintomático que tenga una mano metida en el bolsillo, Pepe Asfixia (Bajista de Eutanasia) El primer sentado me dicen que es el Vandálico, yo lo recuerdo con otra cara. De gorrito, a lo Daniel F en los primeros años de Leuzemia, el Nico (Guitarra de Eutanasia) Siempre escuálido, con sus pelos parados, el Yucatán. El que está sentado de negro no lo recuerdo. Arriba, y que parece recién salido de Bergen Belsen o de Auschwitz, el Pelao Kike o también conocido como Kike Excomulgado (cantante de Eutanasia) el siguiente de bigotes, con peinado New Wave, es otro que no recuerdo. Y por último, sin más presentación, Saúl Omiso (Cantante del grupo más radical de todos los que ha habido sobre la tierra: Sociedad de Mierda. Posteriormente lo fue también de TBC)

Muchos de ellos tomaron rumbos distintos, como el chino Daniel que ahora reside en Francia. O como Nico, el Pepe Asfixia y el Pelao Kike que viven en Alemania. Otros se quedaron por estos lares para hacer su música y desarrollar su arte poétika, como Pedro B o el Richi Lakra, o Luis Berrocal que realiza la titánica labor de rescatar las raíces del Rock hecho en el Perú. O como Yucatán que ahora disfruta de su libertad que por años le fue negada, o como Saúl Omiso, el único de quien se puede decir que se ha convertido en recuerdo y fotografía. Y para los que lo vimos cantar sobre un escenario… ¡Qué tal recuerdo! Jamás se nos olvidará esa energía, esa rabia, esos ojos desorbitados y esa visceral voz que no eran más que el rostro sincero, honesto y desesperado de los tiempos que le tocó vivir.

¿Y esa esquina? Tampoco existe, ahora es parte de un condominio de Mi Vivienda. Tampoco está más la discoteca No Helden, en su lugar hay un salón de clases de un instituto. ¿Sabrán los nuevos jóvenes que se buscan un futuro en esa aula, que allí mismo cientos de jóvenes iguales a ellos, danzaron los ritmos de la desesperanza, los ritmos de un futuro negado? No recuerdo qué grupo español cantaba esta letra, quizá era Ultimo Resorte, pero creo que cae a pelo: “Somos el futuro, somos el progreso, somos tu futuro de carne y hueso”.

Hoy, veinte años después, sigo recordando esos años como el color gris de esa foto, con el color gris de la melancolía.

Foto: Atribuida al Poggi 100, pata de Filosofía de San Marcos que se dedicó por años a registrar a la mancha Subte, su nombre es tan desconocido como su paradero. Si alguno reconoce a los que no recuerdo háganlo saber.

sábado, 26 de enero de 2008

JIRON HUARAZ, CUADRA 4. BREÑA.

Pero la esquina es la misma, las calles desnudas, el bar. No hay Dios que sane la herida, que se abre más, mucho más... (Zcuela Crrada)
Fotos y Textos: Martín Roldán Ruiz
Esquina de amor y juerga, veredas de soledad y pichanga, paredes pintarrajeadas de infancia y juventud. La amistad: Nostalgia gris de un espacio pasado.

Enseñame ventana, si ya llega el amor, si la calle es esperanza o solamente sueño. Si los amigos ya se fueron; o como la vida, si jamás volvieron.

Sobre la azotea está el cielo y abajo el mundo, y Lima cada vez es más nuestra, más nuestra que el pan de cada día.

Esperan el día cuando caeras ya de tiempo, para levantar un alma de concreto, con futuras sonrisas, amores y llantos. Viejo amigo, ya vamos de salida.

Hacia el final y en sentido contrario, la culpa es una pared de escuela, que te enseña a vivir y caminar. A morir leal.

Lluvia de verano, carnaval, olores de cemento mojado. ¿En qué momento sales a mirarte? Para verme desde afuera.


La esquina siempre queda, los pasos, los escupitajos... los adioses tempranos, las promesas inconclusas... ¿Y tú hacia dónde vas? ¿Al paradero final?

martes, 22 de enero de 2008

LA VIOLENCIA DE ESTE TIEMPO CONTRA MIGUEL GUTIÉRREZ

En la madrugada de hoy martes 22, en que no podía dormir, me encontraba escuchando RPP. En eso suena uno de sus rotafonos. Pensé que sería sobre las clásicas peleas pandilleras, atropellos o choques. No fue así, anunciaron que el escritor Miguel Gutiérrez, estaba en la sala de emergencia del Policlinico de ESSALUD de la avenida Grau. Dada la cercanía con él narrador, fue mi profesor en tres talleres, me preocupé bastante por su salud. Pero, lo indignante fue escuchar la voz desesperada de su esposa Mendis –una de las más dulces que he oído– denunciar que no atendían al narrador.

El drama se había iniciado a las cinco de la tarde del lunes, en su casa de Lurín. Una hemorragia nasal, debido a una subida de presión, obligó a que fuera llevado de emergencia al Hospital de Villa el Salvador. En esta dependencia del estado le taponearon la nariz y se olvidaron de él. Mendis pidió que le dieran una mejor atención, pero le dijeron que no tenían un especialista (Otorrino) para eso. Ante esto, optaron por llevarlo a otro hospital. Ni siquiera como una transferencia sino como una cosa particular. Y así fue. Tuvieron que llamar a una ambulancia privada y trasladaron al profesor, hacia el Policlinico Grau. Las angustias no iban a terminar allí.

Cuando Mendis llamó a RPP eran las cuatro de la madrugada del martes. El profesor Gutiérrez había permanecido desde la noche anterior en la sala de emergencia de dicho nosocomio sin ninguna atención de parte de los médicos y enfermeros. Ante esto tuvo que apelar al prestigio de escritor de su esposo para llamar siquiera la atención de los doctores…no le hicieron caso.

Mendis afirmaba a los locutores que la hemorragia nasal no paraba y se iba complicando con una taquicardia. El profesor Gutiérrez padece del corazón. Recién cuando los doctores escuchan que está haciendo la denuncia vía Radio Programas del Perú, lo atienden. Hasta ese momento una camilla era todo lo que le habían brindado a uno de los escritores más reconocidos y uno de los intelectuales más lucidos del Perú.

Mas allá de este drama que lo padecen a diario muchos peruanos en los hospitales de ESSALUD, lo que indigna es la falta de responsabilidad para con la vida humana de los llamados trabajadores de la salud. Si son capaces de ser insensibles ante una personalidad como lo es Miguel Gutiérrez, ya se imaginarán como trataran a los ciudadanos anónimos que cada día se van a atender en los servicios de emergencia de dichos hospitales.

También llama a la reflexión, sobre cómo los peruanos tratamos a los que de alguna u otra forma forjan el espíritu de nuestra patria. Personalmente espero que todos los que en algún momento fuimos alumnos de Miguel Gutiérrez o leímos sus novelas y ensayos, hagan sentir su indignación para los responsables de este atropello con uno de los escritores más influyentes de nuestra literatura.

Espero, sentidamente, que para cuando termine este texto, mi profesor esté recuperado totalmente.

domingo, 6 de enero de 2008

CONVERSA BRAVA CON DANIEL F

En abril de 1997, publiqué una entrevista a Daniel F en la revista cultural CAMIÓN DE RUTA de la ciudad de Trujillo. Por la importancia que tiene el leucémico, para la música popular hecha en estas tierras, rescato esta entrevista del olvido de un cajón polvoriento. A diez años de esta conversa brava, podemos decir que Danielo Fatal ha logrado el estilo musical que deja entrever en sus respuestas. También nos permite conocer un poco más sobre la evolución de la movida subterranea y rockera en general.
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Bronca interna (en la movida), disyuntiva neoliberal en el mercado paralelo (apertura de espacios geográficos y económicos), códigos y valores. Radicalismo y compromiso. Viejos “Pankekes” contra los hoy “alternativoides” y “gruncheros – alienígenas”y toda la fauna urbana, incluida la snobina y etcétera de cosas que Martín Roldán, (un pata que egresó de la escuela de periodismo y es una especie de entendido en el tema), sostuvo en una conversa brava con el F, más conocido por Daniel F, y este más conocido por ser el vocalista de Leuzemia. Y no nos digan que no saben qué cosa es Leuzemia. Grupo “abanderado” de una cuestión que ocurrió hace como 15 años, (entiéndase aproximadamente) Detesta la admiración o ser un icono de representación CONTRACULTURAL. Ellos han querido asesinar al mito, pero parece que les salió el tiro por la culata y cosas así. No sabemos si esto se aproxima a una entrevista, más parece una “conversa de dos puntas”, algo nostálgicos y rememorantes por ellos decidimos transcribir tal cual todas las palabras. Omitir, sería maquillar y quitarle el gusto al diálogo. Bueno aquí el dato.

Entre la movida hardcoreana de los 80’s en Barranco y la movida subterránea de Barranco de estos años ¿No hay mucha diferencia? Como que los subtes se han acoplado al sistema, es decir, hacer lo que ellos criticaban antes de los hardcoritos de Barranco.

Ahh, ¿franco no? A ver cuenta eso.

No sé pues, se dice que el que ha generado eso es Leuzemia o Daniel F.

¡Qué!

O sea que cuando volvió Leuzemia y vino el espacio de Barranco, los “subtes” que comenzaron a tocar más en Barranco que en el centro de Lima, como que hacer lo que antes criticaban, de la “Jato Hardcore” los más radicales se han acoplado.

Mmmmm. No creas ah, o sea siempre hay una critica hacia sectores geográficos específicos, o sea, San isidro, La Molina, Miraflores que no es... ta’que para la gente que vive en Chorrillos o San Juan de Miraflores es más fácil bajar a Barranco que ir hasta Lima o Los Olivos. Entonces eso... esa vaina de la cuestión geográfica es hasta el culo... un hueco pa’ tocar es un hueco... nada más... sea donde sea.

No sólo cuestión geográfica sino también de música, porque los más radicales ya no están en el centro de Lima si no en Barranco, esto por falta de espacio, genera una crítica... ¿están volviendo los autocabes de la movida subterránea?

Sí, sí... pero ahora Barranco está muerto.

¿Y qué queda?

No hay nada con esto del toque de queda y toda esa huevada, ya a las tocadas no va gente, van 20 puntas, 30 puntas. En la cuestión de autonomía o de quien sea van 5 puntas, misias, y para aquellos grupos comerciales sólo 20 puntas en sus respectivas mesas y se acabó. O sea eso es todo, no hay mucha... ya ni en Miraflores tampoco, ya en el Delirium está jodido tocar allí, entonces se está buscando otro sitio que esté más o menos en el centro de todo, puede ser la avenida Brasil o como el hueco que ha encontrado el Coyote en la avenida Cuba, parece que así se va a desarrollar la morisqueta en estos meses hasta ver qué pasa en Barranco o Miraflores.

La gestión de estos nuevos conciertos va a ser de uno que apoya o pone billete, y ya no de los mismos grupos como se hacía antes.

Ah, claro, o sea esa vaina del concierto mancomunado, de la chancha y toda esa vaina... ta’que ya no hay pe’, hace tiempo que no hay, que lo general ahora se está buscando auspiciadores, alguna revista, alguna tienda de ropa, entonces...

Cosa que choca con algunos que no proponen eso.

Claro choca con algunos de los “principios” en que sustentan algunos grupos ciertas ideas.

A las finales creo que esos grupos tocan, o al menos desean tocar en esos conciertos auspiciados.

Sí pues, es que a uno ¿qué le queda? Sino ta’que no tocaría nunca.

Pero hay una paradoja: van tocan y después malogran el concierto.

Sí, van tocan y se quejan. “¡Puta es una cagada!” Puta y quieren hacer la cagada a los demás.

¿Y por qué siempre ha existido esa vaina?

Sí pues.

Tú que tienes tantos años en esto, por qué no...

Oee, ya pe´compare, comienzan los ataques...

Ja, ja...¿Ah?

Esteee, es así, siempre se ha desarrollado así está cuestión. Pero es que lo que siempre ha habido es una ausencia de metas. O sea que es lo que se quiere realmente. O sea, o quieres apoyar y desarrollar esto como una cultura alterna, como una cultura paralela o puta mare solamente vienes acá a joder o hacer chongo y nada más.

Había siempre el dilema entre los musical y lo ideológico, o sea la propuesta de idea y la propuesta musical. ¿Qué prima ahora?

Está primando lo musical en un montón de grupos.

Caso palpable de “Carnaval Patético” que es un Ska pachanguero, divertido, totalmente distinto de grupos similares como Sicosis.

Claro, otro caso es “Perú no existe” que s un grupo de la mancha ultra. Puta que niegan todo, no están casados con nadie, pero, puta, están trabajando su música, están haciendo música interesante y todo. Eeh... en el fondo no sé si es una bendición, una maldición, no sé que será pero es que ahora hay una oportunidad para los grupos. Entonces, este, hay un montón de gente que hace sus grupos, ya no con la idea de crear movida, sino con la esperanza de que una empresa se fije en ellos, o sea, porque hay varias que están produciendo grupos. Entonces están en eso, graban su demo, lo mandan a varios sitios.

Existe una salida, creo, dentro de esto. La edición de discos en el extranjero, como lo ha hecho Leuzemia, G–3 o Ataque Frontal, hace algunos años, pero no se ha tomado muy en serio... y podría ser una salida en estos momentos.

Claro, pero es igualito. O tú esperas que una empresa de acá se fije o que una empresa de otro lado se fije.

Pero en el extranjero es más viable que te editen acá.

Ah claro, eso sí, de todas maneras. Tienen los medios más a la mano, ¿no? Tienen toda una infraestructura más cuajada.

Leuzemia hizo con la Wardance. ¿Pero Dogma SS?

Igualito de repente sale con la Wardance

Mucha gente no conoce qué es Dogma SS y ahorita qué es lo que pinta dentro de todo esto.

O sea es la continuación, al menos musicalmente, de Kaos. Kaos fue un proyecto, o sea, Kaos era un grupo así de punk – core no más. Cuando llegué a Kaos este... ¡Todo era un caos ahí! Entonces como que teníamos una línea, nos inclinamos por el Thrash, por el Metal, sin dejar el Hardcore. Entonces había una fusión más o menos nueva en ese tiempo y... es un proyecto que quedó trunco, o sea, comenzamos a trabajar canciones más largas, con más instrumentos, no eh, fuera de las esferas del Hardcore: Saxofones, violines. Pero, como proyecto allí no más quedó en el aire. Entonces con Dogma SS, se quiere retomar eso, o sea, estamos tocando algunas de las canciones que tocábamos en Kaos, porque eran mis canciones y queremos trabajar. Ahora ya estamos con un cantante nuevo, un pata que se llama Toño, no el “churro crudo” si no otro Toño y estamos tratando de sacar esto adelante. Es, básicamente, eh... no sé pe’, puta es un poco el veamos de toda mi formación musical de toda mi vida, o sea melodías a lo Salvatore Adamo, Fernando Ubiergo, puta y encima Black Sabbath.

¿Venón?

Sí pues.

Un tacu – tacu musical. Algo fuera de lo común, porque todos los grupos Hardcore que han tocado o que están tocando tienen sus parámetros musicales bien definidos y lo que haces, innovaría...

No sé si innovaría, pero al menos ya tanto tiempo en esto, ya pues, uno ya tiene un lenguaje musical propio, ya tiene un estilo definido para tocar. Y por lo mismo que no sé tocar guitarra, no puedo imitar a nadie, entonces tengo un toque, entonces más o menos mío, entonces... este... estamos tratando de explorar eso: la poca originalidad que nos queda, tratar de convertirla en algo.

Hace un tiempo en “Las Rejas” de Quilca tocó Dogma, no hace un tiempo, hace un par de años y cantó el que ahora canta en SDH como apoyo creo, y escuché entre los ruidos que la letra trataba un tema de amor, un amor frustrado. Me pareció algo extraño que en el Hardcore, siendo tan visceral, tan de protesta, bien decadente, en cierta manera en todo el mundo, entre una canción de amor...

Si pues, o sea, no hacemos tanto panfleto o sea, si te sientes mal lo gritas, sea por cuestiones políticas, sea por cuestiones sentimentales, fue eso no más.

Los dictadores locales del Hardcore opinaron que eso estaba mal, que el Hardcore siempre debe ir de la mano con la protesta.

No, yo ya no creo en eso de estar encuadrado en una cosa, o sea, el Hardocre se supone que es lo último y es lo más libre. O sea, uno hace ruido con lo que sea y es por eso que de ahí han salido pues, huevadas, como el Grindcore, el Noise, que son, ya pues, la libertad extrema. Entonces es eso tratar de explotar la libertad en la creación.

Experimentarías con el Noise.

Noise. No me atrae mucho, no soy muy noisero, más sí con el Industrial, eso sí.

¿Cómo es el trabajo en Dogma sobre la elaboración de los temas?

Ahora con la inclusión de este pata en la voz, este pata trabaja sus canciones dentro de la carátula del industrial, o sea es industrial y nada más y le gusta el Hardcore y el Black Metal. Entonces estamos tratando de fusionarlo, no físicamente sino musicalmente, entonces de ahí están saliendo algunas cositas interesantes. Ojalá que se pueda plasmar en un disco.

Tienen un proyecto cercano de grabación.

La propuesta está dada hace tiempo, o sea, sí nos han dado luz verde para poder grabar, pero lo que queremos es demorarnos lo suficiente para sacar un buen disco, no una cuestión para enseñar ¡Mira ya sacamos¡ Sino una cuestión que quede, que pueda trascender más allá del ámbito subte y que sirva de algo.

Hay una cosa que veo se está dando sutilmente pero que puede explotar en poco tiempo. La bronca entre los subtes y los recen ascendidos metaleros en los finales de los 80’s, han devenido en que la gente subte ve mal a los chibolos “alternativos” y a los grupos que se autonombran “grunge”

No, siempre han sido huevadas.

Pero esas huevadas, determinaron muchas cosas que truncaron, otras muchas cosas dentro de la movida.

Sí pues. O también han resultado en fusiones medio raras. Es como antes los metaleros renegaban del pogo. “puta es un baile cojudo” y a las finales todos los metaleros estaban pogueando. Son cosas así, no, ya con el tiempo se verá que cosa va a pasar.

Otra cosa. ¿Seguirán Las cúrsiles?

No, eso fue una época, fue un tiempo y nada más, está ahí y ya no tengo porque trabajarla. O sea ahora lo que pasa es que con Leuzemia teníamos un pequeño aguante y no podíamos salir de ese hueco de las 10 canciones que tocábamos todas las noches y entonces con el cambio de integrantes, entonces ahora si podemos trabajarlas, ¿no? O sea estamos trabajando música de repente un poc de la que hago en Dogma y música que la hacía dentro de Las cúrsiles, entonces eso se está mezclando, entremezclando, puta, con el rocanrol de Leuzemia. Entonces en el próximo disco va a salir con todo eso ¿no?; o sea, a algunos ya no les parecerá Leuzemia, cosas así ¿no? O sea hay gente que idealiza un grupo, un sonido o unas figuras. Pero... Leuzemia ahorita es eso, es el resultado de, carajo, de 15 años que estoy acá; pues, o sea, puta que, no voy a estar siempre repitiendo los mismos tres acordes. Es eso ¿no?

Se dice que Daniel con Leuzemia ya están quemados, que Dogma era una manera de Daniel para aferrarse a algo y que tu futuro estaba en el tipo de música que empezaste con Las Cúrsiles Romanzas y que continuaste con las sobrantes, Patíbulo de Langostas, Tanque Diatriba, etcétera y que con esa música se proyectaría más aún la movida de grupos nuevos o por llamarlos de algún modo subterráneos de los 90’s.

No, creo, eso sería dentro del ámbito comercial netamente, o sea, si podría resultar si es que yo me dedicaría a hacer eso ¿no? Pero, no es eso lo que se quiere ¿no? Lo que se quiere es un poco desarrollar la escena paralela y Dogma es una alternativa y con Leuzemia es otra, o sea, pa’mi Leuzemia está mejor que nunca, porque ya estamos trabajando por fin las cosas que siempre hemos querido trabajar ¿no? Que es la música y el rocanrol. O sea, como salió en el disco el mito ya se rompió, esa huevada ya quedó enterrada. Y si la gente cree o piensa que Leuzemia está quemada ¡Mejor pe’on, puta, pa’mi es paja, pe ‘on, puta porque me convierte en un grupo más! O sea, que era eso en lo que en un principio se quería, o sea lo que se quería no era, puta, que Leuzemia grandazo y el resto chiquito ¿no? Lo que se quería era una igualdad con todos los demás grupos. Y ahora sí, pues, estamos como los demás grupos, estamos comenzando de cero, o sea, nos hemos convertido en un grupo nuevo, en un grupo ya pe que de repente no tiene mucha hinchada ¿qué sé yo? Entonces, este... y la gente la vamos a ganar con nuestros propios medios, o sea, no por unos pergaminos que se hicieron hace 10 años, eso es una huevada, una cojudes ¿no? Uno, uno tiene el reconocimiento de la gente por lo que hace ahorita y no por lo que hizo hace 10 años y de allí se va a dormir ¿no? Entonces eso lo vamos a hacer a partir de ahora.

Justamente por eso, Leuzemia es un grupo que ha vuelto con canciones de hace 10 años y tú una vez dijiste que siempre ibas a hablar de lo mismo en un concierto, porque te sientes igual que hace 10 años.

Claro, pero eso no significa repetir las mismas canciones o repetir la misma música. O sea el hecho que siga pensando lo mismo, eh... pretendo seguir siendo honesto ¿Qué se yo? Creo todavía en un montón de gente, creo todavía en la honestidad de un buen sector de la mancha, todavía creo en todo eso, o sea, de repente soy iluso ¿qué sé yo? Soy más idealista.

Claro, pues, mientras muchos grupos se han vuelto adultos, Leuzemia continua con esa fuerza adolescente. Ponte: “Al colegio no voy más”, “Barras malditas” y eso es precisamente lo que los jóvenes buscan. Por eso Leuzemia, se hace más conocido, yo veo a los chiquillos que poguean y los viejos subtes están al costado mirando lo que antes hacían ¿Esa es la fuerza de Leuzemia, su empatía con el público joven?

Claro pe, pa’mi es bacán. O se, puta que, yo estoy en galerías Brasil, en el jirón de la Unión, no sé, y se me acercan colegiales “Puta Daniel, puta qué paja”, entonces y no son ni subtes ni metaleros, bueno ni pankekes, ni nada. Puta, o sea, son patitas que se identifican con una onda que estamos generando y que ha sido lo mismo que estuvimos haciendo en el 83 – 84, o sea, es una cosa que se fue generando. De repente de aquí a unos 5 años, puta, toda esa manchita que estamos generando ahora, van a hacer cosas, de eso se trata, o sea, seguir generando cosas, o sea no, ta’que no espera el reconocimiento, carajo, de los 50 pankekes viejos que quedan, puta, esa huevada es una estupidez.

Dentro de los grupos subtes y los que han salido, existe una constante en la temática: la protesta, lo contestatario y las vivencias bastante íntimas. Pero esta constante ha dejado de lado una temática muy valida, la temática barrial, o sea los chicos de barrio, las broncas, las pandillas, las barras, todo eso que está en ebullición dentro de los jóvenes ¿Por qué no se ha tocado esos temas dentro de los subtes?

Porque están más preocupados en cuestiones de panfleto. Inclusive hay grupos que se preocupan por la guerra nuclear, cosas así ¿no? Esas son cosas que colindan lo absurdo. Pucha que no... cuando hay cosas más cercanas a nosotros, puede ser nuestra familia, ta’que tu lío con tu enamorada, tu barrio o lo que pase en tu barrio o ¿qué sé yo?, ¿no?, yo no sé, se vienen a preocupar por cuestiones de Afganistán, que los yanquis fuera de África... Putamadre, no seas huevón... y no sé pe’, creo que hay cosas más importantes, al menos un poco más cercanas.

Ustedes lo han desarrollado en parte, pero la mayoría no se ha dado cuenta, creo.

Sí pues, no sé, creo que es un poco subliminal el asunto, o sea, creo que así se está desarrollando, o sea, creo que los adolescentes se dan más cuenta de lo que estamos haciendo, que lo que se dan cuenta los pankekes viejos, o sea pa’los pankekes viejos esas son chiquilladas.

¿Y cómo vas en el amor?

Oe, ya pe’, ya ves.

Ja, ja. Y en el fútbol, del Boys ¿no?

Por supuesto.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Mundo cachina: el mundo marginal convertido en crónica

Esta es una entrevista hecha al periodista, narrador, poeta, cronicante y editor, Augusto Rubio Acosta. Dada la importancia de su obra en su ciudad natal de Chimbote, me parece indicado difundir esta interesante conversa, desde esta humilde esquina de nostalgicas historias.
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Entrevista con el narrador y periodista Augusto Rubio Acosta
Mundo cachina: el mundo marginal convertido en crónica

Juan Salazar Beraún

Más de diez años después hemos vuelto a ver en persona a Augusto Rubio Acosta, viejo compañero de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas y habitante permanente de ese nunca bien comprendido mundillo literario peruano. De la época de las aulas y de Mapa cultural, la revista que publicáramos durante nuestras últimas temporadas en San Marcos, no le queda sino la voracidad por la lectura, el caminar apurado y ese aparente halo de tristeza o taciturnidad que se quiebra con la confianza de los libros y la alegría de los días. Pero hablemos mejor de Mundo cachina (Río Santa Editores, 2007) el nuevo libro de este incansable habitante del lenguaje.

Augusto, quienes te conocemos desde hace mucho te recordamos siempre apegado a las formas no tradicionales de la escritura, al lenguaje coloquial. Estoy hablando de El Comando y también de las primeras publicaciones que los cursos de la universidad nos obligaban a producir. Al leer tus libros hemos constatado que esto no ha cambiado; al contrario, como que se ha acentuado esta característica en tu trabajo literario junto a un marcado aliento lírico. ¿Cuál es tu reflexión sobre esto?

A ver, El Comando siempre fue una revista donde era posible volcar las experiencias del barrista de Alianza y nació con ese objetivo: era una revista para el hincha de tribuna popular. En ese sentido siempre consideré que el lenguaje propio de la conversación debía ser registrada en la revista y en las obras escritas llamadas “formales”. El habla coloquial brota, natural y espontáneamente de la conversación de mis personajes, de mí mismo. Yo no dejo a un lado las manifestaciones lingüísticas conscientemente formuladas y quizá más cerebrales, lo que sucede es que quienes mayormente hablan en mis libros son gente del mundo marginal, desclasados y personajes que se comunican a diario en términos no académicos. Eso no quiere decir que no cuide que no se filtren impropiedades, cacofonías o códigos poco elaborados. A mi me agrada este tipo de lenguaje porque lo siento más afectivo, más musical, más cercano a la gente, al pueblo.
¿Cómo así te animaste a publicar narrativa?, cuéntale a los lectores de Máquina Zine ¿cómo acabaste haciéndote un narrador?

Aunque no lo creas, eso no es tan sencillo de explicar; digamos que las cosas sucedieron en el camino. Antes de publicar mi primer libro de cuentos Avenida indiferencia (Altazor, Lima, 2007) tenía al menos una docena de historias trabajadas a lo largo de varios años, las mismas que tuve que echar al cesto de la basura y del olvido porque después de mostrárselas a algunos amigos narradores caí en la conclusión de que no servían y constituían un mero ejercicio narrativo. A mi me dio mucha pena dejar de lado esos relatos porque fueron parte de una época maravillosa en mi vida. En ellos los personajes eran mayormente hombres y mujeres de teatro, que -como tú sabes- es una de mis pasiones. Incluso recuerdo que llegué a armar las historias a manera de librito artesanal. Remember Miraflores se llamaba ese conjunto. De esos relatos sólo rescate uno –modificado y recortado- en Avenida indiferencia, es una historia que habla del mundo de las tablas y quedó finalista en un concurso regional de cuento organizado allá por 1998 en un distrito ubicado al sur de mi ciudad.

Bueno, ¿y?...

Como te decía las cosas sucedieron en el camino. Después de la universidad volví a Chimbote, mi ciudad natal, donde inicialmente trabajé en cosas que no tenían absolutamente nada que ver con el periodismo, pero que me sirvieron de mucho para conocer otros mundos y personajes que de a pocos fui adoptando en mis nuevas historias. Empecé a publicar crónicas en el Diario La Industria de Chimbote, donde ya habían estado apareciendo mis artículos de opinión. Me vinculé al Grupo de Literatura Isla Blanca, donde aprendí bastante al lado de experimentados escritores del lugar donde nací, y poco a poco -con la lectura- fui afinando más el estilo. Avenida indiferencia salió a la luz en 2005, pero el libro estuvo listo desde el 2000. Lo que uno tiene que sufrir para que un editor se fije en tu trabajo… Felizmente hasta ahora mis libros han sido publicados por universidades o por editoras que han creído en mis textos; yo no he tenido que invertir un sol en la edición de ninguno de mis libros.

¿Qué tan estrecha es la relación entre Mundo cachina y tu trabajo periodístico?

A este libro yo le tengo un cariño especial. La mayoría de crónicas reunidas en ese libro aparecieron primero en La Industria de Chimbote, medio de comunicación donde trabajaba y que me permitió adentrarme en los espacios más disímiles y marginales de la ciudad. Durante buen tiempo anduve coleccionando crónicas producto de vivencias y conversaciones con alcohólicos, prostitutas, drogadictos, barras bravas, músicos populares, habitantes de barriadas, botaderos de basura, también crónicas respecto a mis preocupaciones como ciudadano y lector: la lamentable situación de la biblioteca de mi ciudad, reflexiones en torno a la lectura, la poesía, viajes, en fin, temas diversos. Mundo cachina se debe a todo eso y su vínculo con el ejercicio periodístico es tan evidente que a muchos periodistas que conozco les ha encantado el libro en tanto tiene esa impronta propia de las redacciones de diario.

¿Escribir es un sino?

Uno tiene el destino que se busca, el destino que te haces. Y si eres escritor, pues tendrás el destino que te has hecho con lo que has escrito, con tus libros. Desde que me di cuenta de mi verdadera pasión le puse mucho punche a mi trabajo creativo, a leer como un descosido, aunque confieso que he pasado largas temporadas alejado de un trabajo sostenido debido a que el trabajo que tenía muchas veces se convirtió en un obstáculo para escribir. Felizmente siempre he vuelto al ruedo, me siento muy cómodo aquí aunque no me considero un escritor disciplinado; ojalá con el tiempo lo fuera.
Hace un rato decías que Mundo cachina significaba el fin de una etapa en tu producción literaria. ¿Qué se supone que deben esperar los lectores?

Nada en especial seguramente. Lo que pasa es que con este libro siento como que cierro un ciclo e inicio otro. Vengo trabajando un proyecto editorial que acaba de iniciarse y eso me va a absorber en cuanto a tiempo se refiere; eso no significa que continuaré escribiendo, al contrario. Voy a seguir “limpiando” y alimentando mi nuevo libro de cuentos, el mismo que se va a tomar todo el tiempo del mundo para ver la luz. De igual forma los poemas y las crónicas que ya empezaron a apilarse en el escritorio. La difusión de la actividad cultural a través del programa de radio, el periódico donde escribo y el blog que administro (http://www.mareacultural.blogspot.com/) es algo que siempre voy a mantener en tanto eso se ha vuelto parte de mí desde hace mucho y es algo que realizo con sumo agrado. Con Mundo cachina se cierra una etapa. Ahora mismo estoy armando un libro de crítica literaria en torno al Grupo de Literatura Isla Blanca, el colectivo cultural que me vio nacer, y eso ya está inscrito dentro de mis nuevas actividades.

¿Dónde se puede adquirir tu libro?

Para empezar en la editora misma que lo sacó a la luz: Río Santa Editores (Chimbote). En Lima puede ser adquirido en el Bulevar Cultural de Kilka y si prefieren las compras por internet pues basta sólo comunicarse vía el blog que administro. Ah, lo olvidaba, mi libro también está a la venta en La Cachina, el mercado marginal del lugar donde nací; hay dos o tres cachineros y cámaras de gas donde se está vendiendo el libro. Cuidado nomás con los choros; vayan misios, sólo con el dinero justo cuando vayan a adquirir el libro.

jueves, 6 de diciembre de 2007

VEINTE AÑOS DESPUES DE LA TRAGEDIA

Aún recuerdo esa mañana, un miércoles gris. Cruzaba apurado la avenida Alfonso Ugarte rumbo al colegio Guadalupe. Eran los últimos días de clases, los últimos de la secundaria, los últimos de mi época escolar. Faltaba poco para que cerraran la puerta y conmigo iban otros apresurados. Al llegar a la esquina de Uruguay un titular me detuvo: “Avión de Alianza declarado en emergencia”.

Veinte años han pasado de ese 09 de diciembre del 1987 en que me enteré de la tragedia. Si bien se ha hablado, escrito y especulado mucho sobre eso, muy pocos han podido dejar testimonio de lo que significó esa noticia para los hinchas y no–hinchas de Alianza Lima. Acá mi versión de lo que fue para mi ese hecho.

Paralizado e incrédulo me quedé revisando todos los diarios del kiosco. No me importó, que me cerraran la puerta. A la segunda hora ingresamos los tardones y a diferencia del ambiente de fiesta que había caracterizado los últimos días, para los de quinto; en el patio había un mutismo que disimulaba la pena.

Todos estaban dentro de sus salones. En el mío y a pesar de no haber profesor, mis compañeros estaban concentrados en dejar los recuerdos en las camisas. Algunos conversaban en voz baja, otros simplemente miraban un punto indefinido. En todo el patio se había olvidado la algarabía de ya haber acabado los exámenes, de esperar solamente la clausura, la fiesta de promoción y de salir en busca de nuestras vidas… Pero la partida de esas vidas que considerábamos eternas, nos devolvió a la realidad de que nada es para siempre.

Ser futbolista destacado te da esa condición de eterno. Y ese equipo estaba lleno de ellos. Si bien la muerte la podíamos encontrar a la vuelta de la esquina, con un petardo o un coche bomba. No creíamos que los ídolos, los héroes, los que veíamos en la televisión y los diarios; los que nos hacían gritar sus goles y disfrutar sus triunfos; los que en suma le daban alegría al pueblo, iban a tener un final tan trágico.

Poco a poco los rumores nos iban confirmando que el real significado de lo inevitable, había sido lo que nos borraba la sonrisa. Fueron cinco horas de incertidumbre. Algunos abrigábamos una mínima esperanza. La cual se nos desvanecería pronto. Recuerdo a mi amigo de apellido Rosas llorar sentidamente cuando una noticia nos decía que no había sobrevivientes. Este mismo amigo, me dejaría en la camisa su recuerdo, un aliancista con una frase que decía: “Te dejo este recuerdo de mi Alianza Campeón”.

Al salir del colegio fui corriendo al barrio. La esquina de Huaraz con Venezuela en Breña, donde nos juntábamos para ciriar a las del Rosa de Santa María, estaba igual de concurrida, pero igual de callada como el colegio. El primero que me confirma lo que no deseaba escuchar es un amigo aliancista, Rafael: “Todos murieron”. Otro amigo, crema él, se le une y me dan como una especie de pésame, a ellos siguieron otros más, cremas y blanquiazules. No había de otros equipos, pero sé que si lo hubiera habido igual me hubieran dado un pésame. Después me enteraría que se lo dieron a todos los amigos que llevábamos la de Alianza en el corazón.

Luego vendrían los informes, los homenajes, los posters en los diarios, las vinchas. Recuerdo que lo más conmovedor de todo fue escuchar llorar a Waldir Pereyra, Didi, en enlace telefónico desde Brasil, junto a Pocho Rospigliosi. De solo recordar ese momento me emociono.

Más allá de todo lo ocurrido alrededor de esta penosa tragedia, este hecho nos hizo reflexionar sobre la muerte a nosotros, chiquillos que estábamos por salir en búsqueda de nuestro destino. Más aún que solamente el año pasado habíamos visto a una de las victimas derrochar habilidad con la camiseta celeste de la selección del colegio y a quien después de campeonar, en un partido contra el Bartolomé Herrera, lo metimos en hombros al patio de honor. Sí, se trata de Braulio Tejada que recién había acabado la secundaria el año 1986.

Veinte años después, pienso que ese silencio en el patio de quinto, era para todos nosotros–aliancistas o no– el saber que en esos tiempos violentos, ninguno estaba seguro de nada. Ni del futuro ni de la vida. Ni los chancones, ni los brutos, ni los vagos ni los aplicados, ni los forajidos ni los sanos, ni los peleadores ni lo tranquilos. Ni siquiera los ídolos eternos.

¡Arriba Alianza toda la vida!