jueves, 11 de diciembre de 2008

RESEÑA COCHE BOMBA Y ENTREVISTA EXPANSIVA



El viejo conocido y poeta Rodolfo Ybarra escribió en su blog una reseña sobre Generación cochebomba, acompañandola con una entrevista a este chuzeao. Como afirma Ybarra: "Para completar la onda expansiva" de este novela bomba.


Reseña Coche bomba

“Generación Cochebomba” (Edición de autor, 2007), novela urbana escrita por el periodista Martín Roldán (Lima-1970). Narra las peripecias-aventuras-desfortunios de un grupo de amigos de la horneada subterránea de mediados de los ochentas. La crisis económica producto del desastre gobiernista instaurado por el Apra pone entre la espada y la pared a los jóvenes de aquella época. Por un lado la desesperación ante el vacío (huelgas, hiperinflación, hambre, miseria, acaparamiento, hambruna, tiranía, enfermedades, etc.), y la falta de un futuro promisorio –o tan siquiera “futuro”- , y de otro lado, literalmente, la “explosión revolucionaria” y, hasta cierto punto, polpotiana del “otro” Partido Comunista en la ilegalidad, motejado como “Sendero Luminoso” que cosechaba adeptos en el descontento popular, la rabia y la miseria hasta el punto de –a fines de los ochentas- hablar de un “equilibrio estratégico” tal y como apunta la revista “Quehacer” en una encuesta en la que muchos jóvenes y no tan jóvenes mostraban sus simpatías anónimamente (y como apuntaba “El Diario”, dirigido por Arce Borja, vocero oficial de la “guerra popular”, cuyos “coches bombas”, precisamente, eran el lado más visible y salvaje de una guerra que alcanzaría mayores dimensiones en la explosión de Tarata en Miraflores, cumpliendo, a piejuntillas, el silogismo “…del campo a la ciudad”) . Roldán narra a partir de un alter ego, Adrián R, cómo la desesperación va ir corroyendo el espíritu y el “modus operandi” de cada amigo de la collera que, a diferencia de “Los Inocentes” (“Lima en rock”) de Oswaldo Reynoso, esta va a cuestionar políticamente su situación (aunque la salida adolescente al final sea de carácter lumpen) en la coyuntura que le toca vivir. La locación de los debates es alrededor de los conciertos donde militantes senderistas repartían sus panfletos y chocaban con los subtes a quienes arengan plegarse a la “lucha armada” y a la “gloriosa guerra popular” dirigido por el “glorioso e invencible presidente Gonzalo, pensamiento guía y cuarta espada de la revolución mundial”. Esta toma de posición va a afectar también a los militantes jóvenes de S.L. quienes captados primero para hacer pintas o “volanteo” de mensajes subversivos después eran exigidos o coactados a demostrar su adhesión y su convicción pasando de la agit-prop a acciones que la violencia (seudo)revolucionaria exigía:

“-Ahí está planteado el problema –dijo ella. Se había olvidado de sus dudas porque estaba en contacto con los responsables de tres generados. Él quería saber qué pensaban acerca de pasar de la agitación y propaganda a acciones de propaganda armada donde el riesgo era obviamente mucho. Era la primera vez que los veía. De algunos había oído hablar y se los había imaginado de una forma, específica. Viéndolos bien, ahora, eran todo lo contrario. Uno era, medio asambado, con manchas blancas en el rostro, flaco y con anteojos, más parecía un eterno estudiante de academia que un activista con responsabilidades mayores. Aparentaba sufrir de tuberculosis. El otro era todo tranquilidad y seriedad, por sus ropas denotaba mejor posición económica y al parecer estudiaba en una universidad privada. Sudaba mucho y a cada momento secaba su frente con un pañuelo blanco, muy pulcro. La otra era una chica que ya había tratado antes. Ninguno decía nada a la propuesta de ir de frente a la acción, un silencio frío los había envuelto- ¿Algo que decir?”
Sin embargo, no todo es ideología y política partidaria, como, tampoco, no todo es rockanroll y vagancia, quizás el amor surge como un parapeto para, como una boya en el océano, salvar de un naufragio al personaje principal, Adrian R. La sorpresa es que el elemento eros –en esta particular propuesta- esencializado y personificado en Olga (su bifrontalidad tendrá que descubrir el lector), es intrínseco a un proceso donde los jóvenes (militantes o rockeros, uno no excluye al otro) tienen que decidir, están impedidos de dudar, y los silencios y vacíos pueden interpretarse negativamente, cuando no como una aceptación tácita sin mayores remilgos. En algunos casos no se milita por convicción, se milita por falta de opciones. Transponiendo los términos podríamos decir también que, en algunos casos, no se es subterráneo por convicción sino (oh maldita rebeldía) por falta de opciones (traslado este cuestionamiento al autor).
La estructura del libro simula un vinilo o casete con lado A y Lado B (hay una tendencia a este formato que viene desde los ochentas) donde se intercalan primero en números romanos la historia de unos subterráneos -de clase media en decadencia y hastiados por su situación socioeconómica- que transcurre entre conciertos, “pendejadas” y experiencias urbanas; y luego en números decimales, casi a modo de subterfugios, las maquinaciones de los jóvenes subversivos, sus movimientos, sus “reglajes”, sus “captaciones”, sus preparativos para colocar los “coches bombas”, las “directivas” a cumplir, las movilizaciones clandestinas, las sujeciones al partido, etc.
Quizás -atendiendo una petición de severidad por parte del autor- uno de los puntos flacos de la novela -en el plano de la concepción- sea el de haber construido personajes subtes casi llevados a una heroicidad de la cual carecen, una idealización basada en la música, la palomillada y las conversaciones de esquina, los diálogos (por ratos intonsos) donde la jerga da paso a elucubraciones superficiales y donde la “inteligencia” y la “reflexión paradigmática” está más del lado de los levantados en armas (no creo que este sea un punto reflexionado por el autor, esa “involuntariedad” es más una conclusión de este bloger) y donde algunos exabruptos (perdonables en una primera novela de esta extensión) van a develar una posición que se aleja de la anarquía y de las posiciones subterráneas (sobre todo la del ametrallamiento final donde uno de los ejecutados termina llamando a otro de los caídos por su nombre verdadero: Jesús ¿? En una clara alusión a la religión judeo-cristiana cuya única relación con los subtes –a quienes supongo laicos- es, sin miedo a equivocarme, el bautizo católico e involuntario). Y ello, quizás, sea debido a una falta de organización y/o doctrina que valide alguna “intervención” subte. Al fin y al cabo el robo sin fines políticos es robo simplemente. Lo otro, sin validar ninguna ideología, sería “expropiación”, y en su exceso “golpes al viejo Estado”, “costos de guerra”, etc.
Como recordamos, varios miembros subterráneos (Richie Lackra, Choby, Kike Eutanasia, Daniel F. Chato Víctor, etc., y más acá: Richie Morge, Primo Mujica, Julio Durand, etc.,), alguna vez soñaron con construir un movimiento lo suficientemente fuerte como para resistir agrupados (auto organización, auto sostenimiento, fuerza de choque, rastros de Durruti, etc.,) los embates del Estado burgués y sus políticas antihumanas. De ahí que, quizás, el hecho de haber sido estigmatizados como “vándalos” (recordemos los artículos que aparecieron en la prensa amarilla después de “Rockacho 1986”) no sea del todo falso (ello amerita un análisis sociológico que excede este análisis con pretensiones literarias; a propósito de ello recomiendo un artículo de la revista “Laberinto” número ¿6?). No nos olvidemos que la verdadera anarquía quiere destruir el Estado pero no para reemplazarlo por alguna dictadura, quizás por eso SL chocó con una pared motivacional, la que no permitió, por cierto, que muchos anarquistas terminarán poniendo bombas y siendo encerrados y muertos en enfrentamientos con el ejército (no hay estudios serios al respecto, ojalá que este vacío se vea llenado algún día).

Considero que, para ser una primera novela , Martín Roldán, logra capturar la atención del lector, transportándolo, casi con horror, al primer gobierno de García. Aquí transcurren como en una cinta de celuloide todas las aberraciones, ya relatadas arriba, que le tocó vivir a los peruanos de mediados de los ochentas. En las 285 páginas que componen el libro hay una unidad que, a pesar de los intercalados y de lo inútil de una canción subte frente a la opresión fascistoide (leer la entrevista abajo), no se pierde. El narrador logra salir victorioso casi como una antítesis de Adrian R. quien pierde a la mujer que ama, a sus amigos, a parte de su familia y su futuro gracias a un argumento “cojudo” como el “proceso revolucionario” sic.

Para completar la onda expansiva de este “Coche Bomba” he realizado la siguiente entrevista a Martín Roldán. Esperando que las esquirlas alcancen la comprensión de los lectores (o la leiv motiv para leer el libro) les dejo las interesantes respuestas (también unos videos sobre el autor):

Entrevista expansiva


Foto: Kodamma

1.-¿Por qué escribir una novela generacional, y qué es lo particular de la década de los ochentas –para ti como escritor- dentro del proceso histórico peruano?

Principalmente por una cuestión personal y te explicó el porqué. En el año 89 cuando leí Los geniecillos dominicales de Ribeyro, me di cuenta de que él había escrito una novela basada en el grupo de amigos, con los cuales compartía inquietudes literarias, existenciales, políticas, etcétera de una época muy importante para la historia del país como fue la década del cincuenta y el ochenio de Odría. A partir de ese grupo de muchachos, pude tener un acercamiento a ese tiempo. Fue entonces que me entró el bicho de querer plasmar lo mucho que había para contar sobre la mancha subte y su importancia para mi vida y para la vida de muchos jóvenes que como yo participábamos de ella. Me dije que algún día escribiría sobre ese tema, si es que alguna vez me inclinaba por escribir. Un tiempo después, luego de ver la película de Coppola The Outsiders, me volvió esa inquietud. Como ya escribía, pensé en plasmar algo de esos tiempos en un cuento que fue el embrión de Generación cochebomba.
Obvio que si era así, tenía que ser generacional, y más por el momento que se estaba viviendo y porque lo subte fue expresión pura de dicho tiempo, de un sector de mi generación, no de todos pero sí de un sector bastante importante. Y más aún que esos años eran bastante dramáticos. Pero, para serte sincero, en un principio mi idea era escribir sobre los subterráneos nada más, pero como este fenómeno juvenil es producto de su tiempo, cuando ya lo tenía casi acabado, decidí profundizar en lo que lo rodeaba: La guerra interna, la crisis económica y todo eso que ha marcado a la generación de los ochenta y que la hace muy particular dentro del proceso histórico del país.

2.-En qué crees tú que se diferencia tu novela de lo escrito anteriormente: “Al Final de la Calle” de Oscar Malca, “Contraeltráfico” de Manuel Rilo u otras más cercanas como “La Ciudad de los Culpables” de Rafael Inocente o “Incendiar la Ciudad” de Julio Durand, novelas con las cuales he encontrado algunos vasos comunicantes (la pandilla, la collera, el rock subterráneo, la subversión, el desempleo, etc.,) y que, de hecho, sitúan temporal y topográficamente la ciudad de Lima como lugar a narrar.

A ver, según me han dicho algunos entendidos, y muchos lectores que me han escrito, lo que diferencia a mi novela de otras es precisamente el agregado del contexto social, político y económico en que esa mancha de subtes se desenvuelve. Que eso engloba una totalidad en cuanto a la individualidad de los personajes en relación con su entorno, a su sociedad y al momento que les ha tocado vivir. Y eso precisamente fue mi intención al configurar la vida de estos personajes, que nada es gratuito que son un producto de sus circunstancias y sus circunstancias eran, precisamente, los coche bombas entre otras cosas igual o peor de desgraciadas. Como me dijo un escritor, muy conocido, no es la típica novela de jóvenes desubicados dentro de sexo, drogas y rocanrol que dominó la narrativa de los noventa. Sino que a partir de eso, tiene la ambición de intentar reflejar una época.

Para mi Al final de la calle fue la novela que me convenció totalmente a escribir. En el 96 tuve la oportunidad de entrevistar a Oscar Malca para un curso de la Bausate y le revelé que estaba escribiendo una novela sobre los subtes. Él mismo me dijo que estaba bacán eso, porque Al final de la calle no es una novela de los subtes, porque cuando salió muchos la consideraron así, por la cercanía que tuvo Malca con el movimiento subterráneo desde sus inicios. Pero no, más bien es una novela sobre un marginal y que si bien por allí menciona al rock subterráneo o a Daniel F, no era esa su intención. Aparte que M muy bien podría ser un subte, pero explícitamente no lo era. Ese día hablamos de muchas cosas, hasta de Alianza equipo del cual somos hinchas ambos. Y bueno cuando salí de esa entrevista-chupeta, estuve mucho más convencido de escribir mi novela. La novela de Rilo no la he leído, así que no puedo decir más.
En cuanto a las novelas de Rafael y de Julio. En Incendiar la ciudad hay similitudes porque ubica personajes subtes, como el Chusko o el Chibolo. Pero si hay alguna diferencia es que mi libro está situado en la segunda mitad de los ochenta, y la de Julio en los primeros años de los noventa. Por decirte él habla mucho del jirón Quilca, en cambio yo no, porque para los subtes de los ochenta ese jirón era la calle de los jipilones y poetoides, que más bien tenían sus anticuerpos contra los subtes, porque nos consideraban unos lisurientos, violentos y carcosos. No todos te diré, pero sí un buen sector. Quizás esa antipatía se debía al discurso anárquico y antitodo de los subterráneos que chocaba con el discurso de paz y amor, de los otros; lo cual, dicho sea de paso, iba en contradicción con sus posiciones de izquierda; porque daba risa ver de que en medio de la canción de Lennon Imagine, algunos marihuaneados lanzaban su Viva la lucha armada… Jajaja, nosotros nos cagabamos de la risa de eso. Por eso Quilca no existía, salvo porque a la vuelta, en el jirón Camaná, quedaba la peña Huascarán, lugar de varios conciertos. Quilca toma protagonismo ya en los noventa, pero esa es otra historia. Entonces, como ves, hay diferencias. Igual como las hay con la novela de Rafael Inocente, que de subte tiene muy poco, porque sus personajes son, más bien, marginales: empleadas del hogar, obreros, estudiantes, por allí hay un personaje que escucha rock subterráneo, pero nada más. Pero lo que nos acerca es lo que precisamente tú mencionas, además del impacto del contexto en cada uno de los personajes. Lo cual te mueve a reflexionar sobre esos años duros.

3.-He leído algunas entrevistas donde mencionas a la “Conversación en la Catedral” como uno de los libros que ha influido en tu escritura, también mencionas a Oswaldo Reynoso. Pese a ciertos anacronismos, cual es tu versión de la vanguardia novelística peruana. El intercalamiento de los capítulos de tu libro me hace suponer que te inclinas por cierto tecnicismo (perteneciente al boom literario) muy dejado de lado por los escritores jóvenes. ¿Cual es tu opinión?

Eso de la vanguardia es una etiqueta que la ponen otras personas ajenas a los mismos autores. Para mí las etiquetas siempre me han parecido sospechosas. Una vez me preguntaron qué era ser subterráneo, y yo respondí: Ser tú mismo. O sea sin etiquetas. Y eso era lo básico en esos años. Ahora muchos se reclaman vanguardistas, una etiqueta más y por eso me parecen sospechosos, principalmente de ocultar algo. ¿En qué sentido? Te explico: Para mi aceptar la influencia de Vargas Llosa y de Reynoso no me sonroja, porque son dos maestros de la narrativa dicho sea de paso. Y si mi libro apunta por ese lado de la técnica ya utilizada por ambos escritores o por los del Boom, pues no lo niego, es así como tú lo dices. Yo considero que no hay nada nuevo bajo el Sol. Sucede que cuando uno cree que ha escrito lo último de lo último en originalidad, te das con la sorpresa de que otro ya lo ha hecho de alguna forma en otro lugar o en otros años. Creo yo que hay que ser más honesto con uno mismo o con los lectores y reconocer que uno no ha descubierto nada, sino que ha rescatado muchas cosas, con conocimiento de causa o por pura casualidad. Precisamente Rescate es la palabra correcta a vanguardia, en estos casos.
Ahora que los escritores jóvenes hayan dejado de lado esos tecnicismos es cosa de influencias. Porque si para mi Vargas Llosa o Reynoso son dos maestros, para ellos, lo serán otros, básicamente escritores norteamericanos como Carver, Bukowski, no lo sé y escriben de esa forma. Yo en ese sentido soy un lector de clásicos latinoamericanos: Rulfo, Cortazar, Ribeyro, Borges, Reynoso, Vargas Llosa, y a partir de allí creo mis historias. Como afirmaba Miguel Gutiérrez en uno de sus talleres sobre la novela del siglo XX : “Se escribe a partir de lo que se ha leído”. De lo que se trata es simplemente de eso, de reconocer las influencias, nada más.

4.-Pocos han escatimado que “Generación Cochebomba” sería algo así como la versión peruana de “Generación X” de Douglas Coupland. Cómo lo ves tú. A propósito de esto explícanos el título, aparentemente agresivo. ¿A qué se debe? ¿Y en qué crees tú que se diferencia con la cultura o generación combi?

Te diré que no he leído Generación X. El día de la presentación el profesor Jorge Valenzuela, insinuó una posible influencia, pero más allá de las similitudes en los títulos no hay nada más, al menos de mi parte, porque si lo hubiera no tendría reparo en decirlo. Te diré, también, que para responder esta entrevista no me quedó otra que buscar argumentos sobre la novela de Coupland. Y por lo que he podido leer, sus personajes son personas con una posición estable que se aburren del estilo de vida americano y huyen hacia un pueblo en el desierto para evadirse de las responsabilidades de su anterior vida. Es un escape más que todo. En cambio los personajes de mi novela están en búsqueda de algo diferente a las opciones que una sociedad en crisis total les ofrece: Hundirse con el sistema o subvertirlo. En el fondo puede parecer lo mismo, pero no lo es. Pero igual no me jode que digan que mi libro es la versión peruana de Generación X.
En cuanto al título. Si Coupland pensaba con el suyo describir a una generación de norteamericanos desencantados de su estilo de vida, pues mi intención fue la misma con el título de mi novela, describir a un sector de mi generación que estuvo en búsqueda para poder desarrollar sus expectativas de vida. Aunque en un principio pensaba titularla ¡Nadie es inocente, todos terroristas! Lo cambié cuando en la vorágine de escribir el cuarto capítulo uno de los personajes alza un vaso de trago corto y dice: “Salud por nosotros la generación del apagón y el coche bomba”. Me dije que eso describía totalmente mis intenciones para con la novela y que debería ser el título. No fue porque era agresivo o llamativo, básicamente fue porque no había otro título mejor para describir el contenido.
Ahora último he podido comprobar que el titulo está siendo utilizado como una especie de marca generacional para referirse a la generación de los ochenta, la que creció en esos años de atentados y apagones, de inflación y escasez. En una entrevista que me hizo Juan Carlos Tafur, este remarcaba eso, que ese término reflejaba en dos palabras toda una época. Él no fue un subte y tuvo otros tipos de vivencias, pero lo común lo que nos marca es lo que pasó alrededor cuando éramos adolescentes y por eso se identificaba como miembro de la generación coche bomba. Ahora bien, con todo esto de la moda radial de pasar música ochentera, pues he descubierto que hubo mil formas con que otros atravesaron esos años. Pues bien, para que esas personas no se sientan, necesariamente identificadas con el titulo de mi novela, he escrito un cuento que se titula Generación chicle-bomba.
En cuanto a la cultura combi, creo que es más que todo la institucionalización de la informalidad, de la prepotencia, de la viveza criolla muy propia de todos los peruanos y que se inició cuando Fujimori se zurró en la Constitución e impuso su dictadura. Con esto dio el ejemplo de que si quieres sobresalir tenías que saltarte las formalidades y las convenciones y ser más pendejo que otros y alcanzar tus objetivos sin importar el resto, la cosa era llegar, simplemente. Y se llama combi porque en esos vehículos de transporte público, el abuso, la prepotencia, la informalidad, el desacato a las convenciones o leyes se dan diariamente, con nuestro consentimiento.

5.-A pesar de recoger ciertos personajes que existen en la realidad (y creo conocer a alguno de ellos: el gordo memo, Olga T, el negro Brunce, etc.) “Generación Cochebomba” es más una novela de ficción que una novela realista. Si bien es cierto los límites parecen ser bastante indefinidos, creo que en el plano político se asume una ficcionalidad que ha puesto a prueba tu estro narrador. Me estoy refiriendo a los personajes que en la novela son cuadros de SL y que tratan de hacer su “trabajo” de forma correcta. Explícanos por favor cómo has hecho para que tus personajes subversivos o “alzados en armas” no suenen panfletarios.

Simplemente saqué todos los prejuicios o parámetros con que me había contaminado la propaganda antisubversiva y me propuse comprender a los senderistas, en el porqué de su lucha. Porque afirmar de que un día se les ocurrió y muy alegremente se levantaron en armas, como afirman ciertos sectores conservadores de la política peruana, es una cachetada a la inteligencia, ya que todos sabemos que nada sale de la nada, que todo tiene un porqué, una causa y su posterior consecuencia. Y siendo los senderistas formados en la lógica marxista, heredera de la dialéctica, eran la consecuencia a décadas de contradicciones sociales no resueltas. Entonces llevé los planteamientos teóricos de Sendero y los confronté con el individuo de un ficticio militante, con todas sus contradicciones y dudas de ser humano. Eso me permitió entenderlos y crear los personajes sin que suenen panfletarios o sin que aparezcan mis reparos hacia ellos. Por eso los personajes senderistas de mi novela no son los típicos robots o dogmáticos que no piensan más allá de lo que dicta el dogma o no tienen sentimientos. Creo yo que por más poderosa que sea la ideología en la que creyeron, no dejaron de ser seres humanos del todo y también sintieron pena, miedo o tuvieron dudas del marxismo-leninismo-maoísmo-pensamiento Gonzalo.

6.-En una conversación anterior me contabas que tu novela empezó primero siendo un cuento y tardó en construirse un tiempo aproximado de 10 años. Explícanos a groso modo cómo fue esta construcción.

Sí como un cuento mío había sido premiado en los juegos florales de la Bausate, me dio por escribir más cosas. Entonces recordé una experiencia de mi época subte e intenté escribir un cuento sobre un concierto que termina en batida. Lo acabé pero sentía una necesidad tremenda de seguir escribiendo sobre eso, que había mucho más que decir, como que los personajes me pedían contar más sobre ellos. Entonces continué y terminó siendo Generación cochebomba. Ese cuento viene a ser el primer capítulo de mi novela. Y bueno empecé a escribirlo a fines del 95 en las horas muertas que mi labor como bibliotecario de un colegio secundario me permitían. Escribía a mano porque no tenía computadora. Eso fue hasta el 98 porque en ese año trabajé en D’generación el programa de TV que hicimos contigo y un grupo de amigos. Entonces como no tenía mucho tiempo dejé de escribirlo hasta el 2001 que es cuando me compro una computadora y me aboco a culminarlo. Para esto me hice una disciplina de escribir sábados y domingos de nueve de la mañana hasta las tres de la tarde con el intermedio para el almuerzo. Entonces lo acabé hacia el 2004 y de allí a corregir. Para esto me metí a talleres para ver qué cosa le faltaba a mi libro o qué le sobraba. En el 2006 ya lo tenía listo, pero por falta de dinero no fue hasta mayo del 2007 que lo mande a la imprenta.

7.-Me vas a disculpar por adelantado esta pregunta, pero los años que te conozco amerita hacerla: Cómo un subterráneo asume su derrota (o supresión de la rebeldía) y pasa a integrarse dentro de una sociedad de consumo trabajando y escribiendo libro(s ) que al fin y al cabo son pequeños bienes de consumo. Qué es lo que ha cambiado del músico de “Dictadura de Conciencia” al Martín Roldán, el novelista.

Dime Rodolfo… ¿Tú, yo o los Eutanasia hemos estado alguna vez fuera del sistema? Que no nos gustara y tratáramos de buscar algo mejor a ser meros consumistas de modas musicales y que se haya creado un circuito paralelo, no nos sacaba de él, en el sentido de que de alguna u otra forma seguíamos consumiendo de lo que producía para poder mantener el circuito paralelo. Entonces la rebeldía no pasaba por el consumo, la rebeldía pasaba por la actitud frente a un sistema que se estaba yendo a la mierda: Me hundo con él o lo cambio. Muchos entonces optaron por mantenerse auténticos sin inmiscuirse mucho en lo que pasara, como individuos comprometidos con su transcurrir y punto, y hasta ahora mantienen ese compromiso. Ahora bien, los que pensamos o soñamos que podíamos mejorar el mundo llegamos a la conclusión de que mandando a la mierda al sistema en una canción no iba a cambiar nada, y empezamos por cambiar nuestros pequeños mundos, de mejorarlo para tranquilidad de nosotros y de las personas que amamos, las más cercanas al menos y eso nos hizo mejores seres humanos. Otros que en esto último vieron trazas de egoísmo, optaron por movimientos más radicales que ofrecían acciones más directas para cambiar el sistema. Lamentablemente muchos acabaron trágicamente y otros purgaron condenas en prisión. Como ves la cosa pasaba por la actitud frente a lo que estaba sucediendo. Si te pones a pensar muchas personas ni se preguntaron por lo que estaba pasando y vivían como adormecidos, precisamente por el consumismo, la radio comercial y la televisión. Creo que hasta ahora siguen así. Pero bueno es su rollo, no el mío. Al menos yo viví intensamente mi tiempo, tanto así que no podía quedarme callado y la necesidad de expresar todo lo que sentía lo encontré en el movimiento subterráneo, precisamente con mi banda hardcore, Dictadura de Conciencia, pero por circunstancias me dediqué a otras cosas y la dejé de lado. Y como dije ante una pregunta de Daniel F para su paskine Tarántula en el 93, que de acá a quince años yo no me veía como músico, pero mis ganas de expresarme iban a estar intactas, quizá ya no en una banda de hardcore, pero quizá en algo que tenga que ver con el arte como la pintura, la fotografía o la literatura, pero siempre conservando lo que aprendí con los subtes que era decir lo que sentías de alguna u otra forma, expresarte al fin y al cabo, para bien o para mal…y allí tienes mi libro ¿no? Entonces sigo manteniendo la esencia de esos años, básicamente.

8.-Me parece que más que lo político es lo nostálgico la constante en tu novela. Empezando por la dedicatoria al Cachinero, al Maya, Beni Gil. Kilowatt, el Omiso, etc., subterráneos que murieron en “acción”. Cómo lo ves tú.

Lo político está presente de hecho que sí, porque la política preparó el gran escenario en donde la vida de estos personajes se desenvuelve. Ella configuró sus vidas al haber hecho del Perú un lugar caótico y sin esperanza en esos años. Pero si piensas que es una novela donde encontrarás una lucha por el poder, o esas intrigas políticas por alcanzar algún objetivo, no es así. Más bien la lucha se da en el interior de cada personaje, entre lo político y sus sentimientos. En cuanto a los amigos ya fallecidos que dices murieron en “acción” debo precisar que murieron en acción de vida más que en otro tipo de acciones. Y a ellos va dedicado mi libro, porque muy bien pudieron ser los protagonistas de Generación cochebomba.

9.-¿Qué opinas de la crítica formal? Qué te parece esa afirmación literaria sensu de González Vigíl quien dice que sólo comenta libros que son buenos.

Que para algunos es necesario, al menos para mi no. Muchos guían sus lecturas de acuerdo a lo que diga la crítica. Pero yo al menos busco otro tipo de motivaciones para mis lecturas. No tanto por lo que diga otra persona sino lo que dicte mi interés. Hay tanto para leer que a estas alturas ya me he vuelto selectivo. Entonces para mi existen libros que me impactan o que me conmueven. De allí juzgo su valía. Y da el caso que a veces un libro me ha conmovido, que es lo que yo busco principalmente, y luego he leído una critica formal y pues el libro resultaba siendo malo para la crítica. Entonces es una cuestión de subjetividad, creo yo. Yo tengo mis parámetros para que un libro me guste, los cuales no van a ser los mismos de algún crítico en particular y por más que diga que trata de ser objetivo, no pues, no será así.
En cuanto a lo que dice Ricardo Gonzáles Vigil, te diré que hace unos meses un reconocido escritor a quien le gusto mi libro, se lo recomendó y él manifestó estar muy interesado en leerlo. Este escritor me lo hizo saber y le hice llegar un ejemplar. Y si no lo ha comentado hasta hoy será porque no habrá tenido tiempo para leerlo o para dar su opinión o porque simplemente no le ha encontrado suficientes méritos. Por mi parte yo estoy tranquilo.

10.-¿Cómo te ubicas dentro de ese debate entre criollos y andinos o periféricos?

Para mi esas son huevadas, porque si hablamos de que los criollos son los más difundidos y los andinos o periféricos los excluidos de los medios de difusión y las editoriales, pues yo no estaría en ninguno de los dos lados y no por autoexclusión o por querer ser un auto marginal, sino porque dentro de los criollos mi novela no existe, porque no guardo lazos de amistad o no pertenezco a esa argolla que dicen marca las pautas de lo que es la cultura. Y si hablamos de los andinos o periféricos yo tampoco existo, porque el tema que trata mi novela es justamente lo que éstos rechazan, si no me equivoco. Además el hecho de que hayan comentado Generación cochebomba en tres diarios, uno de ellos de la supuesta argolla como es Perú 21, pues desde ya estoy condenado, oleado y sacramentado para ellos, no lo sé. Aparte mi libro es una publicación independiente ¿Entonces dónde quedo? Pregunta que nunca me he planteado porque realmente me es indiferente pertenecer a cualquiera de esos dos bandos…Si habría que juzgar mi libro me gustaría que sea por lo que es, no por el chuzo en mi cara ni por el lugar donde nací ni por el color de mi piel ni otras cosas externas a la literatura.

11.-Sé que estás preparando un libro de cuentos. Cómo va el asunto. ¿La temática es parecida a la de “Generación Cochebomba”? Adelántanos algo.

Tengo terminado un libro de cuentos que tienen una temática bastante actual, como es la violencia alrededor de las barras de fútbol. Pero, ojo, no es un libro de fútbol sino una mirada al país, sus contradicciones y sus males, a través de estas agrupaciones que son un microcosmos del Perú de hoy. Estoy a la espera de una confirmación y quizás muy pronto salga publicado. Y bueno en esa espera estoy escribiendo cuentos y relatos sobre esas historias que no encajaron en Generación cochebomba y quedaron de lado. Historias de amor, soledad y frustraciones, muy crudas algunas y otras con mucho humor. Los personajes van desde la persona más normal hasta el más friki, por darle un término. Y al igual que mi novela, la música y el contexto social de los ochenta y noventa están muy presentes. El cuento que te mencioné Generación chicle-bomba es parte de ese proyecto.

viernes, 5 de diciembre de 2008

BORRADOR COCHEBOMBA


En la ultima Feria del libro de Lima, me encontraba con una amiga lateando entre los stands en busca de algunos títulos, cuando Armando Alzamora del grupo literario Otras Voces me alcanza y me avisa que los de Borrador editores quieren hacerme una entrevista aprovechando mi circunstancial presencia. Como Carlos Saldivar, autor del buen libro Historias de Ciencia Ficción, andaba por allí, fue invitado también. Así que esto es lo que salió de esa breve charla.

Clik para ver la entrevista: http://www.youtube.com/watch?v=Of9h2qFFjgo

domingo, 23 de noviembre de 2008

TONY GUICARD

Foto: John Carleton

En el segundo piso de la esquina del jirón Recuay con Huaraz en Breña, existía un local para fiestas conocido como el Banco Hipotecario. Debía su nombre a una agencia de dicho banco ubicado debajo del local. Allí hacían sus fiestas de promoción los colegios secundarios cercanos: Rosa de Santa María, Guadalupe, Mariano Melgar, etc. En esas fiestas se concretaron muchos amores y también odios, alegrías y tristezas. Broncas descomunales y hasta un asesinato con violación. También fue el escenario del ascenso y caída de Tony Guicard.

En la primera mitad de los ochenta, el éxito de una fiesta de promoción, se sostenía en si era organizada por un colegio femenino (los varones a veces optaban por unirse a una promo de mujeres para no ir en pierde), la ubicación del local y, sobre todo, el sonido, o sea lo que hoy en día se conoce como el discjockey (aún no se usaba el huachafazo Diyey). Por tal motivo, si en la tarjeta figuraba el Hipotecario como local, promo del Rosa y encima con sonido y luces de Tony Guicard, la fiesta prometía ser un éxito.

Nosotros que vivíamos en esas calles, hacíamos lo indecible para estar siempre presentes cada fin de semana. Nuestro infaltable presencia hizo que conociéramos a los que se encargaban del sonido. Muchos pasaron sin pena ni gloria y otros recién se estaban consolidando. Hasta que una noche, de la mano de la promoción 84 del colegio Elvira García y García, hizo su llegada a Breña, Tony Guicard.

Su fama no sólo se debía por contar con los éxitos radiales, los clásicos del rock y la salsa, sino también por la potencia de sus columnas sonoras, las luces sicodélicas y la calidad del sonido, la cual conseguía con un potente ecualizador Technits. Ese día la fiesta fue plena y nadie se quedó sin bailar Billie Jean de Michael Jackson, descalabrarse con Footlose o intentar una pirueta con There’s not stoping now, tema principal de la película Breakdance.

La gente estaba frenética y lanzaba coros de ovación cada vez que Tony cambiaba un éxito por otro. Incluso suspiraban cuando, ante la insistencia de algún enamorado, ponía una de esas baladas con que muchos dieron el primer beso de amor, o sintieron en el alma el rechazo y el consecuente despecho. Bred, Air Supply, o cualquier empalagosa melodía lenta que hacía soñar a las mocosas.

Pero no siempre fue así. A veces la gente estaba dura y al mismo Tony no le quedaba otra que crear el ambiente propicio para que se soltaran y, de a pocos, llegar al frenesí. Tomaba el micrófono y entre arengas y bromas, matizadas con las más conocidas salsas y las canciones más movidas, lo lograba. Era una formula infalible.

Cuando ya tenía el ambiente listo, iba metiendo éxitos de todo tipo y las consabidas baladas. Entonces era la estrella que todos seguían, en una noche de música y diversión. Muchas veces lo vimos parado sobre la mesa con el micrófono en mano, cantando por decirles: Please don’t go de KC and the Sunshine Band u Open Arms de Journey. Hasta ahora tengo esa imagen suya bailando lentamente y siguiendo la letra que se sabía de memoria. En su sonrisa se notaba el disfrute de su trabajo.

Así entre fiesta y fiesta Tony Guicard se convirtió en garantía de un fin de semana alegre, de baile seguro y de diversión adolescente. Y él vio aumentado su prestigio como sonidista. Las promociones se lo peleaban para que pusiera el sonido en sus fiestas; pero él, siempre amable, se disculpaba porque su agenda ya estaba solicitada y contratada, para varios meses. Ser una pequeña celebridad lo llevó a cambiar su imagen de acuerdo con su éxito.

Un día lo vimos llegar con un atuendo parecido a los que Elvis Presley usaba en Las Vegas. Todo de blanco: Los macarios de plataforma para disimular su chatura, el pantalón con aplicaciones de cintas de oro llamadas Grecas. La casaca de cuello alto, tenía bordado su nombre en letras doradas. Completaba el look, unas gafas negras y el peinado hacia atrás que lograba acentuando los duros pelos con bastante Glostora. Más que un Elvis, tenía toda la pinta de un Gary Glitter en decadencia.

Y nosotros que ya éramos sus conocidos no le tomamos importancia al cambio, con tal de que armara la fiesta, todo bien. A veces en medio del vacilón Tony nos dejaba estar a su lado en la cabina, e incluso nos permitía sugerirle una que otra canción que él en buena onda nos aceptaba o no. Un día cuando la fiesta había alcanzado su punto más alto, nos dijo algo que no nos sonó a soberbia: “Mi sonido es incomparable”.

Y lo fue por un buen tiempo. Había días en que su sonido se iba a otros locales, y no nos quedaba más que entrar al albur de una fiesta con otro sonidista o de seguir a Tony Guicard hacia donde sus contratos los llevara. Hasta que una noche pasó lo que habíamos creído nunca iba a pasar.

La fama de Tony había trascendido el ambiente escolar y había llegado hasta los oídos de promociones universitarias que comenzaron a buscarlo. Una noche de 1986 fue contratado para animar la fiesta del octavo ciclo de Ciencias de la Comunicación de la Garcilazo de la Vega.

La fiesta fue normal, había poca gente que bailaba y que más bien se emborrachaba. Como Tony había estado acostumbrado a animar fiestas de adolescentes, los temas que ponía no iban con jóvenes prontos a ser adultos y lo que es peor, estar altamente politizados, porque pertenecían en su mayoría al CUA (Comando universitario aprista) semillero de búfalos y de futuros miembros de Rodrigo Franco.

Al estar la fiesta llena de gente mayor, nosotros nos habíamos refugiado en la cabina con Tony para encontrar algo de diversión, por eso pudimos ser testigos de todo. Los primeros síntomas fueron los pedidos de canciones que Guicard no tenía, por ser gustos de generaciones pasadas, que en el común de las fiestas que animaba sería impensable ponerlas. Al no satisfacer los pedidos, empezaron los reclamos. Veíamos en su rostro la desesperación, cuando por atenuar la falta de un tema ponía uno similar, e inmediatamente no era del agrado del público. Y así, en una seguidilla de rechazos, fue generando todo lo contrario a lo que lograba con su sonido incomparable. La antítesis de euforias pasadas se reveló en insultos, lluvia de cigarros encendidos y vasos de plástico que golpeaban la cabina de sonido. Hasta que un insulto lanzado por algún futuro paramilitar se hizo consigna esa noche: “Oe, Tony Guaco, cambia de música”.

Sí, ya no era el Tony Guicard de apoteosis pasadas. Era el Tony Guaco, que esa creatividad colonial, muy particular de nosotros los limeños, nos brinda para buscar el detalle del insulto en el color de la piel o en el origen humilde de los demás. Y fue pues que la consigna se hizo arenga y como en esos balconazos donde los del CUA celebraban a García por instaurar el pan popular, vituperaron hasta el extremo al buen Tony Guicard, que solamente había querido ser cantante para alegrar los corazones de la gente, y al no poder serlo escogió la música de otros para llevarles esa alegría y sentirse bien, nunca para que lo maltrataran como lo estaban haciendo en ese momento. Por eso no aguanto más y apagó la música, haciendo que el corito burlón de ¡Tony Guaco, Tony Guaco! se sintiera más fuerte.

Los de la promoción fueron a reclamarle, pero él se negó a encender su sonido incomparable. Entonces los miembros de ese partido acostumbrado a la matonería, la intolerancia y a cagarse en lo que sea cuando tienen el poder en sus manos, rompieron todo lo que significara el slogan: Sonido y luces Tony Guicard, ¡alegría garantizada!

Nosotros pudimos salir antes de que una botella llena de cerveza rompiera el vidrio de la cabina y vertiera su contenido en el ecualizador Technits. Tony casi se electrocuta al tratar de desconectarlo, pero fue inútil porque ya el líquido había hecho estragos en su equipo. Y no solo fue eso, las columnas de sonido se fueron al piso y fueron destrozadas a patadas. Las luces sicodélicas a palazos. Cuando llegó la policía no hubo ningún detenido, el carnet del partido había hecho sentir su fuerza. Más bien quisieron llevarse a Tony por incumplimiento de contrato. Pero creo que la policía al ver los destrozos de sus equipos, se apiadó y no se lo llevó.

Nosotros ayudamos a Tony a recoger lo que quedaba de sus cosas. Incluso fuimos hasta el parque El Ovalo a traer una camioneta para que lo transportara. Cuando se despidió, Tony ya no era el mismo. Nunca más volvió por el barrio para animar las fiestas de promoción. Ni volvimos a ver en ninguna tarjeta de ninguna promoción la garantía de la alegría en una fiesta: Sonido y luces Tony Guicard.

Muchos años después estaba por la avenida Perú, grabando un informe para un programa de TV que hacía con unos amigos. Allí muy cerca estaba Tony Guicard bajando cajas de cerveza de un camión para una tienda. Me acerqué a saludarlo, conservaba la misma sonrisa pero estaba bastante acabado. Y creo que no estaba deseoso de recordar su pasada gloria, porque cuando lo llamé por el nombre con el que muchos lo conocimos, me dijo: “Hola amigo como estás”. Y sin más se fue rápidamente en el camión repartidor de cervezas con el que se ganaba la vida.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

LA VIRGEN PUTA

¿Qué hace que un viejo punki se convierta en una especie de Sherlock Holmes?... ¿El tedio? ¿El llegar a los treinta? ¿El ver que lo que antes era trasgresor ahora es una moda? Muchas son las respuestas que podrían explicar la historia de Felisín, el protagonista de la novela de Patxi Irurzun Cuestión de Supervivencia, la cual será publicada en Internet con su título original: La virgen puta.

Un policial, mejor dicho un antipolicial, en donde Felisín se ve comprometido con las desapariciones de los indigentes de su barrio, situado en la imaginaria ciudad de Jamerdana que bien podría ser Madrid, Barcelona, Bilbao, Pamplona o cualquier urbe de este mundo, como Lima, ya que su real significado es muladar, vertedero, basural… ese mundo que no aparece en las postales turísticas ni es mencionado por el noticiero de las diez.

Acompañado de su amigo el fotógrafo Picio, especie de Watson, con quien edita un fanzine llamado Borraska, va en busca de la causa de esas extrañas desapariciones. Un recorrido por calles de miedo, bares, casas okupas, hospitales de aniquilación y lujosas residencias donde la decadencia se respira en el ambiente, como el smog de una bonita ciudad. Y para matizar esa decadencia, la música de Eskorbuto, La Polla, Ramones, AC/DC y un peculiar cantautor punk que nos hace recordar a Manolo Kabezabolo, nos brinda el Soundtrack que toda buena novela debe tener.

Una sátira de la novela negra, La virgen puta, se publicó en 1998 con el título de Cuestión de supervivencia, por la editorial Altaffaylla kultur taldea. El autor brinda la explicación del cambio de nombre en el blog http://www.lavirgenputa.blogspot.com/ que es por donde podrán bajarse la novela en formato PDF completamente gratis. La cosa será por entregas y viene con la grata novedad de portada e ilustraciones de Juan Kalvellido.

Los capítulos son cortos, contundentes y fáciles de leer, como canción de La Polla Records o Eskorbuto. Así que si estás interesado espera las entregas que el buen Patxi y el buen Kalvellido nos brindarán todos los lunes y jueves.

A manera de introducción les dejo un extracto del primer capítulo titulado Moscas:

Pensé en ello cuando ví aquellas dos moscas follando sobre la barra del bar: tenía treinta años y estaba solo y aburrido. Todo había ido a la vez tan deprisa y tan despacio... A los quince ya no creía en nada. Por eso me hice punk. Desde entonces había estado borracho. Un mal rollo cuando tienes que caminar sobre el filo de la navaja. La mayoría de mis colegas, por ejemplo, habían perdido el equilibrio y se habían descuartizado: las drogas, la priva, el suicidio... Una vida salvaje. Mentira. Aburrida, mediocre. Una vida como cualquier otra. A estas alturas de la historia todos caminamos por el filo de la navaja. Mirar para adelante tampoco me ayudaba. Tenía treinta años y además de estar solo y aburrido llevaba el pelo teñido de color azul ¿Qué podía esperar de la vida?

Para más información sobre Patxi Irurzun y su copiosa obra pinchen aquí

martes, 18 de noviembre de 2008

ACA ESTAMOS Y NO NOS VAMOS


Mientras iba por la avenida Venezuela en una combi rumbo al estadio, en cada paradero se podía ver grupos de camisetas blanquiazules, familias con niños aliancistas, y la sonrisa de un Sol dominguero con fútbol. Había alegría pero ¿A qué jugábamos? Porque parecía que íbamos a disputar una final. Por momentos recordé la tarde soleada de 1997 cuando dimos la vuelta después de dieciocho años, salvando las distancias claro está.

De tanto ver camisetas blanquiazules, el cobrador, un zambo chalaco con pinta de reggetonero, le dice al chofer:

–Tsss, bastantes cagones en la calle ¿No, primo?
–Sí, pe, como están pa’ bajar, van al estadio a apoyar a su equipo.
–Lo justo, pe’ si Boys hubiera tenido esa hinchada ahorita no estaría en la baja.

Y sí pues, como indica ese hincha rosado, fue el partido de nuestra hinchada. Porque si sacamos cuenta de lo que se vio en el verde, esos dos goles fueron más por el empuje de las tribunas que le dieron una nueva motivación a los jugadores, que por juego de equipo o determinaciones tácticas.

Sinceramente pudimos haber salido con una pena en vez de una alegría, porque el equipo sigue demostrando que tiene debilidades que no han podido corregir a lo largo del año. En fin, de eso no se trata esta crónica, porque ayer el protagonista principal fue esa hinchada que llenó una vez más el templo de Matute.

Eran la una de la tarde y ya la avenida Isabela Católica, mostraba un lleno de procesión. De esa fe que a veces el destino blasfema y que es característica de nosotros, de nadie más, y el Sol de primavera iluminaba las sonrisas y las camisetas de Alianza que se lucían con orgullo. ¿A qué jugábamos? Me seguía preguntando, mientras niños con sus padres entraban ilusionados, quizás por primera vez, a un estadio que me vio allí desde niño.

Sí, por eso, cuando en la previa de La 20 se cantaron también esas canciones de antaño, las setenteras y ochenteras, con las cuales habíamos crecido, muchos recordamos esos años, cuando ganar campeonatos nos era esquivo, cuando ir al estadio, era solo por la alegría de estar con el equipo. Simplemente por sentimiento.

Y esa fue la premisa durante todo el partido, recordar esos años cuando también nos preguntábamos: ¿A qué jugamos? Y la respuesta era ¡A nada! Pero no nos importaba. Porque para los que llevamos estos colores en el alma, los mejor de nuestras vidas es estar allí en las buenas, y en las malas mucho más. Así sea para una final de campeonato, o para salir del descenso. Y ayer lo demostramos, porque nadie, como bien insinuó ese cobrador del Boys, nadie tiene una hinchada tan fiel como la nuestra.

¡ARRIBA ALIANZA TODA LA VIDA!
Publicado en Comandosvr.com

sábado, 15 de noviembre de 2008

ANDREITA



Andreíta

Andreíta es de esas niñas que tienen algo de adulto en la mirada, a pesar de sus nueve años. Juega como los niños de su edad los juegos propios de su edad, pero como que lleva adentro algo que la hace distinta, como si tuviera una sensibilidad especial que la conecta con lo que sucede a su alrededor. Mientras los otros niños están correteando, ella observa todo, y en su cabecita parece dar vueltas un sinfín de ideas.

Digo esto porque desde hace algún tiempo, las veces que mis estados de ánimos han ido desde el fondo hasta lo más alto, y viceversa, ella ha sabido interpretarlos. Siempre se acercaba a mí con la palabra justa para describir lo que sentía.

–¿Qué te pasa? –Me dijo un día cuando estaba realmente bajoneado.
–¿Por? – le dije.
–Siento que estás triste.
–¿Y tú como lo sabes?
–Siempre te observo.
–¿Ah sí?
–Sí.
–¿Y qué es lo que ves como para que te des cuenta de que estoy triste?
–Tus ojos cambian, y caminas mirando al piso, como si buscaras algo.
–Tienes razón, capaz busco la alegría que dejé olvidada en algún lugar –dije más para mi que para ella.
–¿Qué?
–No, nada…
–Me voy a jugar, no estés triste, sonríe…
–Gracias, Andreíta…
–La alegría no está en el piso, sino en esa chica que te quiere de verdad.

Cuando dijo eso, se fue corriendo al patio. Yo la observaba, sorprendido, porque había dado en el clavo de que el motivo de ese bajón era una chica. ¿Cómo esa niña podía saberlo? Quizás por ser la tristeza de amores un lugar común en todas las personas, lo dijo por decir no más y atinó. No lo sé. La cosa es que siempre se acercaba a saludarme y decía: “Te estoy observando, no estés triste, sonríe” y se iba. Cuando los ánimos eran de euforia, no decía nada, se acercaba a saludarme con una gran sonrisa que daban ganas de peñiscarle los cachetes chaposos. Como dando a entender que cuando todo es alegría, las palabras están de más y una simple sonrisa lo alumbra todo.

Eso me tuvo bastante intrigado que incluso llegué a comentarle lo sucedido a su profesora. Ella me dijo que era una niña normal, salvo que era bastante observadora en comparación a sus demás compañeros. Eso desbarató mis supuestas teorías de que Andreíta podía ser una síquica, futura discípula del Huachano o Lhuis con H. O de don Lino el único brujo malero “compactado” con Satanás (También el único brujo satánico que da descuentos navideños a sus clientes) Me sentí bastante mezquino por haber pensado ese futuro para una niña tan linda, y que ahora la siento como si fuera un angelito. Así pasaron varios meses de saluditos con sonrisas y palabras justas: “No estés triste, sonríe”, me decía. Tanto así que terminé por acostumbrarme y dejé de tomarle importancia como al principio.

Y ayer después de mucho tiempo Andreíta me volvió a sorprender. En la tarde había tenido una decepción cuando, por el Messenger, traté de ayudar a una persona muy querida, a levantarse del bajón anímico en que se encontraba. Estando en esas, obtuve un ¡Basta! que me hizo sentir como un reverendo imbécil… Creo que cuando a alguien –y más si es una mujer– la han tratado como a una basura la única manera de sacarla de esa situación, es hacerla sentir de la mejor manera posible. Y por allí iban mis intenciones, porque a veces una palabra bonita te puede cambiar el día. Pero no, esta vez parece que causaron el efecto contrario y en vez de halagar, molestaron. Yo esperaba un simple gracias, nada más, pero recibí un ¡Basta! Como si lo que yo hubiera estado diciendo, fueran insultos y no palabras bonitas. Cuando pedí una explicación, vino la estocada final: “Tanto halago me estresa”.

Entendí entre líneas que las palabras no son las que estresan, sino quien las pronuncia. Y como ella alguna vez me dijo: “De nada sirve ser buena gente” me di cuenta de que soy un imbécil al tratar de hacer sentir bien a alguien que no le interesa mis palabras bonitas, así hayan sido, simplemente, para hacerla sentir mejor, nada más. Bueno pues eso me cagó la tarde. Y cuando eso me sucede, me da por caminar o comer algo rico para recordarme de que hay cosas en la vida por disfrutar. Pero como no podía salir porque estaba en mi trabajo, decidí ir al kiosko a comprar algo para saborear. Fue allí que encontré a Andreíta.

Estaba jugando en el patio junto a otros niños, cosa rara ya que ella estudia en el turno mañana. En fin, la cosa es que, como siempre, la niña se me acercó y otra vez dio con las palabras precisas para sacarme de mi contrariedad: “Se te ve más bonito con lentes”, dijo. Yo había olvidado quitarme las gafas que uso para leer y creo que es la primera vez que Andreíta me veía con ellos. Pero, sus palabras me causaron tanta ternura, que la abracé fuerte diciéndole: “Muchas gracias, hijita, muchas gracias, de verdad”. Ella sin perder la sonrisa me decía: “Sí, en serio, se te ve muy bonito con lentes”. Y entendí que en el fondo la niña se había dado cuenta de que me sentía mal otra vez y que necesitaba unas palabras bonitas que me sacaran de ese mal momento, como las que la otra persona había rechazado minutos antes. Y no me quedaba más que agradecerle de la única forma en que un niño pudiera entender lo bien que me había hecho sentir. “Gracias por decirme cosas bonitas, Andreíta, ahora como premio te voy a invitar lo que quieras del kiosko”. Pidió un Arroz con leche y regresó con sus amigos.

La observé reunirse con su grupito, que curiosos le preguntaban por la golosina que yo le había comprado. Entonces me ensimismé pensando en lo bien que uno se siente cuando todo lo bueno que puedes dar, mínimo, es bien recibido. Y como que la mala onda me envolvió de nuevo, por el ¡Basta! de hacía pocos minutos. Hasta que uno de los amigos de Andreíta seguido por el resto de niños se acercó donde yo estaba y dijo: “¿Señor, verdad que usted invita algo si es que le dicen cosas bonitas?”. Al segundo de confusión por esa pregunta, entre inocente y tendenciosa, exploté en una carcajada que duró bastante rato. Y mientras reía a mandíbula batiente pude ver a Andreíta, que se había quedado atrás, mirarme de manera cómplice con su gran sonrisa, la misma de los momentos de alegría. Estaba como satisfecha de verme reír de esa manera, de verme alegre. También pude leer en su mirada y en su sonrisa, las palabras que siempre me decía : “No estés triste, sonríe”.

lunes, 10 de noviembre de 2008

ROCK SUBTE

Foto: Pogo en la jato hardcore de barranco. Sacado de http://chankabuques.blogspot.com/
Hace unos meses, unos alumnos de comunicaciones de la Universidad Federico Villareal me entrevistaron para un trabajo sobre el Rock Subterráneo. De casualidad descubro que el informe estaba en youtube, así que lo posteo. Un aporte más sobre esos años. Click para ver video

lunes, 3 de noviembre de 2008

PARA TI


El hueso más suave del osario

La voz desorejada que desafinaba el oído

Mariposa esquiva de hasta luegos y te quieros

Verso soñado en algun papel escondido

Sonrisa inquieta

Beso dormido

Te sigo soñando

Dentro del olvido

viernes, 31 de octubre de 2008

DICTADURA DE CONCIENCIA: Iósiv Stalin

- Nació en una familia pobre.
- Su infancia la vivió en un ambiente de miseria y analfabetismo.
- Su padre era alcohólico y se la desquitaba frecuentemente con su madre y con él a punta de golpes.
- Un amigo personal declararía que esas palizas hicieron del niño Iósiv tan frío y duro como el padre.
- Fue el único hijo sobreviviente. Sus tres hermanos habían fallecido antes de cumplir el año de edad.
- Su madre, Ekaterina, era una mujer bastante religiosa.
- Trabajaba como sirvienta y aportaba sus escasos ingresos para que su hijo ingrese, algún día, a un seminario y llegue a ser sacerdote, único camino para que salgan de la pobreza.
- Iósiv, obtuvo buenas calificaciones en la escuela religiosa donde estudió, lo cual contrastaba con su fama de matoncito.
- Era capaz de liarse a golpes con chicos mucho mayores y fuertes que él.
- El ambiente de la ciudad donde creció, era sumamente violento. Parte de la tradición de la ciudad eran las peleas diarias entre niños y jóvenes, en emulación a los bandoleros de las sagas de su país.
- Las marcas en su rostro que le dejó la viruela, le causaron un complejo de inferioridad que arrastraría toda su vida.
- Después de terminar la escuela ingresaría en el Seminario ortodoxo de la capital de su país.
- En el seminario demostró ser un fino poeta. Incluso sus versos fueron publicados en antologías, mucho antes del triunfo de la Revolución Rusa.
- Su instrucción basada en dogmas, marcarían su concepción cerrada de las cosas.
- Se declaraba aficionado a las flores y a la música.
- Le gustaba usar seudónimos. Antes de autodenominarse Stalin (De acero) se hacía llamar Koba, por un héroe nacional de su país natal.
- Desde joven demostró una personalidad fría, calculadora y fanática.

Si el joven Iósiv hubiera crecido en estos tiempos hoy sería un… ¡Barra brava!

jueves, 30 de octubre de 2008

DICTADURA DE CONCIENCIA: Adolfo Hitler

- Lo llamaban de niño con el diminutivo de Adi.
- Su padre era autoritario, le gustaba la bebida y las mujeres, y lo golpeaba frecuentemente.
- Su madre era sobreprotectora y murió tempranamente.
- Odiaba a su padre y amaba a su madre.
- Su padre quería que estudie lo que no le gustaba.
- Encontraba refugio en el cariño de su madre.
- En la escuela primaria demostró ser inteligente, pero retraído.
- En la secundaria era flojo y desaplicado. No culminó su instrucción media.
- Era solitario y tenía muy pocos amigos.
- Amaba a los perros de quienes decía son sus únicos amigos.
- Le gustaba dibujar y se interesaba por el arte, sobre todo la pintura y la arquitectura.
- Quería ser artista, pero fue rechazado de la escuela de bellas artes dos veces por carecer sus dibujos de talento.
- No bebía ni tenía vicios. Se convirtió en vegetariano.
- No frecuentaba compañías femeninas. Tuvo un amor de juventud, pero no fue correspondido.
- Culpaba de sus fracasos a factores externos.
- Se consideraba un asceta frente a los “placeres vulgares” de los hombres.
- Por muchos años osciló entre los trabajos eventuales y la mendicidad.

Con todas estas características, el joven Adolfo, sería hoy un… ¡Emo!

domingo, 26 de octubre de 2008

GENERACION DEL ASFALTO

Esquina del jirón Recuay con jirón Huaraz en Breña, escenario de Generación cochebomba. Foto: MRR.
En la última aparición del fanzine Poetas del Asfalto, han consignado una entrevista realizada por Richi Lakra a este humilde servidor. También un acercamiento a mi novela por Luis, el primo, Mujica y algunos post de este blog, así como la entrevista que me hiciera Gabriel Ruiz Ortega para Proyecto Patrimonio de Chile. Esta vez les dejo la entrevista, posteriormente postearé el combativo comentario del primo Mujica a mi novela.

INTERROGATORIO A MARTIN ROLDAN RUIZ
Por Ricardo Vega Jaime (Richi Lakra)

1.- Cuéntanos tus escarceos literarios

Yo desde muy niño leía de todo. Desde la enciclopedia Temática que había en mi casa hasta los cómics de Batman o el hombre Araña. Tanto leía que un día un amigo de la primaria me prestó o regaló no sé bien, una revista evangelista o cristiana sobre el Apocalipsis. Era el libro del Apocalipsis pero en cómic. Asumadre, la lectura de esa revista me traumó, creo que hasta ahora. No podía dormir por lo macabro de lo que mostraba, era el fin del mundo pero todo recreado con imágenes de miedo. Es la historia de terror más espantosa que he leído. Si el objetivo era asustarte tanto como para convertirte y salvar tu alma, creo que cumplían su cometido. Bueno al menos yo no me convertí ni creo que he salvado mi alma, tampoco me interesa. Ya más grandecito comprábamos con los de mi barrio esas revistas para jeropas llamadas La Cotorra Jodona, Cosquilla, etcétera. También las lubricantes revistas Zeta y la sanguinaria Testigo, para mí, precursora del Gore en el Perú. Entonces con esa base de leer de todo, comencé a aficionarme por los libros de ciertos temas que a mí me parecían interesantes. Recuerdo cuando a los nueve o diez años, para una navidad, mi viejo me preguntó qué deseaba de regalo. Cuando le dije un par de libros sobre Ovnis (Yo visite Ganímedes y Mi preparación para Ganímedes, de Yosif Ibrahim) me miró con cara de asombro. Fácil esperaba que le pidiera una pelota u otro juguete. Me los compró y me los leí al toque. Tanto era mi afición por leer que recogía hasta lo que dejaban tirado en las veredas. Una vez recogí un libro incompleto, no tenía el principio ni el final. Me atrapó desde que lo empecé y me dejó reflexionando sobre muchas cosas, yo tendría unos 11 años. Tiempo después me enteré que ese libro era la novela El Sexto de José María Arguedas. Y, así pues, me fui metiendo más en los libros de literatura y descubrí muchos autores, que hasta ahora forman parte de mis lecturas. Pero lo principal de esa afición de lector, fue el descubrimiento de saber que yo podía escribir como esos autores, de poder escribir mis propias historias.

2.- ¿El escritor nace o se hace?

Para mi el escritor se hace, salvo que seas un iluminado y nazcas con ese talento. En mi caso tuve que aprender, naaaaa aún siento que me falta mucho por aprender. Pero ¿cuántos talentos se han ido a la mierda en el Perú por falta de oportunidades? Porque la vaina no es solo tener un talento, sino también perseverar a pesar de lo difícil que es ser escritor en el país. Si realmente deseas ser escritor la cosa es escribir, pero tampoco creer que lo que uno escribe es ya lo último de la vanguardia postmoderna antistablishment. Porque a las finales puede resultar un mamarracho. En mi caso en mis inicios fui un autodidacta en materia de narrativa. He leído ensayos como los de Miguel Gutiérrez sobre Borges, Faulkner y Ribeyro. O el ensayo Narrativa hispanoamericana de Donald Shaw. Esos ensayos me abrieron un panorama de lo que es escribir tomando como referencia a los grandes autores. También investigaba cómo estructuraban sus cuentos o novelas Juan Rulfo o Vargas Llosa. Conversación en la catedral de Vargas Llosa la tengo toda subrayada Entonces cuando yo escribí Generación cochebomba, me dije que tenía que pulirla, y como tenía ideas vagas me metí a estudiar con los que saben, a los talleres de Cronwel Jara, el mismo Miguel Gutiérrez. Y con Gálvez Ronceros y Jorge Valenzuela en la universidad de San Marcos. Es en este taller donde me di cuenta que me faltaba mucho. Recuerdo que una vez criticando un cuento mío Gálvez Ronceros me sacó el ancho, un poco más y rompía mi cuento en pedacitos y lo tiraba a la basura, y yo que creía que ese era mi cuento más logrado. La vaina que a partir de lo que dijo de él pude mejorarlo. También llegué a la conclusión de que en narrativa si no eres un iluminado, aprendes a las buenas o aprendes a las malas, pero si no aprendes, pues toda la vida estará equivocado en cuanto a tu obra.

3.- Vargas Llosa, Bryce, Scorza, Ribeyro o Reinoso ¿Son para usted los patrones de la novela made in Perú?

Mmmm Personalmente dos novelas fueron muy importantes para escribir la mía. Conversación en la catedral de Vargas Llosa y Los geniecillos dominicales de Julio Ramón Ribeyro. De la primera rescato la ruptura del tiempo y el espacio dentro de la novela y su ambición de ser una novela total sobre el ochenio de Odría. De la segunda, esa atmósfera decadente de las zonas marginales y residenciales de Lima de los años cincuenta. Ambas, además, tienen ese tipo de personajes que siempre me han interesado: el outsider, el marginal, el desclasado. En cuanto a los otros autores, creo que son muy importantes, pero eso de ser patrones de la novela lo tiene que responder un estudioso de la narrativa peruana, y yo no creo estar en ese nivel.

4.- Existe, ahorita en el Perú, una terna de novelistas jóvenes ¿ké nos dice, ah?

Así es y muchos están hablando de un pequeño Boom de la narrativa peruana en estos años. Yo he oído hablar cosas interesantes de estos nuevos escritores, pero te soy sincero al decir que no he leído mucho. Salvo las dos novelas del escritor chimbotano Fernando Cueto: Lancha varada y Llora corazón, que me gustaron mucho. También está la novela de Rafael Inocente, La ciudad de los culpables y la de nuestro conocido Julio Durand, Incendiar la ciudad. Ambas desde una óptica bastante urbana y dentro de la llamada novela de la guerra interna que sufrió nuestro país. También hace poco he leído un libro de cuentos de ciencia ficción del escritor Carlos Saldívar, de muy buena calidad. De los demás escritores nuevos, no he tenido el gusto de leer nada, así que no puedo decir más.

5.- ¿Es Generación cochebomba la novela subte?

Lo mismo se preguntaba el diario Peru21 cuando hizo una reseña de mi libro. Yo creo que es una novela sobre los subtes, porque esa fue siempre mi intención escribir una novela sobre aquellos muchachos que participaban del movimiento subte y a partir de eso, presentar una visión sobre los años de crisis social y económica que nos tocó vivir a muchos. En esa línea está también Incendiar la ciudad, pero Julio toca los primeros años de los noventa, y la mía esta ambientada en la segunda mitad de los ochenta. Pero creo que ambas novelas se complementan para dar una visión de lo que fue el movimiento subterráneo a partir de la ficción literaria.

6.- Cuéntenos sus inicios dentro de la movida subterránea.

Fue en el colegio Guadalupe que un amigo me pasó la maketa de Narcosis. Al principio como que no le tomé mucha importancia, porque yo escuchaba grupos como AC/DC, Iron Maiden, Deep Purple, Led Zeppellin. Pero, cuando me pasaron el cassete Eskizofrenia del grupo español Eskorbuto, me di cuenta que era otra huevada, muy distinta. Y lo que ya me convenció totalmente fue ver el informe que salió en canal 9 sobre el concierto en la concha acústica del parque Salazar: El Rock Subterráneo Ataca Lima. Era 1985 y me di cuenta que ese era el movimiento que buscaba, como adolescente con ganas de expresarme. El lugar del que habla la canción de Leucemia, –Solo sé que será un buen lugar – donde poder encontrar muchas cosas. Posteriormente asistí a los conciertos, a los del Hueko de Santa Beatriz, donde más paraba y también a los de la Jato Hardcore de Barranco. Para mí no había distinción. No me comía esa bronca entre pitupunks y misiopunks o viceversa. Luego con Saúl Omiso hicimos una banda llamada Confrontación de Ruptura que luego se separaría en dos bandas Dictadura de Conciencia y Nada Tuyo. Yo pertenecía a la primera que era una banda Hardcore. Pudimos grabar un cassete compartido con PTK. Cuando acaba Dictadura de Conciencia, un par de miembros funda lo que ahora es la banda dios hastio. Siempre estuve metido de alguna u otra forma con la mancha, en cuanto concierto podía haber, como los de la peña Huascarán o en putamadre. También en las fiestas oscuronas en la No Helden o en Santa Sabina en Pueblo Libre. O lateando por todos lados, con el Omiso, Kilowatt, el gordo maya, el cachinero, Memo eskoria, Miguelón, Chobi, el doctor Fósforo, Aníbal malhecho, José Bacteria, Carlos D, Toño niño rata, Fredy Nada, Toto autonomía, Rafo deformal, condorillo, el poggi, el hombre Topo, el chibolo julio o con Nico y el pelao Kike de Eutanasia, los PTK y tantos otros, incluso tú, Richi Lakra.

7.- ¿Y cómo así se hizo músico?

¿Músico? ¡No seas pendejo! Para hacer Hardcore se necesitaba sólo las ganas de decir algo y mucho punche. Con lo básico podías formar tu banda y si eras honesto en tu propuesta y le buscabas algo de originalidad en el sonido, por muy misio que sean tus conocimientos musicales, podías hacer algo interesante. Y eso fue lo que hicimos con Dictadura de Conciencia. Mucha gente me pregunta por esa banda y algunos han llegado a escuchar algo y me dicen que les gusta. Y eso me parece de la putamadre. Incluso por allí me dijeron para hacer una nueva grabación con los temas antiguos y hacer un concierto de Hola y Chao. Regreso y despedida. Pero no sé aún, cómo se desenvuelva esa figura.

8.- ¿Qué opinión del libro “En los sumergidos pasos…” de Daniel F.

Lo he leído y me parece una visón importante de la formación en nuestro país del movimiento rockero en general y del movimiento subterráneo en particular, porque Daniel F fue testigo de muchas cosas, de la época antediluviana de la movida cuando muchos como yo, todavía estábamos en la primaria viendo Titeretambo. En ese libro se consigna programas de radio, discjockeys de la época que recuerdo haber escuchado pero nunca conocido, como el tío Guillermo Llerena Godoy, entre otros. A veces cuando conversábamos con el Pocho del fanzine Fuerza punk en la casa de Daniel F, muchas de las historias que ahora aparecen en ese libro, las alucinábamos que habían sucedido cuando éramos chibolazos. Entonces el Pocho lo jodía al F: “Es que tú Daniel eres Matusalem” jajajaja. Aparte creo que el F es una voz autorizada y si alguno está de acuerdo o no con eso, pues cada uno con su rollo.

9.- ¿Cómo se llega a los “25 años sobre un sueño” de Leuzemia, con tantos auspiciadores, los medios a su disposición y toda esa alharaca nunca soñada? ¿Ké nos dice hombre?

Los que te llevan a eso es el público que te sigue. Ni Daniel ni nadie, creo yo, ha maquinado o soñado alguna vez tener todo ese apoyo. Porque no creo, que esos auspiciadores metan billete por que les gustó el perfil griego del F, la sedosa cabellera de Montaña, los cachetes de Leo o el floro del Kimba. Se dieron cuenta que la música de Leuzemia llegaba a mucha gente y que esta gente se identificaba con ella. Por lo tanto es buena música y lo que es más… jala gente. Negocio redondo para auspiciar, por eso auspician ese concierto. Digo esto porque si te das cuenta las canciones que más pegan entre la gente de ahora son los temas antiguos de la primera época de Leuzemia y las cúrsiles del F. Las mismas canciones de hace años. Es por esas canciones que ahora Leuzemia es lo que es. Pero en esos años no había un público masivo como para que haya auspiciadores, ¿Te das cuenta, por donde va la cosa? Sino desde un principio hubiera habido publicidad y medios a nuestra disposición, pero tuvieron que darse cuenta que había gente seguidora y ahora llegan solos. Yo sigo considerando que Leuzemia es una buena banda en relación a su trabajo y que esto lo llevó a tener empatía con un público nuevo sin ningún tipo de prejuicios y por eso tiene esa pegada. Lo cual no es ser comercial, porque si fuera así estaríamos hablando de que el primer Lp del 86 sería un disco comercial o que los innumerables maquetas de Daniel F a partir de las cúrsiles serían también comerciales. Daniel hizo la música que le gustaba hacer sin ningún tipo de condicionamientos e hizo clik con el público, sencillamente. Además a quién no le gustaría recibir un buen billete por tu trabajo y más si ese trabajo es lo que más te gusta hacer. Yo estaría feliz si viene la Backus o una editorial grande y me dice: Oe causita tu libro nos ha gustado y te vamos a pagar los derechos de autor para poder regalarlo o venderlo a precio huevo a los colegios de Lima o a las universidades, no sé. Pero como en el Perú, en cuestión de leer libros estamos peor que escuchar rock, no me hago ilusiones, así que sigo buscándomelas día a día.

10.- ¿Cómo se unen el periodista, el músico y el novelista?

Aunque músico nunca me consideré, fue parte importante en mi formación como persona y ser humano. Igual con mi profesión de periodista y ahora mi oficio de escritor, por tal motivo pueden unirse en una sola cosa que aprendí con los subtes: Expresarme, alzar una voz, decir lo que tenga que decir, de la manera más honesta con uno mismo y con los demás.
Si desean adquirir el fanzine Poetas del Asfalto, pueden contactarse a: richi_lakra_@hotmail.com

miércoles, 22 de octubre de 2008

COMO ESTUDIANTE EN EL DIA DE LA PRIMAVERA

(Escuela de periodismo Jaime Bausate y Mesa 1993)

Después de muchos años regresé a la Escuela de periodismo Jaime Bausate y Mesa, invitado por unos alumnos del V ciclo, para una entrevista sobre mi libro. Y soy sincero que no pude reprimir la nostalgia.

Esperando unos minutos en la esquina, pude recordar las horas de hueveo que nos dábamos en ese mismo lugar junto a Iván Slocovich, Rafo Oré y Rafaelito Vallejo y Morón, los Galifardos como así nos llamaba Iván. Hueveros al mango, no entrábamos a algunos cursos que no tenían nada especial que ofrecer y que no pudiéramos aprender rápidamente a pocos días de los parciales o finales.

En esos minutos pude volver a escuchar las llamadas para entrar a clases que nos hacían Claudia Flores, Rocío Moreno o Gaby Luna, quienes siempre se preocupaban de sus amiguitos para que estuvieran al día y no las molestemos después, pidiéndoles cuadernos y separatas.

Vi por allí a Ronic Torres, haciéndola de gay. La hacía tan pero tan bien, que a veces dudábamos de su condición masculina. Pero no. Hoy es junto a Gaby Luna, padre de una hermosa niña. Por allí escuché a Carlos Cabrejos, el popular cabrejeros junto a su inseparable Kike Peralta, uña y mugre para todos lados, rajando de algún profesor que los había jalado en alguna práctica. O también escuché, aunque no hablaba mucho, a Franco Boggiano, con su larga y metalera cabellera rubia, envidia de las oxigenadas de la escuela. Hoy Franco esta casado con Gisela Vargas y tienen una hija ya grande.

Y aunque en la esquina no estaba el Chino, el eterno señor que vendía golosinas en su carreta, sí estaba su hermano en la otra esquina. Me acerqué a comprar unos cigarros, y aunque lo pensé no le pregunté por temor a que me dieran la mala noticia de que había muerto. Felizmente los muchachos que me invitaron me sacaron de dudas. Pero igual pude recordar cuando en su eterna libación el Chino llegaba más mamado que teta de vieja, y todos aprovechaban para levantarle una gaseosa, una galleta o un chicle. O por un par de Hamiltons te llevabas de yapa dos Cua Cuas. Sobre todo Carlitos Puertas, que era su cliente estrella.

Tantos pasaron en ese instante como si toda una vida de estudios, juergas, risas y amores fueran igual a esas mañanas de verano que no deseamos que se acaben, pero se acaban. El gordo Guillermo Pérez, Solapa Bernaola, Erick Castillo, Franco Ortiz y Remo di Natale, metiendo chongo a cada momento, sobre todo el gordo con su fijación por el sexo oral, sexo oral, sexo oral que repetía como una letanía. Años después Guillermo asegura no recordar nada de eso… ¡ya pues!

La loca Giovanna Portilla, riéndose de todos y de todas, junto a Roxana Silva, Melissa Ochoa y Jessica Ramírez. O la presencia apacible de Edgard Dávila, Javier Ampuero, Hernan Carranza, Netter Pinedo y Gaby Rivera. O el andar apurado de llegar para estudiar o de retirarse para seguir estudiando de Esther Kooyip, Mirtha Vergaray (la Pochita) e Isabel Saco. Todos allí, entre risas de nada como los de la tía Victoria Morante, junto a Carlitos Cano, más conocido como ¡¡¡zacarazaaaaa!!! O la presencia sutil, pero presencia al fin, de Karina Neyra, Techi Llerena, Katty Aguilar, Fanny Rosales e Isabel Idrugo.

Todos ellos fueron años de libros, trabajos, exámenes, fiestas, juergas, amor y amistad, mucha amistad, y quedan en la retina como imágenes de esos años tan maravillosos, años de vivir como estudiantes en el día de la primavera.

¿Y la escuela como está? Como en la vida, las fachadas siguen siendo las mismas, pero por dentro muchas cosas cambian, y la escuela había cambiado por dentro. La casa del lado, donde a veces un bebe impertinente nos interrumpía alguna clase con su llanto, ahora es un patio donde los alumnos pueden sentarse a preparar su clase, fumarse un cigarillo o hacer lo que los Galifardos hacíamos en la esquina, simplemente estar en plan hueving.

Allí fui entrevistado por Carlos Vera, quien tiene un tremendo parecido con el poeta y también bausatino Eduardo Pucho. Y así entre las preguntas y respuestas y los flashes de Pamela, la fotógrafa, me venían rápidos flashbacks, donde una y otra vez me veía exponiendo o interviniendo en esas clases a las cuales no podíamos faltar por obligación o por el simple gusto de aprender.

Las clases de Jorge Ramos de la Flor, de quien aprendimos mucho con su severo método para enseñarnos a escribir periodísticamente, sobre todo las alumnas. O los cursos del ya finado Moisés Arroyo Guanira, una enciclopedia para todo tema (Supongo que por los años y por la edad que tenía ya estará finado, de lo contrario el tío es lo que especulábamos en esos días, un ser inmortal). O las clases de cine del profesor Parodi, o las de radio del maestro Max Obregón Mickelsen… Las clases de Lengua de Raquel Bejar y Galo Martínez… la de crónica periodística de Manuel Jesús Orbegozo.

Pero ninguno como el curso de Sociología peruana I y II que para mi fue el más interesante de toda la carrera. Porque fue el único donde saqué nota de 20 en los parciales y finales y en donde nunca falté y en donde siempre intervine, simplemente porque estaba secretamente enamorado de la profesora y estoy seguro que ella también de mi. Porque con los años he podido descubrir en la mirada de una mujer, si existe atracción. Y esa mirada era la misma que la profesora tenía cada vez que me atendía por cualquier cosa que yo le iba a preguntar. O cuando ella misma lanzaba una pregunta en plena clase y me quedaba mirando, esperando la respuesta. Respuesta que ya tenía preparada de antemano porque ese curso lo trabajaba con el sílabo, sólo para impresionarla. Por eso, cuando dejó de enseñarnos, me quedaba el consuelo de verla pasar hacia otras aulas, hasta que no la volví a ver más, había dejado de trabajar allí.

Y así entre anécdotas de la escuela y acercamientos a mi novela, sentí que había vuelto a los años de estudiante. Y al despedirme pude dar una ojeada a lo que fue mi último salón. Lástima, no encontré miradas de antaño, encontré las miradas de muchachos y muchachas que nos habían relevado en esas carpetas, y que me escudriñaban con curiosidad. Ellos son ahora, los llamados a darle vida a esas aulas, esa vida que nosotros ya habíamos vivido.

miércoles, 15 de octubre de 2008

LOS GUERREROS AMOS DE LA NOCHE


Hace unos meses fui Invitado por Richi Lakra para hablar en El Averno sobre esta pelicula. Por problemas técnicos, no se pudo dar lectura a mi comentario. Así que para que no se pierda por allí, lo brindo a ustedes, espero sea de su agrado.

Una noche de la primera mitad de los ochenta, vi esta película junto a la mancha de mi barrio ¿Qué año habrá sido? ¿85, 86? No recuerdo bien. Fue en el cine Paty del jirón Varela en Breña. –Muchos años antes se había llamado Danubio y pocos años después se convertiría en un cine porno–. Dentro de la sala se habían concentrado las manchas de los diferentes barrios de esa Breña ochentera: Los de Yavarí, los del ovalo, los de Jorge Chavez, los de la Barriada, y nosotros los de la cuadra cuatro de Huaraz, entre otros. Al final de la proyección, salimos del cine mirándonos de refilón. Cualquier provocación pudo desencadenar en una gresca. Felizmente no pasó nada.

Pero, a pesar de que mi barrio estaba a pocas cuadras, la sensación de avanzar por territorio hostil, como los protagonistas de la película, nos hacía avanzar con cuidado en cada esquina, y pasar con desconfianza ante alguna collera esquinera.

Estrenada en 1979 y dirigida por Walter Hill, The Warriors –En castellano se tituló Los guerreros amos de la noche– está basada en la novela del mismo nombre de Sol Yurik, la que a su vez se basa en un hecho de la antigüedad, la llamada Retirada de los diez mil. Escrita por Jenofonte, esta historia del año 401 ac, narra la retirada a través de territorio enemigo, de los mercenarios griegos, entre ellos el mismo Jenofonte, tras la debacle del ejército que Ciro el joven, había reunido contra su hermano, el rey de Persia Astajerjes II.

A partir de este hecho, la novela y luego el guión cinematográfico, nos presenta a un grupo de pandilleros de Coney Island denominados The Warriors.

Convocados por Cirus el jefe de los Riff, la pandilla más fuerte de Nueva York, acuden hasta el Bronx, en medio de una tregua, junto a todas las pandillas de dicha ciudad. El objetivo es unir a todos en una gran organización para controlar las calles. Pero, Cirus es asesinado en medio de la arenga.

Fox, uno de los warrior, vio al asesino; pero, éste, anticipándose a todos, los culpa de ser los responsables. Viéndose perdidos escapan y buscan llegar hasta su territorio en Coney Island. Para llegar tienen que atravesar toda la ciudad hasta el otro extremo de Nueva York. Pero, los Riff informan a través de una Dj de radio que la tregua se ha acabado y que la cabeza de los Warriors tiene precio.

Al igual que Jenofonte y los diez mil de la epopeya griega, Los guerreros tienen que atravesar por un territorio plagado de enemigos que están dispuestos a darles caza.

La lectura que se puede hacer de esta novela nos remite a un acontecimiento que estaba afectando a la sociedad norteamericana de eso años y a gran parte de la juventud de dicho país: La guerra de Vietnam. El escenario vivido por los soldados que regresaban del frente era el mismo que muestra la película. El ansia de supervivencia en medio de una selva plagada de enemigos dispuestos a cazarte como a una fiera feroz. Un lugar donde tenías que aguzar tu instinto animal para sobrevivir. La selva salvaje se había trasladado a la selva de cemento. La jungla vietnamita se había trasladado a las calles de Nueva York.

La visión futurista de The Warriors la encontramos en la fuerza que las pandillas callejeras podían llegar a alcanzar con los años. En todas las grandes ciudades de Norteamérica y Sudamérica, ya es un problema que linda la seguridad nacional. Cirus, en la película formula a los pandilleros lo siguiente: ¿Por qué pelearnos por un pedazo de territorio, si podemos controlar la ciudad? De esta lógica aprendieron bien, las ahora denominadas Mara salvatrucha o la Mara18. Pandillas cuya organización ha trascendido las fronteras de su origen californiano y ha llegado a los países de donde son originarios sus miembros: El salvador, México, Honduras, Guatemala.

Sin ir más allá, en el Perú, es sabido que las pandillas controlan territorios donde no se puede caminar libremente y en donde los transportistas tienen que pagar cupos para poder cruzar sus calles. Y los hechos de violencia donde participan, van en aumento cada año, con muertes cada vez más crueles e inimaginables.

Bien dicen que la realidad supera muchas veces a la ficción. (Ver trailer de la película)

viernes, 10 de octubre de 2008

ATRAPAN A PRESUNTOS ASESINOS DE COCO CIELO


Nico eutanasia que ahora reside en España recibió hoy una llamada de Mario telegram (ex pareja de Cocó cielo y ex miembro de Silvania) donde le avisa que dos presuntos asesinos de Cocó fueron atrapados en Barcelona tratando de vender algunas pertenencias que se llevaron del apartamento. Mario no dio más detalles, pero al parecer los presuntos responsables eran conocidos de Cocó, porque pudieron entrar a su casa sin ningún problema.

Subo este post a pedido del mismo Nico. Esperamos más noticias y que los responsables sean sancionados pronto.

martes, 7 de octubre de 2008

EL SUBTE Y LA GRUNGE


Para un subte ochentero, la autenticidad implicaba, principalmente, la música y ser tú mismo. Al menos para mí, fue así. Para otros sería la ropa, la forma de hablar, el peinado... Musicalmente parecía ser muy fácil, que sólo era escuchar algo distinto y listo. Pero No. La cosa Iba más allá, si no te podían considerar un posero. En ese aspecto, llegar a ser autentico, implicaba una militancia, pero también, aceptar los sacrificios y carencias que nuestro peculiar gusto implicaba. Una de esas carencias era el amor.

Encontrar una chica que compartiera tus gustos musicales, era casi imposible. La mayoría escuchaba Río, Chachi Lujan, Pandora o las Flans. Uno podía hacerse el loco, en ese sentido, porque para el amor nada es determinante y lo que más anhelábamos era tener una chica, escuchara lo que escuchara. Pero ellas eran poco tolerantes cuando decías que Eskorbuto era el grupo que te había cambiado la vida. O que ibas a los conciertos de Eutanasia. Obviamente te consideraban un marciano o un terruco.

Todos buscábamos a la chica subte capaz de entrar al pogo, o de ir a pintarrajear Lima con: Somos el futuro, somos el progreso, somos tu futuro de carne y hueso. Pero, eran poquísimas las que iban a conciertos o que escuchaban esa música, que ya solamente buscábamos a esa que pudiera entendernos sin reproches ni desconfianzas.

Incluso las Darkis, Zopilotonas, Niuweys o poseras, consideraban a los subtes como unos carcosos, lisurientos y antitodo. Lo cual no escapaba mucho de la realidad. Muchos, como yo, alzábamos eso como una bandera de autenticidad.

En mi caso, el haber sido seguidor del Hardcore punk, implicaba conocer y despedirme de las pocas chicas que en un principio me consideraban interesante. Aparte, claro está, que mi rancio olor a sobaco o mis chancabuques sin lustrar, brindaban su aporte. No obstante, una que otra compartió conmigo momentos que ahora son recuerdos. Y no precisamente por la música.

Con el tiempo llegué a la conclusión, de que una jipilona metida en esa onda de paz y amor, podría ser el equilibrio para mi paranoia subte. Lástima que, para esos años, las jipilonas estaban casi tías. Aparte estaban de poetas, marihuaneras o de militantes de la Izquierda Unida, lo cual no le quitaban atractivo. Pero, seguro, tenían otros intereses que conocer a un subte pelo parado.

Así fui claudicando, porque nunca encontré a una que le gustara La Polla, Kortatu, Eskorbuto, Discharge, GBH. La verdad, ya no tomaba en cuenta eso al momento de conocer una chica. Pero, por experiencia, evitaba hablar de mis gustos musicales en un principio. Si la flaca me interesaba bastante, hasta podía mentir que me gustaba Magneto.

Así pasaron unas relaciones en donde el Hardcore punk, no tenía cabida entre las caricias y los besos. Ni siquiera en un lento caminar de manos entrelazadas. Con el tiempo ya eran otras las motivaciones y los motivos por el cual se daban los acercamientos con mujeres. Hasta que conocí a una persona especial.

Me la presentaron como miembro de una banda femenina que nunca hizo una canción, que nunca había tocado y que nunca pasó de dos integrantes: Las Bastardas. Lo primero que pregunté fue si cantaba o tocaba la guitarra. Me dijo que no, que no hacía ninguna de las dos cosas. Justo cuando la charla estaba por volverse un hielo, la música salvó la conversación. Ya para ese tiempo había dejado mi recalcitrante cerco Hardcore punk y había descubierto otras bandas y estilos que hicieron interesante el diálogo. Aparte, ella era tan linda y transparente como una lágrima de flor.

Inesperadamente nació una relación basada en la música. Esa primera vez, conversamos de Velvet Underground. A ella le gustaba con Nico, a mi no. Pero, para ambos, Venus in furs, y Pale blue eyes, eran las mejores. El problema vino cuando confesó ser fanática del Grunge y el Rock Alternativo de los noventa.

Para mí, los noventa, no fueron de mi interés. No porque considerara mala la música, sino porque yo había crecido con una amplia gama de grupos que hacían no interesarme en bandas como Pearl Jam. Coincidentemente la preferida de ella, tanto que había viajado a Argentina para verlos en concierto.

Nos diferenciaban diez años de edad y el estilo de cada década. A veces discutíamos, en buena onda, sobre el aporte musical del Punk, el Dark y el New Wave de los ochenta y del Grunge o alternativo de los noventa. Como si fuéramos rivales, como si uno fuera de la U y otro de Alianza, nos apasionábamos en defender la música de nuestro tiempo. A veces ella ganaba, a veces ella perdía. Yo podía notar su rabia por perder. Entonces un beso sellaba la reconciliación entre el viejo subte y la grunchera alternativoide.

Con ella bebí de otras músicas, de otros estilos. Como la canción de Joaquín Sabina que escuchábamos cuando paseábamos por el parque Castilla de Lince: Y aunque sé que no era la más guapa del mundo, juro que era más guapa, más guapa que cualquiera. O cuando toda una noche The Doors marcó el ritmo de nuestros besos y caricias. O cuando Please, please, please… Let me get what I want de The Smiths se convirtió en la única canción que pudimos bailar, en un viaje que bautizamos como nuestra luna de miel. Otras tantas como Me and Bobby Mc Gee de Janis Joplin o esa de Calamaro que marcó nuestra despedida: Este viaje es mejor hacerlo solo, yo te voy a recordar todos los días…

Porque así como no lo esperaba, tampoco esperaba que terminara esa bonita relación, pero terminó. La vida nos alejó y cada uno tomó su rumbo. Con ella aprendí a sentir y a valorar muchas cosas. Y aunque nunca se lo dije, también aprendí a valorar la música que me enseñó a escuchar, la de su década. Y, cada vez que suenan, regresa su sonrisa y aquellos momentos. Tanto así que Pearl Jam terminó por gustarme; y, Black, su canción favorita, terminó siendo también la mía. Será, quizás, por la última estrofa que alguna vez la escuché cantar con tristeza: I know someday you'll have a beautiful life... I know you'll be a sun in somebody else's sky, but why... Why, why can't it be, why can't it be mine.
Publicado en el número 04 de la revista Audiofobia (octubre 2008)